Cancer
  Tipos de Cancer
 

CÉLULAS NORMALES
Y CÉLULAS CANCEROSAS


La célula es el elemento más simple, dotado de vida propia, que forma los tejidos organizados. Está compuesta por una masa rodeada de protoplasma que contiene un núcleo.

Una pared celular rodea la célula y la separa de su ambiente. Dentro del núcleo está el ADN, que contiene la información que programa la vida celular.
El hombre está compuesto de millones de células.

La célula se divide y al hacerlo sus estructuras se dividen también en otras exactamente iguales a las anteriores, con los mismos componentes y funciones que la originaria.

Las células normales crecen a un ritmo limitado y permanecen dentro de sus zonas correspondientes. Las células musculares se forman y crecen en los músculos y no en los huesos; las de los riñones no crecen en los pulmones, etc.

Estas funciones y este ritmo de crecimiento viene determinado por el ADN. Algunas células tienen menos tiempo de vida que otras, como por ejemplo las células del intestino que tienen un período de vida de dos semanas, mientras que los hematíes viven durante unos tres meses.

Otras células van a vivir el tiempo que viva la persona y sólo se dividen para sustituirse a sí mismas, éste sería el caso de las células óseas que actúan cuando hay que reparar una fractura.

La vida de cada grupo de células es distinta y funcionará según se lo dicte su ADN que es distinto para cada tipo de célula. Cada célula está bien diferenciada.

La sangre aporta el oxígeno y los nutrientes necesarios para la vida celular y recoge los productos de deshecho producidos por las células y los transporta a los órganos de filtrado y limpieza (riñones, hígado, pulmones).
La linfa es un líquido incoloro que se compone, en su gran mayoría, por linfocitos, un tipo de glóbulos blancos, y que recorre todo el organismo a través de vasos linfáticos.

El sistema inmunológico se encarga de la defensa del cuerpo a través de los leucocitos que buscan y destruyen a las bacterias y virus.

Los leucocitos viajan por la sangre y por la linfa y se acumulan en aquellos lugares donde hay infección para rodear y matar a las bacterias o virus y, más tarde, emigran por medio de los vasos linfáticos a los ganglios linfáticos.

Los ganglios linfáticos son como racimos de uvas situados en distintas partes del organismo.

Cada ganglio recibe los linfocitos y es en ellos donde se filtran y destruyen las bacterias, los desechos y los propios linfocitos desgastados.

Cuando se produce alguna infección, los ganglios linfáticos se pueden inflamar. Si la infección se produce en un diente, se inflamarán los del cuello. Si la infección es en una mano, estarán aumentados los de la axila correspondiente. Los ganglios también pueden estar inflamados cuando hay un tumor.

La célula normal pasa a convertirse en una célula cancerosa debido a un cambio o mutación en el ADN. A veces esas células, cuya carga genética ha cambiado, mueren o son eliminadas en los ganglios linfáticos. Pero, otras veces, siguen con vida y se reproducen.

Las células cancerosas tienen un aspecto diferente, bien porque su forma ha cambiado o porque contengan núcleos más grandes o más pequeños.

Estas células son incapaces de realizar las funciones que corresponden a las células pertenecientes a ese tejido.

Generalmente se multiplican muy rápidamente, porque les falta un mecanismo de control del crecimiento.

Con frecuencia, son inmaduras debido a que se multiplican de una forma muy rápida y no tienen tiempo suficiente para crecer plenamente antes de dividirse.
Al formarse un gran número de células cancerosas, se amontonan, presionan o bloquean a otros órganos y les impiden realizar su trabajo.

Como no se limitan al espacio originario donde se forman, y se extienden a otras zonas, se dicen que son invasivas.

Tienden a emigrar a otros lugares, a través de la sangre o de la linfa. Las células que se encargan de la defensa del organismo suelen destruirlas, así separadas, pero si sobreviven pueden producir un nuevo crecimiento en un lugar diferente, metástasis, y dañar a otros órganos.

TRATAMIENTOS CONTRA EL CÁNCER: CIRUGÍA, RADIOTERAPIA, QUIMIOTERAPIA Y TRANSPLANTE DE MÉDULA


La cirugía es el método más empleado para aquellos tumores pequeños y localizados en un lugar concreto. Para que sea completamente eficaz se precisa extirpar parte del tejido que rodea el tumor para asegurar así que todas las células cancerosas han sido extirpadas.

Si el cáncer se ha extendido a otras zonas, a través de la sangre o de la linfa, habrá que realizar otros tratamientos, bien sean añadidos a la cirugía o únicos y distintos a ella.

La radioterapia utiliza partículas de alta energía capaces de penetrar al cuerpo. A través de una máquina, llamada acelerador lineal, se genera y dirigen esas partículas hacia el lugar concreto donde se tengan que aplicar. Las demás zonas del cuerpo se protegen para no recibir la radiación.

La radioterapia utiliza partículas similares a los rayos X, que se utilizan para hacer una radiografía normal, lo que ocurre es que en éstas últimas, la cantidad suministrada es muy pequeña.

Las células cancerosas son especialmente sensibles a la radiación.
El patólogo es quien decide la zona exacta donde suministrar los rayos. La zona exacta del tumor se habrá localizado a través de pruebas diagnósticas como radiografías, biopsias, etc.

La radioterapia puede utilizarse como tratamiento único en aquellos casos en que los tumores sean especialmente sensibles a la radiación y no haya señales de que se haya extendido hacia ningún otro lugar.

Puede emplearse como tratamiento supletorio a la cirugía, para aplicarlo previamente a ésta, y disminuir así el tamaño del tumor y que sea más fácil su extirpación.

El tratamiento conjunto de radioterapia y quimioterapia se utiliza también con frecuencia. A veces, el empleo de quimioterapia antes de la radioterapia hace a las células cancerosas más sensibles a la radiación. Otras se emplea la radioterapia después de la quimioterapia para asegurar la eliminación de todas las células cancerosas.

El paciente tendrá que ir, de forma ambulatoria, a la clínica u hospital donde le administren la radioterapia. La duración de cada sesión son unos veinte minutos. El enfermo estará solo en una sala aislada para que las radiaciones no se propaguen. Las zonas donde se tiene que aplicar la radioterapia estarán marcadas y las demás se protegerán de la radiación. Después de la sesión, el paciente podrá marcharse a su casa.La quimioterapia consiste en el empleo de medicinas para tratar el cáncer. Son medicamentos cuya función es eliminar, dañar o retrasar el crecimiento de las células cancerosas.

El principal problema que produce este tratamiento viene derivado de que las células cancerosas no son agentes o cuerpos extraños al organismo sino que son parecidas a las células que las rodean. Esto hace que los fármacos, que actúan sobre todo contra las células del cáncer, tengan también efectos sobre las células normales.

* GRÁFICO INTERACTIVO: Radioactividad contra el cáncer


La quimioterapia actúa sobre las células que se dividen con gran rapidez, que es lo que suelen hacer las cancerosas. Pero también existen otras células, que no son cancerosas y que también se dividen de forma rápida.
Algunos medicamentos quimioterápicos actúan interrumpiendo la fase donde la célula cancerosa se divide y esto hace que el tiempo de crecimiento sea mayor y que la célula muera.

Otros medicamentos intervienen en todas las fases de la célula. Como las células cancerosas son más frágiles que las normales, resultan más afectadas que las normales, por lo que la acción de los medicamentos recae sobre todo en ellas.

Otros fármacos cambian las condiciones externas del organismo para que les sean desfavorables a esas células. Éste sería el caso de las hormonas que pueden bloquear la acción de determinadas sustancias y con ello no favorecer el crecimiento de las células malignas.

En los últimos años, se están empleando combinaciones de quimioterápicos porque se ha comprobado que su acción conjunta es más eficaz para destruir el cáncer.

Se suelen combinar medicamentos anticancerígenos con modos de acción distintos y capacidad para producir efectos diferentes.

Hay tratamientos que contienen un medicamento que interviene en una fase de la célula, otro que interviene en otra fase y una hormona que cambia las condiciones externas a las células.

Estas combinaciones pretenden ser más eficaces sobre las células cancerosas y menos dañinas para las células normales.

Los medicamentos quimioterápicos pueden administrarse de diferentes formas: a través de un comprimido por vía oral; mediante un suero o inyección intravenosa; por inyección intramuscular o mediante una inyección a través de una punción en la médula ósea.

Efectos secundarios de la quimioterapia

Cualquier medicamento puede producir efectos secundarios no deseables debido a su acción sobre el organismo.

Los medicamentos quimioterápicos al actuar sobre células que se dividen con frecuencia, las células cancerosas lo hacen, también pueden actuar sobre aquellas células normales que también se dividen con frecuencia. Estas células son por ejemplo, las células de la médula ósea (donde se fabrican las células sanguíneas) y las membranas mucosas del conducto gastrointestinal. Los folículos pilosos también se dividen con frecuencia y son sensibles a algunos medicamentos de quimioterapia.

Por este motivo, algunos de estos fármacos producen náuseas, vómitos, diarrea, llagas en la boca. Otros dan lugar a una pérdida temporal del cabello. La médula queda temporalmente perjudicada en su función de producir células sanguíneas. Por esto es más fácil que se produzcan infecciones, pues el número de leucocitos es inferior, o que se produzca cansancio o anemia, ya que el número de hematíes también puede disminuir.

Al ser medicamentos muy fuertes, los efectos secundarios también lo son. Debido a sus efectos secundarios, la quimioterapia se administra en forma de ciclos, durante un período de tiempo se administran los medicamentos y seguidamente se deja un período de descanso.

Este período de descanso se utiliza para que se produzca una recuperación hematológica ya que, como hemos dicho antes, estos medicamentos producen efectos sobre las células cancerosas y sobre otras, que no lo son.

Los efectos secundarios dependerán del tipo de medicamento que se administre, de la duración del tratamiento y del estado general del paciente.

Estos efectos son limitados y temporales.

Existen medicamentos que atenúan los efectos secundarios de la quimioterapia, como podrían ser los antieméticos que disminuyen o hacen desaparecer la sensación de náuseas.

Junto a la quimioterapia, se administran esos medicamentos para disminuir o anular, en la medida de lo posible, muchos de estos efectos secundarios.

* GRÁFICO INTERACTIVO: Cómo funciona la quimioterapia


El trasplante de médula ósea se realiza cuando se ha producido un daño en la médula ósea que le impida realizar las funciones que, antes de la quimioterapia, estaba realizando. Estas funciones consisten en la formación de las células sanguíneas, papel fundamental para la vida humana.

La quimioterapia se administra para destruir las células cancerosas pero, al mismo tiempo, puede dañar la médula ósea y otros órganos. Por esto generalmente no se suelen utilizar dosis muy elevadas.

Cuando el cáncer no desaparece con una dosis moderada de quimioterapia y se requiere, para la curación, administrar otra mucho mayor, junto con el empleo en ocasiones de radioterapia, será necesario realizar un trasplante de médula ósea porque ésta va a ser destruida por la quimioterapia.

A la administración de quimioterapia previa al trasplante, se le denomina acondicionamiento.

Con este trasplante se administra células madre que son productoras de las células que forman la sangre.

Las células madre se pueden conseguir directamente de la médula ósea o de la sangre periférica.

Si se extraen de la médula, habrá que realizar múltiples aspiraciones en los huesos de la cadera (crestas iliacas) bajo anestesia general.

En la médula ósea existe una célula madre por cada 2.000 células, para conseguir un número suficiente de células madre hay que extraer casi un litro de médula, por este motivo hay que realizar múltiples pinchazos y el paciente tiene que estar anestesiado.

Otro método consiste en emplear citoquinas, que son una especie de "hormonas de la médula ósea" que hacen salir las células madre a la sangre periférica y son recogidas con unos separadores celulares mediante un procedimiento denominado aféresis o leucoféresis, a través de una máquina similar a la de diálisis.

Una vez extraídas, se colocan en una bolsa de transfusión para administrarlas por vía intravenosa al paciente compatible o bien se congela a -200º C, en el caso de trasplante autólogo.

Cuando la médula se introduce en el interior del torrente sanguíneo a través de un catéter central, estas células madre se dirigen hacia las cavidades de los huesos donde implantan, maduran y se multiplican. Así el paciente puede producir de nuevo células sanguíneas sanas.

En ocasiones, este procedimiento supone la única posibilidad de curación para algunos pacientes con leucemia u otras enfermedades como aplasia medular, mieloma múltiple, linfoma maligno, talasemia mayor, etc. ...

Existen dos tipos de trasplante de células madre, el alogénico y el autológico.

Se habla de trasplante alogénico cuando las células que se trasplantan, sean de médula ósea o de sangre periférica, son de un donante, familiar o no, cuyo tipo tisular es casi idéntico al del paciente.

El trasplante autólogo consiste en obtener médula ósea del propio paciente, mientras la enfermedad está en remisión, para mantenerla congelada y realizar el trasplante después de aplicarle al paciente una dosis alta de quimioterapia.

Este tipo de trasplante se realiza cuando no existe un posible donante o se considera que el riesgo es muy elevado con el trasplante alogénico, por el posible rechazo que pueda sufrir el paciente.

Si no tiene un hermano gemelo, las posibilidades de conseguir un donante compatible no son superiores al 35%.

El trasplante autólogo tiene menos riesgos que el alogénico al no existir el rechazo. Sin embargo, hay mayor índice de recidivas porque es posible que al extraer la médula del propio paciente quede alguna célula cancerosa que produzca después del trasplante que la enfermedad reaparezca.

Una vez que se ha realizado el trasplante, la médula tarda en reconstituirse unas 3-4 semanas. Durante este período, denominado aplasia, el paciente no posee un número de células sanguíneas suficiente como para mantenerse con vida. Debido a esto, el riesgo de sufrir infecciones o hemorragias es elevado, por lo que debe permanecer en el hospital, para recibir transfusiones, antibióticos o tratamientos para estimular el crecimiento de los granulocitos.

 

TRATAMIENTOS CONTRA EL CÁNCER: CIRUGÍA, RADIOTERAPIA, QUIMIOTERAPIA Y TRANSPLANTE DE MÉDULA


La cirugía es el método más empleado para aquellos tumores pequeños y localizados en un lugar concreto. Para que sea completamente eficaz se precisa extirpar parte del tejido que rodea el tumor para asegurar así que todas las células cancerosas han sido extirpadas.

Si el cáncer se ha extendido a otras zonas, a través de la sangre o de la linfa, habrá que realizar otros tratamientos, bien sean añadidos a la cirugía o únicos y distintos a ella.

La radioterapia utiliza partículas de alta energía capaces de penetrar al cuerpo. A través de una máquina, llamada acelerador lineal, se genera y dirigen esas partículas hacia el lugar concreto donde se tengan que aplicar. Las demás zonas del cuerpo se protegen para no recibir la radiación.

La radioterapia utiliza partículas similares a los rayos X, que se utilizan para hacer una radiografía normal, lo que ocurre es que en éstas últimas, la cantidad suministrada es muy pequeña.

Las células cancerosas son especialmente sensibles a la radiación.
El patólogo es quien decide la zona exacta donde suministrar los rayos. La zona exacta del tumor se habrá localizado a través de pruebas diagnósticas como radiografías, biopsias, etc.

La radioterapia puede utilizarse como tratamiento único en aquellos casos en que los tumores sean especialmente sensibles a la radiación y no haya señales de que se haya extendido hacia ningún otro lugar.

Puede emplearse como tratamiento supletorio a la cirugía, para aplicarlo previamente a ésta, y disminuir así el tamaño del tumor y que sea más fácil su extirpación.

El tratamiento conjunto de radioterapia y quimioterapia se utiliza también con frecuencia. A veces, el empleo de quimioterapia antes de la radioterapia hace a las células cancerosas más sensibles a la radiación. Otras se emplea la radioterapia después de la quimioterapia para asegurar la eliminación de todas las células cancerosas.

El paciente tendrá que ir, de forma ambulatoria, a la clínica u hospital donde le administren la radioterapia. La duración de cada sesión son unos veinte minutos. El enfermo estará solo en una sala aislada para que las radiaciones no se propaguen. Las zonas donde se tiene que aplicar la radioterapia estarán marcadas y las demás se protegerán de la radiación. Después de la sesión, el paciente podrá marcharse a su casa.La quimioterapia consiste en el empleo de medicinas para tratar el cáncer. Son medicamentos cuya función es eliminar, dañar o retrasar el crecimiento de las células cancerosas.

El principal problema que produce este tratamiento viene derivado de que las células cancerosas no son agentes o cuerpos extraños al organismo sino que son parecidas a las células que las rodean. Esto hace que los fármacos, que actúan sobre todo contra las células del cáncer, tengan también efectos sobre las células normales.

* GRÁFICO INTERACTIVO: Radioactividad contra el cáncer


La quimioterapia actúa sobre las células que se dividen con gran rapidez, que es lo que suelen hacer las cancerosas. Pero también existen otras células, que no son cancerosas y que también se dividen de forma rápida.
Algunos medicamentos quimioterápicos actúan interrumpiendo la fase donde la célula cancerosa se divide y esto hace que el tiempo de crecimiento sea mayor y que la célula muera.

Otros medicamentos intervienen en todas las fases de la célula. Como las células cancerosas son más frágiles que las normales, resultan más afectadas que las normales, por lo que la acción de los medicamentos recae sobre todo en ellas.

Otros fármacos cambian las condiciones externas del organismo para que les sean desfavorables a esas células. Éste sería el caso de las hormonas que pueden bloquear la acción de determinadas sustancias y con ello no favorecer el crecimiento de las células malignas.

En los últimos años, se están empleando combinaciones de quimioterápicos porque se ha comprobado que su acción conjunta es más eficaz para destruir el cáncer.

Se suelen combinar medicamentos anticancerígenos con modos de acción distintos y capacidad para producir efectos diferentes.

Hay tratamientos que contienen un medicamento que interviene en una fase de la célula, otro que interviene en otra fase y una hormona que cambia las condiciones externas a las células.

Estas combinaciones pretenden ser más eficaces sobre las células cancerosas y menos dañinas para las células normales.

Los medicamentos quimioterápicos pueden administrarse de diferentes formas: a través de un comprimido por vía oral; mediante un suero o inyección intravenosa; por inyección intramuscular o mediante una inyección a través de una punción en la médula ósea.

Efectos secundarios de la quimioterapia

Cualquier medicamento puede producir efectos secundarios no deseables debido a su acción sobre el organismo.

Los medicamentos quimioterápicos al actuar sobre células que se dividen con frecuencia, las células cancerosas lo hacen, también pueden actuar sobre aquellas células normales que también se dividen con frecuencia. Estas células son por ejemplo, las células de la médula ósea (donde se fabrican las células sanguíneas) y las membranas mucosas del conducto gastrointestinal. Los folículos pilosos también se dividen con frecuencia y son sensibles a algunos medicamentos de quimioterapia.

Por este motivo, algunos de estos fármacos producen náuseas, vómitos, diarrea, llagas en la boca. Otros dan lugar a una pérdida temporal del cabello. La médula queda temporalmente perjudicada en su función de producir células sanguíneas. Por esto es más fácil que se produzcan infecciones, pues el número de leucocitos es inferior, o que se produzca cansancio o anemia, ya que el número de hematíes también puede disminuir.

Al ser medicamentos muy fuertes, los efectos secundarios también lo son. Debido a sus efectos secundarios, la quimioterapia se administra en forma de ciclos, durante un período de tiempo se administran los medicamentos y seguidamente se deja un período de descanso.

Este período de descanso se utiliza para que se produzca una recuperación hematológica ya que, como hemos dicho antes, estos medicamentos producen efectos sobre las células cancerosas y sobre otras, que no lo son.

Los efectos secundarios dependerán del tipo de medicamento que se administre, de la duración del tratamiento y del estado general del paciente.

Estos efectos son limitados y temporales.

Existen medicamentos que atenúan los efectos secundarios de la quimioterapia, como podrían ser los antieméticos que disminuyen o hacen desaparecer la sensación de náuseas.

Junto a la quimioterapia, se administran esos medicamentos para disminuir o anular, en la medida de lo posible, muchos de estos efectos secundarios.

* GRÁFICO INTERACTIVO: Cómo funciona la quimioterapia


El trasplante de médula ósea se realiza cuando se ha producido un daño en la médula ósea que le impida realizar las funciones que, antes de la quimioterapia, estaba realizando. Estas funciones consisten en la formación de las células sanguíneas, papel fundamental para la vida humana.

La quimioterapia se administra para destruir las células cancerosas pero, al mismo tiempo, puede dañar la médula ósea y otros órganos. Por esto generalmente no se suelen utilizar dosis muy elevadas.

Cuando el cáncer no desaparece con una dosis moderada de quimioterapia y se requiere, para la curación, administrar otra mucho mayor, junto con el empleo en ocasiones de radioterapia, será necesario realizar un trasplante de médula ósea porque ésta va a ser destruida por la quimioterapia.

A la administración de quimioterapia previa al trasplante, se le denomina acondicionamiento.

Con este trasplante se administra células madre que son productoras de las células que forman la sangre.

Las células madre se pueden conseguir directamente de la médula ósea o de la sangre periférica.

Si se extraen de la médula, habrá que realizar múltiples aspiraciones en los huesos de la cadera (crestas iliacas) bajo anestesia general.

En la médula ósea existe una célula madre por cada 2.000 células, para conseguir un número suficiente de células madre hay que extraer casi un litro de médula, por este motivo hay que realizar múltiples pinchazos y el paciente tiene que estar anestesiado.

Otro método consiste en emplear citoquinas, que son una especie de "hormonas de la médula ósea" que hacen salir las células madre a la sangre periférica y son recogidas con unos separadores celulares mediante un procedimiento denominado aféresis o leucoféresis, a través de una máquina similar a la de diálisis.

Una vez extraídas, se colocan en una bolsa de transfusión para administrarlas por vía intravenosa al paciente compatible o bien se congela a -200º C, en el caso de trasplante autólogo.

Cuando la médula se introduce en el interior del torrente sanguíneo a través de un catéter central, estas células madre se dirigen hacia las cavidades de los huesos donde implantan, maduran y se multiplican. Así el paciente puede producir de nuevo células sanguíneas sanas.

En ocasiones, este procedimiento supone la única posibilidad de curación para algunos pacientes con leucemia u otras enfermedades como aplasia medular, mieloma múltiple, linfoma maligno, talasemia mayor, etc. ...

Existen dos tipos de trasplante de células madre, el alogénico y el autológico.

Se habla de trasplante alogénico cuando las células que se trasplantan, sean de médula ósea o de sangre periférica, son de un donante, familiar o no, cuyo tipo tisular es casi idéntico al del paciente.

El trasplante autólogo consiste en obtener médula ósea del propio paciente, mientras la enfermedad está en remisión, para mantenerla congelada y realizar el trasplante después de aplicarle al paciente una dosis alta de quimioterapia.

Este tipo de trasplante se realiza cuando no existe un posible donante o se considera que el riesgo es muy elevado con el trasplante alogénico, por el posible rechazo que pueda sufrir el paciente.

Si no tiene un hermano gemelo, las posibilidades de conseguir un donante compatible no son superiores al 35%.

El trasplante autólogo tiene menos riesgos que el alogénico al no existir el rechazo. Sin embargo, hay mayor índice de recidivas porque es posible que al extraer la médula del propio paciente quede alguna célula cancerosa que produzca después del trasplante que la enfermedad reaparezca.

Una vez que se ha realizado el trasplante, la médula tarda en reconstituirse unas 3-4 semanas. Durante este período, denominado aplasia, el paciente no posee un número de células sanguíneas suficiente como para mantenerse con vida. Debido a esto, el riesgo de sufrir infecciones o hemorragias es elevado, por lo que debe permanecer en el hospital, para recibir transfusiones, antibióticos o tratamientos para estimular el crecimiento de los granulocitos.

 

¿QUÉ ES EL CÁNCER DE MAMA?


El cáncer de mama consiste en un crecimiento anormal y desordenado de las células de éste tejido.

La mama está formada por una serie de glándulas mamarias, que producen leche tras el parto, y a las que se les denomina lóbulos y lobulillos.

Los lóbulos se encuentran conectados entre sí por unos tubos, conductos mamarios, que son los que conducen la leche al pezón, durante la lactancia, para alimentar al bebé.

Las glándulas (o lóbulos) y los conductos mamarios están inmersos en el tejido adiposo y en el tejido conjuntivo, que, junto con el tejido linfático, forman el seno.

A modo de muro de contención, actúa el músculo pectoral que se encuentra entre las costillas y la mama.

La piel recubre y protege toda la estructura mamaria.

El sistema linfático está formado por recipientes y vasos o conductos que contienen y conducen la linfa, que es un líquido incoloro formado por glóbulos blancos, en su mayoría linfocitos. Estas células reconocen cualquier sustancia extraña al organismo y liberan otras sustancias que destruyen al agente agresor.

TIPOS DE CÁNCER DE MAMA

La mayoría de los tumores que se producen en la mama son benignos, no cancerosos, y son debidos a formaciones fibroquísticas.

El quiste es como una bolsa llena de líquido y la fibrosis es un desarrollo anormal del tejido conjuntivo. La fibrosis no aumenta el riesgo de desarrollar un tumor y no requiere de un tratamiento especial. Los quistes, si son grandes, pueden resultar dolorosos. La eliminación del líquido con una punción suele hacer desaparecer el dolor. La presencia de uno o más quistes no favorece la aparición de tumores malignos.

Los tumores benignos están relacionados en su mayoría con factores genéticos. Los síntomas que producen son dolor e inflamación pero ni se diseminan al resto del organismo ni son peligrosos.

Dentro de los tumores malignos, existen varios tipos en función del lugar de la mama donde se produzca el crecimiento anormal de las células y según su estadio.

Los tumores pueden ser localizados o haberse extendido, a través de los vasos sanguíneos o mediante los vasos linfáticos, y haber dado lugar a metástasis, es decir, a un cáncer en un órgano distante al originario.

De todos los casos de cáncer de mama, sólo el 7-10% de ellos presenta metástasis de inicio.

Los tipos de cáncer de mama se clasifican en:


El carcinoma ductal in situ se origina en las células de las paredes de los conductos mamarios. Es un cáncer muy localizado, que no se ha extendido a otras zonas ni ha producido metástasis. Por este motivo esta enfermedad 'premaligna' puede extirparse fácilmente. La tasa de curación ronda el 100%. Este tipo de tumor se puede detectar a través de una mamografía.

El carcinoma ductal infiltrante (o invasivo) es el que se inicia en el conducto mamario pero logra atravesarlo y pasa al tejido adiposo de la mama y luego puede extenderse a otras partes del cuerpo. Es el más frecuente de los carcinomas de mama, se da en el 80% de los casos.

El carcinoma lobular in situ se origina en las glándulas mamarias (o lóbulos) y, aunque no es un verdadero cáncer, aumenta el riesgo de que la mujer pueda desarrollar un cátumor en el futuro. Se suele dar antes de la menopausia. Una vez que es detectado, es importante que la mujer se realice una mamografía de control al año y varios exámenes clínicos para vigilar el posible desarrollo de cáncer.

El carcinoma lobular infiltrante (o invasivo) comienza en las glándulas mamarias pero se puede extender y destruir otros tejidos del cuerpo. Entre el 10% y el 15% de los tumores de mama son de este tipo. Este carcinoma es más difícil de detectar a través de una mamografía.

El carcinoma inflamatorio es un cáncer poco común, tan sólo representa un 1% del total de los tumores cancerosos de la mama. Es agresivo y de rápido crecimiento. Hace enrojecer la piel del seno y aumentar su temperatura. La apariencia de la piel se vuelve gruesa y ahuecada, como la de una naranja, y pueden aparecer arrugas y protuberancias. Estos síntomas se deben al bloqueo que producen las células cancerosas sobre los vasos linfáticos.

¿CUÁNTAS MUJERES PADECEN ESTA ENFERMEDAD?

En España se diagnostican cada año 15.000 nuevos casos y actualmente ya se manejan cifras que indican que una de cada 16-18 españolas tendrá un cáncer de mama.

En la franja de edad de 45-55 años, el cáncer de mama es la primera causa de muerte por cáncer en mujeres de nuestro país, por delante del cáncer de pulmón.

La tasa de curación en España ronda el 60%. En el caso de recaídas, la estimación de supervivencia es de unos dos 2 años de vida, lo que significa que en la realidad hay mujeres con una supervivencia corta (de menos de un año) y en otros casos esta cifra se prolonga por encima de los cuatro años.

Las recaídas en pacientes sin afectación ganglionar es del 30%, mientras que para las que tienen afectación este porcentaje varía en función del número de ganglios afectados. Si tienen más de 10 ganglios el porcentaje de recaídas se eleva al 90%.

La detección precoz, cuando el tumor no está extendido ni ha evolucionado, hace que el porcentaje de curación se eleve casi al 90%.

La Sociedad Americana del Cáncer (ACS) estima que cada año se diagnostican unos 190.000 nuevos casos de cáncer invasivo de mama en Estados Unidos.

La supervivencia relativa de cinco años para mujeres estadounidenses con cáncer mamario localizado es en la actualidad del 97%.

Los índices de mortalidad del cáncer de mama disminuyeron de 1992 a 1996 significativamente, probablemente debido a los mejores diagnósticos y a las mejoras en los tratamientos.

EL CÁNCER DE MAMA EN EL HOMBRE

El cáncer de mama también afecta a los hombres pero en un porcentaje mucho menor (1%) comparado con la población femenina que lo padece.

Los síntomas son similares a los que presenta la mujer, y el pronóstico y tratamiento es el mismo que el de ellas y es el que se explica a continuación

.El mayor problema que se observa es que se detecta un poco más tarde pues, al darse en pocos hombres, se piensa en otros diagnósticos antes que en un cáncer de mama.

ESTADIOS DEL CÁNCER

El cáncer tiene un pronóstico y tratamiento distintos en función de la etapa de desarrollo que se encuentre y de los factores de riesgo que tenga la mujer. Para conocer esto hay que realizar una serie de análisis que facilitan su clasificación en uno u otro estadio.

El Comité Conjunto Americano del Cáncer utiliza el sistema de clasificación TNM:

* La letra T, seguida por un número que va del 0 al 4, indica el tamaño del tumor y la propagación a la piel o a la pared del tórax debajo de la mama. A un número más alto le corresponde un tumor más grande y/o una mayor propagación a los tejidos cercanos.

* La letra N, seguida por un número que va del 0 al 3, indica si el cáncer se ha propagado a los ganglios linfáticos cercanos a la mama y, si es así, si estos ganglios están adheridos a otras estructuras.

* La letra M, seguida por un 0 o un 1, expresa si el cáncer se ha extendido a otros órganos distantes.

La clasificación, para los subgrupos, se realiza con números que van del I al IV.

ESTADIO I: indica que el tumor es menor de 2 cm y no hay metástasis. El índice de supervivencia relativa a 5 años es del 98%.


ESTADIO II: abarca las siguientes situaciones:

- No mide más de 2 cm pero los ganglios linfáticos de la axila están afectados.
- Mide entre 2 y 5 cm y puede o no haberse extendido.
- Mide más de 5 cm pero los ganglios linfáticos axilares no están afectados. El índice de supervivencia a 5 años es del 88-76%.

ESTADIO III: se divide en estadio IIIA y IIIB:

El estadio III A puede integrar a las siguientes formas:
- El tumor mide menos de 5 centímetros y se ha diseminado a los ganglios linfáticos axilares y éstos están unidos entre sí o a otras estructuras.
- El tumor mide más de 5 cm y los ganglios linfáticos axilares están afectados. El índice de supervivencia relativa a 5 años es del 56%.

El estadio III B puede darse en los siguientes casos:
- El cáncer se ha extendido a otros tejidos cerca de la mama (piel, pared torácica, incluyendo costillas y músculos del tórax).
- El cáncer se ha diseminado a los ganglios linfáticos dentro de la pared torácica cerca del esternón. El índice de supervivencia relativa a 5 años es del 46%.

ESTADIO IV: se produce cuando el cáncer se ha diseminado a otras estructuras del cuerpo. Los órganos en los que suele aparecer metástasis con mayor frecuencia son los huesos, los pulmones, el hígado o el cerebro. También puede ser que el tumor haya afectado localmente a la piel. El índice de supervivencia relativa a 5 años es del 16%.

FACTORES DE RIESGO

La causa del cáncer de mama no se conoce pero sí se sabe algunos factores de riesgo. Se considera factor de riesgo aquella situación que aumente las probabilidades de padecer la enfermedad.

Hay que tener en cuenta que aquellas mujeres que tengan mayores probabilidades de padecer cáncer de mama (por tener más factores de riesgo) pueden tomar medidas preventivas que reduzcan esa probabilidad como revisiones periódicas o cambios en su estilo de vida.

FACTORES DE RIESGO

**Sexo
El cáncer de mama se da principalmente en la mujer aunque. También puede afectar a los hombres pero la probabilidad es mucho menor.

**Edad
Una mayor edad conlleva un aumento del número de cánceres. El 60% de los tumores de mama ocurren en mujeres de más de 60 años. Este porcentaje aumenta mucho más después de los 75 años.

**Genes
Existen dos genes identificados que, cuando se produce algún cambio en ellos (mutación), se relacionan con una mayor probabilidad de desarrollar el cáncer de mama. Estos genes se denominan BRCA1 y BRCA2 y según algunos estudios parece que entre el 50% y el 60% de mujeres que han heredado estos genes mutados pueden desarrollar el cáncer antes de los 70 años.

**Antecedentes familiares
Cuando un pariente de primer grado (madre, hermana, hija) ha tenido cáncer de mama se duplica el riesgo de padecerlo. Si se trata de un pariente más lejano (abuela, tía, prima) sólo aumenta el riesgo ligeramente.

**Antecedentes personales
Una enfermedad mamaria benigna previa parece aumentar el riesgo en aquellas mujeres que tienen un gran número de conductos mamarios. Aún así, este riesgo es moderado. Algunos resultados anormales de biopsia de mama pueden estar relacionados con un riesgo ligeramente elevado de padecer cáncer de mama. El riesgo de desarrollar cáncer en el otro seno en aquellas mujeres que han tenido un cáncer de mama es distinto de la recurrencia o reaparición del primer cáncer.

**Raza
Las mujeres blancas son más propensas a padecer esta enfermedad que las de raza negra, aunque la mortalidad en éstas últimas es mayor, probablemente porque a ellas se les detecta en estadíos más avanzados. Las que tienen menor riesgo de padecerlo son las mujeres asiáticas e hispanas.

**Períodos menstruales
Cuanto antes se comienza con la menstruación (antes de los 12 años), mayor es el riesgo (de dos a cuatro veces mayor) de padecer esta enfermedad si se compara con aquellas que comenzaron más tarde (después de los 14 años). Lo mismo ocurre con la menopausia: las mujeres con una menopausia tardía (después de los 55 años) tienen mayor riesgo. El embarazo después de los 30 años también aumenta el riesgo. Estos factores, aunque muy frecuentes, suelen tener poca incidencia sobre el riesgo de padecer cáncer.


FACTORES RELACIONADOS CON EL ESTILO DE VIDA

**Uso prolongado de anticonceptivos
Los últimos estudios han demostrado que el uso prolongado de anticonceptivos no está relacionado con el cáncer de mama.

**Terapia hormonal sustitutiva
Esta terapia, que se utiliza para aliviar los síntomas de la menopausia, parece aumentar a largo plazo (más de 10 años) el riesgo de sufrir cáncer de mama, aunque los estudios al respecto no son dle todo concluyentes.

**Alcohol
El consumo de alcohol durante años está claramente vinculados al riesgo elevado de cáncer de mama.

**Exceso de peso
El exceso de peso parece estar relacionado con un riesgo más alto de tener esta enfermedad, aunque no existe ninguna evidencia que un tipo determinado de dieta (dieta rica en grasas) aumente ese riesgo.

Hay que tener presentes estos factores de riesgo, y evitar aquellos que se puedan. También se debe conocer que, en la actualidad, entre el 70% y el 80% de todos los cánceres mamarios aparecen en mujeres sin factores de riesgo aplicables y que sólo del 5% al 10% tiene un origen genético por poseer los genes mutados BRCA1 y BRCA2. En la actualidad existen unos criterios muy precisos que aconsejan la realización de estas pruebas. No basta, por ejemplo, con tener un familiar con cáncer de mama (madre o hermana) para indicar su realización.

SÍNTOMAS

En los estadios iniciales del cáncer de mama la mujer no suele presentar síntomas. El dolor de mama no es un signo de cáncer aunque el 10% de estas pacientes lo suelen presentar sin que se palpe ninguna masa.

El primer signo suele ser un bulto que, al tacto, se nota diferente del tejido mamario que lo rodea. Se suele notar con bordes irregulares, duro, que no duele al tocarlo. En ocasiones aparecen cambios de color y tirantez en la piel de la zona afectada.

No todos los tumores malignos presentan estas características pues algunos tienen bordes regulares y son suaves al tacto. Por este motivo, cuando se detecte cualquier anomalía se debe consultar con el médico.

En las primeras fases, el bulto bajo la piel se puede desplazar con los dedos. En fases más avanzadas, el tumor suele estar adherido a la pared torácica o a la piel que lo recubre y no se desplaza. El nódulo suele ser claramente palpable e incluso los ganglios de las axilaes pueden aumentar de tamaño. Los síntomas de estas etapas son muy variados y dependen del tamaño y la extensión del tumor.

Otros signos que pueden aparecer son:

- Dolor o retracción del pezón.
- Irritación o hendiduras de la piel.
- Inflamación de una parte del seno.
- Enrojecimiento o descamación de la piel o del pezón.
- Secreción por el pezón, que no sea leche materna.

DIAGNÓSTICO

En la actualidad la mejor lucha contra el cáncer de mama es una detección temprana del tumor pues aumentarán las posibilidades de éxito del tratamiento.

¬ Autoexploración
La autoexploración sistemática permite detectar tumores más pequeños que los que pueda detectar el médico o la enfermera pues la mujer estará familiarizada con sus senos y podrá detectar cualquier pequeño cambio.
En las revisiones ginecológicas, el médico comprueba que no exista ninguna irregularidad en las mamas, también que no haya ninguna inflamación de los ganglios linfáticos axilares.

La autoexploración debe realizarse después de la menstruación, las mujeres menopáusicas deberán asociarla a un día del mes, pues conviene que se realice siempre en estados similares.

La mujer debe estar tranquila y realizarla en el lugar que crea más adecuado. A algunas mujeres les parecerá más cómodo realizarla en el momento de la ducha, sin embargo, a otras, pueden preferir hacerla al acostarse.

La manera más adecuada, para observar los cambios en las mamas, es situarse delante de un espejo, con los brazos caídos a ambos lados del cuerpo. Tendrá que observar la simetría de las mamas, el aspecto de la piel, el perfil, etc.

Hay que buscar zonas enrojecidas, bultos u hoyuelos. El aspecto no debe recordar la piel de naranja. Los pezones y areolas no deben estar retraídos o hundidos.

Una vez hecho lo anterior, tiene que repetir la operación pero con los brazos elevados sobre el cuello. Los senos deberán elevarse de la misma manera y, en esa posición, comprobar que no hay ningún bulto u hoyuelo.

La palpación puede realizarse una vez enjabonada, en la ducha, o tumbada en la cama con una almohada debajo del hombro correspondiente al seno que se vaya a examinar. Conviene repetirla en distintas posturas: tumbada y de pie.
Se debe utilizar la mano contraria a la mama que va a palparse. La presión será la suficiente como para reconocer bien el seno.

Se pueden realizar varios movimientos para la exploración:



1) Con la yema de tres dedos hay que ir realizando movimientos circulares desde la parte más externa de la mama hacia el pezón, a modo de espiral.

2) Otro movimiento que se puede realizar con los dedos es en forma de eses, ir recorriendo el seno de un lado al otro.

3) El tercer movimiento es radial, comenzando desde el pezón hacia fuera.

Conviene ser muy cuidadosa en la zona del cuadrante superior externo, pues están cercanos los ganglios axilares, y es ahí donde se detectan el mayor número de tumores.

Hay que comprimir un poco el pezón y comprobar si se produce alguna secreción (avise al médico si esto es así, intente identificar el color de la secreción).

Una vez explorada la mama, hay que realizar la exploración de la axila para intentar descubrir la existencia de bultos en esta zona.

El examen se deberá realizar en las dos mamas y axilas.

* GRÁFICO INTERACTIVO: Véalo en imágenes



¬ Mamografía
Las mujeres con factores de riesgo deben realizarse una mamografía y un examen clínico anual a partir de los 40 años.

Las mujeres que no tienen factores de riesgo conocidos recientes deben realizarse una mamografía cada dos años, a partir de los 40 años, y anualmente, a partir de los 50 años. No obstante, este asunto ha sido objeto de controversias recientes y algunos estudios sugieren la necesidad de hacerse una mamografía al año entre los 40 y los 49.

La mamografía es una exploración que utiliza los rayos X de baja potencia para localizar zonas anormales en la mama. Esta técnica consiste en colocar la mama entre dos placas y presionarla durante unos segundos mientras se realizan las radiografías.

No hay ningún peligro por las radiaciones de esta técnica, ya que son de baja potencia.

Es una de las mejores técnicas para detectar el cáncer de mama en sus primeras fases.

La mamografía realizada a intervalos de 1 a 2 años, reduce las muertes por esta enfermedad de un 25% a un 35% en las mujeres de 50 años o más que no presentan síntomas.

Para confirmar el diagnóstico, en los casos positivos, hay que realizar una biopsia tras la mamografía.

* REPORTAJE: 'Mamografías sin barreras'


¬ Ecografía
Es una técnica secundaria en el diagnóstico de cáncer de mama. Se emplean ultrasonidos que son convertidos en imágenes.

Su utilidad se encuentra en que con ella se pueden diferenciar los tumores formados por líquido (quistes) de las masas sólidas. La importancia de detectar esa diferencia es mucha pues los quistes no suelen necesitar un tratamiento si no hay otros síntomas, mientras que las masas sólidas precisan de una biopsia.

Además, en mujeres jóvenes con mamas densas es posible que el radiólogo prefiera hacer una ecografía en lugar de una mamografía ya que esta prueba presenta más sensibilidad en estos casos.

¬ Resonancia magnética nuclear (RMN)
Esta técnica emplea los campos magnéticos y los espectros emitidos por el fósforo en los tejidos corporales y los convierte en imagen. Con ella se puede observar la vascularización del tumor. (*Véalo en imágenes)

¬ Tomografía axial computadorizada (TAC)
Consiste en una técnica de rayos X, utiliza un haz giratorio, con la que se visualiza distintas áreas del cuerpo desde diferentes ángulos. Sirve para el diagnóstico de las metástasis, no del cáncer de mama propiamente dicho.

¬ Tomografía por emisión de positrones (PET)
Consiste en inyectar un radio fármaco combinado con glucosa que será captado por las células cancerosas, de existir un cáncer, pues éstas consumen más glucosa. El radio fármaco hará que se localicen las zonas donde se encuentre el tumor.

¬ Termografía
Es una técnica que registra las diferencias de temperatura. No se suele utilizar con mucha frecuencia.
De todas las técnicas anteriores, las más empleadas son la mamografía y la ecografía. Si existe alguna duda, que no se solucione con estas dos, se emplea las otras. Ninguna es mejor que la otra sino que con cada una se ve la zona corporal de una manera diferente.

¬ Biopsia
Una vez detectado el tumor mediante una o varias de las técnicas mencionadas, se debe realizar una biopsia para confirmar el diagnóstico.
Hay varios tipos de biopsias según la técnica que se emplee:

Biopsia aspirativa con aguja fina (PAAF): consiste en introducir una aguja hasta la zona del tumor, mientras el médico palpa la masa. Si la masa no puede palparse, se puede realizar esta técnica con ayuda de la ecografía para situar la aguja en el sitio exacto donde se encuentre la masa. Después se extraerá el líquido con la aguja.

Si el líquido es claro, lo más probable es que sea un quiste benigno, aunque también puede ser que el líquido sea turbio o con sangre y que el tumor sea benigno. Si la masa es sólida, se extraen pequeños fragmentos del tejido.
El análisis microscópico de esta muestra (tanto del líquido como del tejido) es el que determinará si es benigno o canceroso.

En ocasiones, el resultado puede no ser satisfactorio para el médico, por lo que se solicita otro tipo de biopsia o se realiza un seguimiento de la paciente.
Biopsia quirúrgica: en ocasiones se empleará la cirugía para extirpar parte o la totalidad de la masa en el quirófano para su posterior examen microscópico.
Cuando se extirpa una parte del tejido, se denomina biopsia por incisión. Ésta suele realizarse en tumores muy grandes.

La biopsia excisional es aquella en la que se extirpa todo el tumor o área sospechosa, el margen circundante al tumor aunque tenga apariencia normal.
Biopsia radio quirúrgica o biopsia por localización mamográfica: se utiliza cuando la masa no puede palparse y se visualiza a través de la mamografía. La técnica consiste en localizar el tumor a través de varias mamografías e introducir una aguja en la zona exacta donde se encuentra la masa en la mama. Puede dejarse una marca mediante la aguja con carbón activado o bien se deja un fino alambre que servirá posteriormente de guía al cirujano.

Se habla de biopsias en uno o dos tiempos, dependiendo si se realiza el tratamiento quirúrgico en el mismo momento de la biopsia o si se espera el resultado completo del análisis microscópico, y unos días después de la biopsia, se realiza la extirpación tumoral y la resección mamaria.

La ventaja de la biopsia en un tiempo es que sólo se realizará una intervención quirúrgica pero, la desventaja, es que la mujer, en el momento de entrar al quirófano, no sabe si tiene cáncer y si va a salir con una mastectomía, por lo que la tensión nerviosa es muy fuerte.

Con la biopsia en dos tiempos, la paciente tiene más tiempo para asumir su situación, ir más tranquila a realizarse la biopsia y poder consultar a su médico todas las dudas que tenga antes de realizarle la intervención.

Una vez extraído el tejido mediante la biopsia, el patólogo examinará la muestra y determinará el estadio del tumor, así como su capacidad para extenderse con rapidez.

El tiempo de espera para el resultado de la biopsia varía en función de si se realiza en un tiempo o en dos. Si es en un tiempo, el tejido extraído se congela, se lamina y se observa al microscopio. El resultado tardará unos 15-20 minutos. Si se hace en dos tiempos, el resultado tardará de siete a 10 días.
Los cánceres constituidos por células más primitivas (no diferenciadas) o aquellos que presentan un gran número de células dividiéndose suelen ser más graves. Habrá que realizar también una exploración completa para determinar si cualquier otra parte del cuerpo está afectada. Las pruebas que se harán son:

¬ Radiografías del tórax para descartar una afectación pulmonar; ecografía abdominal para valorar la situación hepática, gammagrafía ósea y análisis de sangre para evaluar la correcta función medular, hepática y renal.


¬ Además, en el servicio de Anatomía Patológica, el patólogo analizará una serie de factores moleculares en el tumor:

* receptores de estrógenos y progesterona: a través de la biopsia del tejido tumoral, se analizará si las células del tumor presentan estos receptores, que son moléculas que reconocen a las hormonas (estrógenos y progesterona). Tanto las células sanas como las del tumor pueden tener estos receptores. Aquellos tumores que contienen estos receptores se denominan ER-positivos y PR-positivos y tienen mejor pronóstico que los negativos, así como mayores probabilidades de responder a la terapia hormonal.

* Prueba de HER2/neu: otra sustancia que hay que examinar, durante la biopsia, es la cantidad de la proteína HER/2nu, una proteína promotora del crecimiento celular, y los genes responsables de la producción de más o menos cantidad de esa proteína. La presencia elevada de la proteína o de los genes, indica un peor pronóstico del cáncer pues tienden a crecer y a propagarse más rápidamente. Este oncogen se da en el 20%-25% de todos los casos. Una vez conocida la presencia de éstas proteínas, y sólo en determinadas situaciones, puede administrarse un medicamento llamado Herceptina que evita que la proteína HER/2nu estimule el crecimiento de las células cancerosas.

¬ Otras pruebas: otra posibilidad para conocer el riesgo de reincidencia del cáncer es la determinación de la proteína BAG1 que, cuando está elevada, indica que esa paciente tiene más probabilidades de supervivencia libre de la enfermedad.

Aunque existen más pruebas para detectar otro tipo de marcadores, semejantes al HER2/neu o al PR y ER, las más frecuentes son las mencionadas anteriormente porque son las más útiles ya que orientan sobre el tipo de tratamiento más adecuado y porque existe un tratamiento para ello.

TRATAMIENTO

El tratamiento vendrá determinado por el tamaño del tumor y si ha habido extensión a los ganglios u otras zonas del cuerpo. Por lo general, cuando el tumor es menor de 1 centímetro de diámetro, la cirugía es suficiente para terminar con el cáncer y no se precisa de quimioterapia. No obstante, hay pocos casos en los que no se requiera un tratamiento complementario a la cirugía, bien con quimioterapia o con hormonoterapia. Actualmente el factor pronóstico más importante sigue siendo la afectación ganglionar: el número de ganglios afectados ayuda al oncólogo a seleccionar el tratamiento posterior.

La intervención quirúrgica, siempre realizada por un cirujano/ginecólogo experto en cáncer de mama, permite el control local de la enfermedad y llevar a cabo un diagnóstico riguroso gracias a que se pueden determinar las características del tumor y el número de ganglios afectados por células malignas.

La radioterapia consiste en el empleo de rayos de alta energía, como rayos X, para destruir o disminuir el número de células cancerosas. Es un tratamiento local que se administra después de la cirugía conservadora (cuando se emplea después de la mastectomía es porque se considera que existe riesgo de que el tumor se reproduzca). Se desarrolla a lo largo de unos 20-30 días (los que el oncólogo y el radiólogo hayan creído convenientes), y la paciente va de forma ambulatoria a la clínica o sala donde se realice la radioterapia; no tiene que estar ingresada para ello.

En sí, el tratamiento dura unos minutos. No es doloroso sino que es algo parecido a una radiografía sólo que la radiación es mayor y está concentrada en la zona afectada. Lo que se consigue con la radioterapia es disminuir el tamaño del tumor, para luego retirarlo quirúrgicamente o, una vez realizada la intervención, limpiar la zona de células malignas.

Los efectos secundarios de este tratamiento son cansancio o fatiga, inflamación y pesadez en la mama, enrojecimiento y sequedad en la piel (como después de una quemadura solar), que suelen desaparecer tras seis o 12 meses. La acción de los aparatos suele estar muy focalizada de manera que sus efectos suelen ser breves y, generalmente, bien tolerados por las pacientes. Una buena combinación de descanso, actividad física y prendas delicadas puede atenuar estas molestias. (* Véalo en imágenes)


La quimioterapia consiste en la administración de medicamentos que destruyen las células cancerosas y evitan la aparición del tumor en otras partes del cuerpo. Existen varias vías de administración, pero las más frecuentes son la vía oral y la vía intravenosa.

No es necesaria la hospitalización para recibir este tratamiento, se puede hacer de forma ambulatoria. Esto dependerá del estado de la paciente y del tiempo de duración del tratamiento, uno completo puede prolongarse entre cuatro y ocho meses. El tratamiento quimioterápico puede realizarse a modo adyuvante, es decir, sumado a la cirugía o como tratamiento único, para los casos de recidivas y que la cirugía no sea una solución.

La quimioterapia neoadyuvante es aquella que se realiza antes de la cirugía y sólo en algunos casos. Su objetiv es reducir el tamaño del tumor y poder realizar una operación que permita conservar la mama en mujeres para las que la primera opción era la mastectomía.

La mujer con un diagnóstico reciente debe saber que existe una alternativa a la mastectomía (cirugía radical) de inicio y debe conversar con su médico sobre la posibilidad de recibir la quimioterapita en primer lugar.

La quimioterapia adyuvante se realiza después de la cirugía para eliminar las posibles células cancerosas que hayan quedado en cantidades microscópicas e impedir su crecimiento.

Sólo hay un 10% de todas las pacientes que no reciben tratamiento postoperatorio y que son aquellas que no tienen afectados los ganglios y que el tumor es menor de 1cm., y/o los receptores hormonales son positivos.

Estos medicamentos se administran a modo de ciclos, con un período de recuperación entre cada uno.

La duración total del tratamiento varía en función de la quimioterapia que precise la paciente pero oscila entre tres y seis meses.



Los efectos secundarios de la quimioterapia:

Debido a que son medicamentos muy fuertes, presentan unos efectos secundarios que, en algunos casos, resultan muy molestos. Hay que decir que se administran, junto con ellos, otros fármacos que disminuyen algunos de esos efectos. Los más frecuentes son:

- Náuseas y vómitos (Leer más).
- Pérdida de apetito.
- Pérdida del cabello.
- Llagas en la boca.
- Cansancio.
- Riesgo elevado de infecciones por la disminución de los glóbulos blancos.
- Cambios en el ciclo menstrual.
- Hematomas.

La quimioterapia como tratamiento para las recaídas (cuando vuelve a aparecer el cáncer en la otra mama o en otro órgano) se administra de la forma que hemos descrito anteriormente, sólo que la dosis tendrá que ser la apropiada al estadio del cáncer.

Junto a la quimioterapia, se administrará tratamiento hormonal, siempre que el tumor presente receptores hormonales.

La terapia hormonal consiste en la administración de fármacos que bloquean la acción de las hormonas que estimulan el crecimiento de las células cancerosas.

Se les da a aquellas pacientes que tienen receptores hormonales positivos, esto viene a ser el 60-70% del total de las pacientes diagnosticadas con cáncer de mama.

Hace años se realizaba la extirpación ovárica para impedir la acción de las hormonas pero, en la actualidad, esta técnica no se emplea y en su lugar se utiliza la terapia hormonal.

Últimamente se están empleando nuevos fármacos para esta terapia, que son los siguientes:

- Fármacos antiestrógenos o moduladores del receptor estrogénico.
- Agonistas de la hormona luteinizante, a nivel de la hipófisis, que se encarga de la producción de estrógenos en mujeres premenopáusicas.
- Fármacos de la aromatasa, enzima que produce estrógenos en mujeres cuyos ovarios ya no los producen, es decir, en mujeres menopáusicas.
- Fármacos de tipo de la progesterona.

Los efectos secundarios de estos fármacos son parecidos a los síntomas que se dan en la menopausia, es decir, sofocos, nerviosismo, etc. En algunas mujeres posmenopáusicas se ha visto otros riesgos como un aumento de la tromboflebitis, etc.

Estos medicamentos tienen varias vías de administración que se elegirán en función de lo que decida el médico y la paciente. Estas vías son la oral, la subcutánea y la intramuscular (a través de una inyección).

La cirugía se realizará una vez obtenido el resultado de la biopsia. Con ella, se pretende conseguir la extirpación total del tumor. Dependiendo de éste, la cirugía será más o menos complicada.

La cirugía conservadora de la mama consiste en extirpar el tumor intentando conservar la mayor cantidad de tejido mamario intacto. En función del tamaño del tumor tenemos los siguientes tipos de cirugía:


Lumpectomía: extirpación del tumor junto con un borde de tejido normal.

Mastectomía parcial o escisión amplia: extirpación del tumor junto con una cantidad mayor de tejido normal.

Cuadrantectomía: extirpación de un cuarto de la mama. Estos tipos de cirugía se realizará en aquellos casos en los que el tumor sea pequeño, alrededor del 15% de los casos, la cantidad de tejido que se extrae es tan pequeña que no se nota mucha diferencia entre la mama operada y la que no lo ha sido. Los índices de supervivencia entre las mujeres que ha sido intervenidas con cirugía conservadora y las que se han extirpado la totalidad de la mama a una son idénticos. Éstas son las opciones de la cirugía radical:

Mastectomía simple: se extirpa la totalidad del tejido mamario, pero se deja el músculo subyacente intacto y suficiente piel como para cubrir la herida. La mama se reconstruye con más facilidad si los músculos pectorales y otros tejidos que se encuentran debajo de la misma quedan intactos. Esta técnica se emplea cuando el cáncer es invasivo y se ha extendido dentro de los conductos mamarios.

Mastectomía radical modificada: se extirpa toda la mama, algunos ganglios axilares del mismo brazo de la mama y una pequeña sección del músculo pectoral..

Mastectomía radical: se extirpan el tumor y la mama, los músculos pectorales subyacentes y los ganglios axilares.

Biopsia del ganglio linfático centinela: durante la intervención quirúrgica, se inyecta un colorante o una sustancia radiactiva en la zona del tumor. La sustancia es transportada por la linfa y si es captada por el primer ganglio, que es el que puede contener mayor número de células cancerosas, se extirpan más ganglios. Si no contiene células malignas, no se extirpan los demás. Las posibilidades de supervivencia son mayores si no están afectados los ganglios axilares. Esta biopsia no se realiza si el tumor está muy localizado y es muy pequeño, pero, en caso de no ser así, se hace para intentar evitar los problemas que pueden ocurrir al extirpar los ganglios linfáticos.

El linfedema: es una complicación que ocurre en una o dos mujeres de cada 10 intervenidas. Esta complicación consiste en una inflamación, rigidez o dolor y pérdida de la movilidad en el brazo después de la extirpación ganglionar. La mujer, una vez operada, deberá evitar coger peso con ese brazo y realizar ejercicios violentos. El tratamiento a este problema es mediante masajes o vendajes de compresión. Se está realizando una nueva técnica, que está en estudio, que consiste en una liposucción para extraer la grasa que se almacena en el brazo.

Reconstrucción mamaria: por lo general, para realizar una reconstrucción de la mama, la mujer tiene que pasar dos veces por quirófano, una para la mastectomía y otra para la implantación de la prótesis. Generalmente no se suele realizar a un tiempo porque se precisaría estar mucho tiempo bajo anestesia y se prefiere hacerlo en dos intervenciones distintas. No existe ningún inconveniente para que la paciente se intervenga cuando ella lo crea conveniente. El implante suele ser de silicona o de suero salino. No todas las mujeres, que han sido sometidas a una mastectomía radical, quieren realizarse un implante de prótesis. El hecho de pasar nuevamente por un quirófano y someterse a una anestesia y cirugía con la posterior recuperación, hace que algunas opten por las prótesis artificiales.

SEGUIMIENTO

Después de que la mujer se haya sometido al tratamiento para la eliminación del cáncer de mama, tiene que realizar unos controles más estrictos durante los cinco primeros años. Pasados éstos deberá seguir controlándose como cualquier mujer sana.

Los controles son los siguientes:

Durante los dos primeros años, tendrá que realizarse exploraciones físicas cada tres meses y una mamografía anual.

Durante los siguientes tres años, las exploraciones físicas las realizará cada seis meses y la mamografía también será anual.

Estos controles no precisarán de ninguna otra prueba siempre que la mujer se encuentre asintomática y su médico así lo crea conveniente.

Otras pruebas que no son infrecuentes son un análisis de sangre, una radiografía de tórax y una radiografía ósea seriada. Se puede realizar alguna otra prueba relacionada con cualquier sintomatología que presente la paciente.


DE PULMÓN

¿QUÉ ES?

Las células son las unidades de vida más pequeñas del cuerpo humano. Una de sus funciones es reproducirse y morirse cuando ya no son útiles. Este proceso es muy ordenado, en el tiempo y en el espacio, de tal forma que permite que exista siempre el número adecuado de células para cada etapa de la vida.

Cuando esta multiplicación de células se produce de manera descontrolada, se forman masas anormales. A estas masas se les denomina tumores.
Puede haber tumores benignos y malignos. Los tumores benignos son aquellos que no se propagan a otras zonas y que no comprometen la vida de la persona.

Los tumores malignos suelen extenderse a otras partes del cuerpo y causan daño a los tejidos y a los órganos corporales pudiendo incluso provocar la muerte de la persona.

Las células malignas pueden moverse a través de la linfa o de la sangre y llegar a cualquier parte del cuerpo provocando un segundo tumor, que se denomina metastásico, porque no es el que se originó primero.

* Véalo en imágenes: Gráfico interactivo

El cáncer de pulmón consiste en un crecimiento anormal de las células del pulmón. La enfermedad se produce habitualmente en las paredes internas de los bronquios, y al crecer puede obstruir el paso del aire y alterar la respiración. Por este motivo, produce generalmente falta de aire, ahogo y fatiga.

Existen dos tipos principales de cáncer de pulmón: el cáncer de células pequeñas o microcítico y el cáncer de células no pequeñas (no microcítico o broncogénico).

Este informe se ha elaborado con la colaboración del doctor Carlos García Girón (Hospital General Yagüe de Burgos), del Grupo Español de Cáncer de Pulmón.

LOS PULMONES

Los pulmones son dos órganos esponjosos y ligeros, los más grandes del organismo, que se encuentran situados en la cavidad torácica, los dos no son exactamente iguales.

El pulmón derecho es mayor que el izquierdo, esto es así porque el corazón se encuentra situado en ese lugar. El pulmón derecho se divide en tres porciones, llamadas lóbulos, y el izquierdo en dos.

Los pulmones están recubiertos por una membrana que los protege y les da elasticidad para facilitar sus movimientos, que se denomina pleura.
Hay diferentes estructuras que entran y salen de los pulmones y que realizan distintas funciones.

Mediante el movimiento de fuelle del tórax, los pulmones aspiran el aire del ambiente atmosférico para extraer el oxígeno y expulsan el aire del interior de los pulmones para eliminar el dióxido de carbono o anhídrido carbónico (CO2). El aire inspirado pasa por la laringe y la tráquea desde donde se distribuye a través de los bronquios a los pulmones.

La tráquea, que lleva el oxígeno procedente de la boca y las fosas nasales,a la altura de los pulmones se divide en dos conductos o tubos, son los bronquios.

Los bronquios, ya en el interior de los pulmones, son las 'tuberías' por donde circula el aire y se ramifican en múltiples conductos, llamados bronquiolos.

Los bronquiolos poseen unas terminaciones con forma de racimo de uvas, minúsculas, que se denominan alvéolos. Estos son unas pequeñas cavidades que están en contacto con los vasos sanguíneos que irrigan los pulmones.

Existen otras estructuras que son las venas y las arterias que se encargan de transportar la sangre desde los pulmones al organismo y desde éste a los pulmones.

La sangre llega hasta los alvéolos y allí es donde se intercambian los gases, dejando el dióxido de carbono en los pulmones para ser expulsado y el oxígeno en la sangre para que lo lleve al resto del organismo.

CAUSAS

El hábito de fumar tabaco es la causa principal en el 90% de los casos de cáncer de pulmón, tanto en varones como en mujeres. Décadas atrás, este tipo de tumor era mucho menos frecuente en las mujeres y, cuando aparecía, era más probable que no estuviese relacionado con el tabaco. Estas diferencias van desapareciendo rápidamente, lo que refleja la incorporación femenina al tabaquismo en los años previos.

Otra parte de este tipo de cáncer se debe a sustancias inhaladas y que se encuentran en el lugar del trabajo; un fenómeno relacionado con el 10%-15% de cáncer de pulmón en los varones y el 5% en las mujeres. Las más importantes de estas sustancias son los asbestos, como los que se emplean en las fábricas de amiantos.

El cáncer de pulmón también puede estar causado por radiaciones recibidas en el tórax, como los tratamientos con radioterapia empleados para tratar el cáncer de mama y los linfomas. El intervalo entre la exposición a las radiaciones y la aparición del cáncer suele ser muy largo, en torno a los 20 años. El mayor riesgo lo sufren las personas que se trataron hace muchos años, con aparatos antiguos, y fumaron durante los años siguientes. El riesgo con los equipos modernos de radioterapia es muy bajo.

Los factores hereditarios apenas tienen relación con el cáncer de pulmón.

Factores de riesgo

La nicotina potencia el efecto cancerígeno de las otras sustancias procedentes del humo del tabaco y los efectos de los carcinógenos en el medio ambiente.
La nicotina actúa sobre el mecanismo de apoptosis, o muerte celular, impidiendo que las células se suiciden. Cuando se trata de células cancerígenas hace lo mismo con lo cual provoca o estimula la formación de cáncer.

Además del tabaco, existen otras sustancias, mencionadas anteriormente, que se detallan ahora:

Asbesto: las personas que trabajan con asbesto tienen siete veces más posibilidades de sufrir cáncer que las que no mantienen contacto con esta sustancia. Estas personas sufren un tipo de cáncer denominado mesotelioma, que se da en la pleura. En los últimos años, los gobiernos han prohibido que se emplee este material para los productos comerciales e industriales. Si se combina la exposición a asbesto con el hábito de fumar, se aumentan las probabilidades de sufrir cáncer de 50 a 90 veces.

Agentes causantes de cáncer en el trabajo: un grupo de riesgo laboral son los mineros. Éstos trabajan con materiales que al ser inhalados puede dañar sus pulmones. Tales sustancias son minerales radiactivos como el uranio, y los trabajadores expuestos a productos químicos tales como el arsénico, el cloruro de vinilo, los cromatos de níquel, los productos derivados del carbón, el gas de mostaza y los éteres clorometílicos. Las personas que trabajan en estas condiciones deben tener mucho cuidado de evitar la exposición a dichos agentes.

Otro tipo de factores serían aquellos que han producido algún daño en el pulmón y que predisponen a padecer un cáncer, como haber sufrido tuberculosis, silicosis o berilosis (enfermedades, estas dos últimas, causadas por inhalación de ciertos minerales).

Otro motivo que favorece el crecimiento de células cancerígenas sería el exceso o déficit de vitamina A.

Observando los factores de riesgo parece fácil la prevención de esta enfermedad. El no fumar o el dejar de hacerlo, es la medida más eficaz en la prevención de este cáncer.

TIPOS DE CÁNCER DE PULMÓN

El cáncer de pulmón se clasifica por el tipo de célula que produce el tumor. El 90% de ellos son de células pequeñas o de células no pequeñas. El 10% restante está compuesto por clases muy infrecuentes, como la mixta, los carcinoides o los tumores neuroendocrinos.

Por otro lado, el pulmón es un lugar muy frecuente para la aparición de metástasis. Pero éstas no son verdaderos tumores de pulmón, sino siembras de cánceres de otros órganos, como la mama o el intestino.

Cáncer de pulmón de células pequeñas (microcítico)
Recibe este nombre por el tamaño de las células vistas a microscopio. Se relaciona casi invariablemente con el hábito de fumar y se estima que alrededor del 20% de todos los cánceres son de células pequeñas. Éstas se multiplican rápidamente y se pueden formar grandes tumores; además su capacidad de extenderse a otros órganos es mayor. El de células pequeñas es, casi siempre, un tumor muy agresivo.

Las metástasis suelen afectar a los siguientes órganos: ganglios linfáticos, huesos, cerebro, glándulas suprarrenales e hígado. El tumor primario generalmente se origina cerca de los bronquios y se expande hacia el centro de los pulmones.


Cáncer de pulmón de células no pequeñas
Este tipo de cáncer representa casi el 80% del total de los cánceres de pulmón. Se extiende más lentamente que el de células pequeñas y, ocasionalmente, puede aparecer en personas que no fuman.

Hay algunas variedades de cáncer no-microcítico de pulmón. Las dos más comunes son el carcinoma escamoso o epidermoide y el adenocarcinoma. El primero es el más común y, como el microcítico, suele nacer de la profundidad del pulmón, en el centro del pecho. El adenocarcinoma es más raro y suele ser la clase de tumor pulmonar que padecen las personas no fumadoras. Tiende a nacer de las partes más periféricas del pulmón, cerca de la pared del tórax.

ETAPAS DEL CÁNCER

Los cánceres de pulmón no microcíticos se clasifican en varias etapas o fases siguiendo un sistema bastante complejo conocido por las siglas TNM. La estadificación del tumor es muy importante porque permite, en primer lugar, distinguir a los pacientes curables de los que no lo son y, en segundo, calcular la probabilidad de curarse.

La T hace referencia al tamaño del tumor. Se clasifica entre T1 y T4, según el tumor sea más voluminoso o afecte estructuras cercanas importantes como los bronquios principales, las arterias o el propio corazón.

La N indica si están o no afectados los ganglios linfáticos cercanos. N0 significa que no lo están. La afectación de los ganglios es un factor pronóstico muy importante que se gradúa de N1 a N3. En particular es vital conocer si están o no invadidos los ganglios más centrales del tórax, una región conocida como mediastino. Por regla general, la afectación del mediastino significa que el tumor es inoperable.

La M indica si no hay metástasis (M0) o, por el contrario, si el cáncer ya se ha ramificado a órganos lejanos (M1)

Gráfico interactivo sobre el cáncer de pulmón

* Véalo en imágenes: Gráfico interactivo



Etapas del cáncer del pulmón de células pequeñas

La clasificación de los tumores microcíticos de pulmón es mucho más simple. En este tipo de cáncer se habla de etapa limitada y de etapa extensa.

La etapa limitada significa que el tumor se encuentra limitado en el hemitórax de origen, el mediastino y los ganglios supraclaviculares. Esto sería un campo tolerable para el empleo de radioterapia.

La etapa extendida es aquella en la que el cáncer está demasiado diseminado para ser incluido dentro de la definición de etapa limitada, es decir, el cáncer se ha extendido al otro pulmón, a los ganglios linfáticos del otro pecho, a órganos distantes, etc.

Los pacientes que tienen una etapa limitada del cáncer podrán ser tratados eficazmente con radioterapia. En los que tienen una etapa extensa, no es tan aplicable la radioterapia.

ESTADÍSTICAS

El cáncer de pulmón representa el 13,4% de los nuevos casos de cáncer y es el motivo más frecuente de mortalidad por cáncer, es el tipo más frecuente en el mundo desarrollado. En España el cáncer de pulmón es la causa de la muerte del 8,3% de los españoles (1 de cada 12 hombres fallece por un cáncer de pulmón en España) y del 1,3% de las mujeres. Mueren más personas a causa del cáncer de pulmón que de cáncer de mama, de colon y de próstata juntos. Concretamente en nuestro país se diagnostican 19.000 nuevos casos de cáncer de pulmón al año.

El número de hombres que mueren a causa de este cáncer está disminuyendo en Norteamérica debido a que hay un mayor número que dejan de fumar.
En la mujer norteamericana ha crecido la mortalidad desde 1950, por este tipo de cáncer, un 550%. Esta proporción es menor en España porque la mujer empezó más tardíamente a fumar de forma general.

En el Reino Unido como en EE.UU., el cáncer de pulmón causa mayor número de muertes que el cáncer de mama desde el año 1987. En Norteamérica muere cada año 150.000 mujeres por enfermedades relacionadas con el tabaco, de éstas 41.000, mueren por cáncer de pulmón y 10.000, por otros cánceres. En este año habrá alrededor de 169.000 nuevos casos de muertes por cáncer de pulmón.

La tasa de supervivencia a un año (tiempo durante el cual no hay enfermedad), en 1995, es de un 41%. Este porcentaje disminuye a un 14%, si se habla de supervivencia a cinco años. Esta tasa aumenta a un 42% si el cáncer se detecta a tiempo.

El 90% de las personas que padecen esta enfermedad son fumadoras, y aunque sólo el 5-10% de los fumadores padece cáncer, sus probabilidades de desarrollar la enfermedad son quince veces mayores que en los no fumadores.

DETECCIÓN Y SÍNTOMAS

Los síntomas del cáncer de pulmón no suelen aparecer en los primeros estadios sino que surgen cuando ya se ha extendido demasiado como para aumentar las probabilidades de curación. De hecho, desde que se produce la primera célula maligna hasta que una persona consulta por primera vez al médico ante los síntomas de la enfermedad pueden pasar muchos años.

Entre los síntomas más frecuentes están:

- Tos insistente.

- Dolor en el pecho que aumenta al respirar.

- Pérdida de peso y apetito.

- Falta de aliento.

- Respiración jadeante o con silbido.

- Esputos con sangre o coloración rojiza (flemas).

PRUEBAS DIAGNÓSTICAS

Sólo un 15% de este tipo de cáncer se diagnostica en estadios iniciales, esto es debido a que los síntomas no aparecen hasta que la enfermedad está avanzada. Si no hay afectación ganglionar en el momento de la cirugía, el índice de supervivencia a cinco años es de un 50%. Si se consideran globalmente todos los casos, el índice de supervivencia se reduce a un 14%.

Existen diferentes pruebas diagnósticas que visualizan los tumores pulmonares en distintos estadios.

El médico utilizará uno o varios métodos para detectar el cáncer si existe sospecha previa. El historial médico del enfermo es lo primero que se realizará para valorar los antecedentes personales y familiares. El médico preguntará por la existencia de cánceres y otras enfermedades en la familia, por el consumo de tabaco, la exposición ambiental o profesional a sustancias productoras de cáncer de pulmón y por las posibles enfermedades respiratorias o de otro tipo que padezca el enfermo.

La exploración física se hará teniendo en cuenta los síntomas que refiere el enfermo y, con ella, se podrán obtener datos que pueden ayudar al diagnóstico de cualquier enfermedad.

El análisis de sangre mostrará si hay alguna alteración celular a nivel de otros órganos como por ejemplo el hígado.

Los estudios radiológicos se pueden realizar mediante varias técnicas, si no se visualiza bien con una prueba, o si hay alguna duda en el diagnóstico. Estas pruebas dan información sobre la etapa en la que se encuentra el cáncer. También son útiles para comprobar si el cáncer se ha extendido a otras partes del cuerpo.

Las pruebas que se utilizan son:

- Radiografía de tórax con la que se puede ver alguna masa o mancha en los pulmones y establecer razonablemente la probabilidad de que sea un cáncer. Esta prueba se realiza en dos proyecciones, una de frente y otra de perfil. En más del 95% de los casos de cáncer sus resultados son anormales.

- TAC: Consiste en una emisión de rayos X desde distintas perspectivas y con la que se observa todo el cuerpo. Es una prueba sencilla que suele durar algo más de 15-30 minutos. Esta es más sensible que la radiografía y con ella se detecta mejor el cáncer en etapas iniciales. También sirve para comprobar si existen metástasis en otros órganos: hígado, glándulas suprarrenales, cerebro etc. Es la prueba de imagen más utilizada y rentable en el estudio de esta enfermedad. Sin embargo, algunas veces se requiere completar el estudio del TAC con otras pruebas más sensibles para determinadas localizaciones del cáncer de pulmón: resonancia nuclear magnética (RNM) cerebral o de columna vertebral, ecografía hepática, gammagrafía ósea etc.

- La resonancia magnética se utiliza para tomar imágenes transversales detalladas. Esta técnica emplea los campos magnéticos y los espectros emitidos por el fósforo en los tejidos corporales y los convierte en imagen. Con ella se puede observar la vascularización del tumor. Son imágenes más precisas con las que se puede observar la propagación del cáncer al cerebro o a la médula espinal. No suele ser demasiado útil para explorar los pulmones.

(* Véalo en imágenes)

- La tomografía por emisión de positrones (PET, sus siglas en inglés): consiste en inyectar un radio fármaco combinado con glucosa y éste será captado por las células cancerosas, de existir un cáncer, que consumen más glucosa. El radio fármaco hará que se localicen las zonas donde se encuentre el tumor. En el caso concreto del cáncer de pulmón, se emplea algunas veces para despejar alguna duda sembrada por la TAC, pero no es necesaria la mayoría de las veces.

- Citología del esputo: se analizará el primer esputo o flemas de la mañana con el microscopio para observar si contiene células malignas. Es una prueba sencilla y muy rentable en los cánceres de pulmón localizados en los bronquios.

- La biopsia del tejido se precisará para confirmar el diagnóstico. Esta prueba consiste en tomar una muestra del tejido sospechoso y analizarlo al microscopio. La biopsia puede realizarse mediante la introducción de un tubo, un broncoscopio, por la nariz hasta donde se encuentre la masa en el pulmón. Si por las características del enfermo no se puede realizar este tipo de biopsia, se realizará una pequeña intervención quirúrgica para extraer el tejido. Después de analizarlo, se podrá determinar el tipo de tumor y el estadio y así establecer el tratamiento adecuado. Se pueden realizar biopsias para analizar el tejido de otras zonas, como por ejemplo los ganglios linfáticos, si hay sospecha de metástasis.

- Mediastinoscopia y mediastinostomía: La mayor parte de las veces, la TAC se basta para proporcionar la información esencial sobre si los ganglios del mediastino, en el centro del pecho, están o no afectados. Si existen dudas, se recurre a la mediastinoscopia. Esta exploración se realiza bajo anestesia general, introduciendo por detrás del esternón, a través de una pequeña incisión realizada en la base del cuello, un tubo dotado de sistema óptico y pinzas de biopsia.

- Análisis de sangre: permite apreciar si algunos valores funcionales u orgánicos están alterados a causa de la enfermedad y ayudan además a determinar las condiciones orgánicas de la persona de cara al tratamiento.

TRATAMIENTO

El tratamiento para estos pacientes consistirá en una combinación de varias técnicas que son la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia. Cada una de ellas será más eficaz que el resto según sea el tipo de cáncer y la etapa en la que se encuentre. De hecho, el tratamiento depende de cuatro circunstancias: del tipo y el grado de diseminación del tumor, del estado de salud del paciente y del estado funcional de los diversos sistemas del organismo (corazón, hígado, riñón, neurológico etc.).

La cirugía es la modalidad de tratamiento con más probabilidades de resultar curativa, por lo tanto, se recurre a ella siempre que la totalidad del cáncer se pueda extirpar y el estado respiratorio del paciente tolere la eliminación de la porción de pulmón que es necesario extirpar.

Los cánceres microcíticos de pulmón rarísima vez se operan, puesto que casi siempre se diagnostican en fase extensa, cuando sólo la limitada es operable. Aproximadamente, la mitad de cánceres no microcíticos de pulmón se pueden extirpar dada su extensión. Para ello es esencial que no existan metástasis y que los ganglios de la zona central del pecho (mediastino) estén libres de tumor, así como que el tumor no haya invadido estructuras inextirpables como la traquea, la arteria aorta o las pleuras.


Se puede extirpar sólo una pequeña porción de pulmón, si está muy localizado el tumor, que se denominará resección en cuña o segmentectomía.

Si se extirpa un lóbulo del pulmón, se llamará lobectomía.

Si se quita todo el pulmón, se habla de neumonectomía.

El paciente tras la operación estará ingresado durante una o dos semanas. Algunos necesitarán fisioterapia respiratoria para recuperar pronto su capacidad pulmonar habitual.

Tras este período regresará a su casa con algunas limitaciones impuestas.
Entre las posibles complicaciones de la intervención están las hemorragias, la infección de las heridas y las neumonías.

La radioterapia emplea radiaciones X de alta energía para destruir las células cancerosas. Se utiliza un aparato llamado acelerador lineal que envía los rayos sólo a la zona afectada.

Este tratamiento se utiliza, a veces, como primario o principal en aquellos pacientes que no pueden someterse a una cirugía. En este caso, no se pretende curar sino retardar la evolución de la enfermedad, aunque algunos casos excepcionales se llegan a curar sin operación, sólo con la radioterapia.

La radioterapia en el pulmón se suele emplear para aliviar una obstrucción de las vías respiratorias principales debido al cáncer.

Cuando se emplea la radioterapia como tratamiento secundario, tras la cirugía, se utiliza sobre todo para destruir aquellas células que no se hayan podido extirpar.

Otra utilidad para la que se emplea la radioterapia es para aliviar los síntomas que provoca el cáncer, como son el dolor, la dificultad para tragar, etc.

 

La quimioterapia es la primera opción de tratamiento en la mayoría de casos de cáncer de células pequeñas. Es capaz de controlar fácilmente los síntomas, que suelen ser muy acusados en esta clase de cáncer. Sin embargo, las curaciones son excepcionales y la mayoría de los casos recaen pasados uno o dos años.

No todos los enfermos podrán ser intervenidos quirúrgicamente pues dependerá de si tienen suficiente capacidad respiratoria como para soportar una escisión de parte o de la totalidad del pulmón y de cómo sea su estado general.

En el cáncer de pulmón, suele emplearse una combinación de medicamentos quimioterápicos. Algunos de estos fármacos pueden administrarse por boca o por vena. Cuando llegan al torrente sanguíneo, estos medicamentos se expanden por todo el organismo y actúan contra las células cancerosas, destruyéndolas. Por este motivo, es muy útil en aquellos cánceres que se han extendido a otras áreas.

La quimioterapia puede administrarse como tratamiento principal o como terapia de ayuda a la cirugía. En muchas ocasiones, la quimio se administra antes de la cirugía, con la intención de reducir el volumen del tumor y allanar el camino al cirujano. Incluso a veces, algunos cánceres de pulmón inoperables se convierten en operables tras algunos meses de quimioterapia. También es posible recibir quimioterapia después de la cirugía, incluso cuando todo el tumor se ha extirpado con éxito. La razón es que con esta estrategia se evita un porcentaje de recaídas y acaban curándose más pacientes a largo plazo. Se conoce a esta clase de tratamiento oncológico como quimioterapia adyuvante.

La elección del tratamiento de primera o segunda línea depende del tipo de cáncer, y varía entre el cáncer de células no pequeñas,o bien de células pequeñas.

Los efectos secundarios más frecuentes que se presentan como consecuencia del empleo de quimioterápicos son: náusea y vómito, pérdida del apetito, pérdida del cabello y llagas en la boca. Junto a los medicamentos quimioterápicos, se emplean otros que disminuyen o hacen desaparecer los efectos secundarios de los primeros.

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TRATAMIENTO PARA CADA TIPO DE CÁNCER Y ETAPA

Cáncer de pulmón de células pequeñas

Etapa 0
En esta etapa no se requiere quimioterapia ni radioterapia. La cirugía puede eliminar por completo el cáncer. El tipo de cirugía es una segmentectomía, es decir, la extirpación de una cuña de pulmón.

Etapa I
Generalmente se emplea la segmentectomía, para los tumores más pequeños o para pacientes con peor condición física, o la lobectomía para eliminar el
tumor.

La eficacia de la quimioterapia como tratamiento adyuvante, se está comprobando en estudios clínicos. Aunque es útil para aquellas micrometástasis que no se han detectado y que no han sido eliminadas con la cirugía.

Si el tumor está en el borde del tejido pulmonar, probablemente no se hayan extirpado todas las células cancerosas, por lo que se recomienda la radioterapia.

La radioterapia se puede emplear como tratamiento principal si el paciente, por su estado general, no puede someterse a cirugía. El índice de supervivencia a cinco años en esta etapa es de un 65%.

Etapa II
Se emplea la cirugía: segmentectomía o lobectomía.

La radioterapia puede utilizarse después de la cirugía para asegurar que no quede ninguna célula cancerosa. También puede emplearse como tratamiento principal, en aquellos pacientes que no puedan ser intervenidos quirúrgicamente por problemas de salud. La quimioterapia puede emplearse después de la cirugía o de la radioterapia.

El índice de supervivencia para los pacientes que se encuentra en esta etapa del cáncer es de un 40%.

Etapa IIIA
El tratamiento en esta etapa dependerá del lugar donde se encuentre localizado el tumor en el pulmón y de si están afectados los ganglios linfáticos.

Se suele emplear quimioterapia antes de la cirugía para disminuir el tamaño del tumor, para que sea más fácil su extirpación completa.

Cuando no pueda utilizarse la cirugía para extirpar el tumor, se administrará radioterapia. A veces se empleará la braquiterapia que consiste en pasar un láser a través de un broncoscopio para destruir parte del cáncer dentro de la tráquea.

Los índices de supervivencia oscilan entre un 10% a un 20% aunque determinados pacientes, como los que no tienen extendido el cáncer a los ganglios linfáticos, tienen mejor pronóstico.

Etapa IIIB
Debido a que en esta etapa el cáncer se encuentra muy extendido, la cirugía no es eficaz. Puede utilizarse la quimioterapia junto con la radioterapia. O cada una por separado.

El índice de supervivencia está entre el 10% y 20% en aquellos pacientes que gozan de un estado de salud bueno y que pueden someterse a una combinación de ambos tratamientos. Los que no puedan, su índice está en el 5%.

Etapa IV
La finalidad del tratamiento en esta etapa es paliar los síntomas de la enfermedad. No se pretende una curación pues el cáncer se ha extendido a zonas distantes.

Se utilizará quimioterapia o radioterapia para disminuir síntomas como dolor de huesos, síntomas debidos a afectación del sistema nervioso, etc.
Cáncer de pulmón de células pequeñas

Etapa limitada
Por lo general, se emplea la quimioterapia como tratamiento principal, con el uso de varios fármacos combinados.

Junto a la quimioterapia se emplea la radioterapia al tórax. A los pacientes que responden bien al tratamiento inicial se les administra, de forma preventiva, radioterapia en la cabeza. Esto es así porque el cerebro es uno de los lugares donde frecuentemente aparecen metástasis.

En la mayoría de pacientes, estos tumores remiten con el tratamiento, pero al poco tiempo vuelven a aparecer volviéndose resistente al tratamiento. El índice de supervivencia de dos años en la etapa limitada, es de un 40% a un 50%, pero se reduce de un 10% a un 20% para cinco años.

Se están realizando muchos estudios para comprobar la eficacia de otros tratamientos tales como la inmunoterapia o la terapia genética.

Etapa extensa
El pronóstico en esta etapa es muy malo si no se trata el cáncer. La quimioterapia puede utilizarse para tratar los síntomas y alagar la supervivencia a corto plazo.

El tratamiento con dos o más medicamentos puede reducir los tumores en alrededor del 70% al 80% de estos pacientes. También se utiliza la radioterapia para controlar los síntomas y para prevenir la aparición de metástasis en el cerebro.

La cirugía con láser se emplea para aliviar la obstrucción de las vías respiratorias en aquellos pacientes que, por su estado general, no pueden someterse a una cirugía quirúrgica. El pronóstico de supervivencia a los cinco años después de haberse descubierto el cáncer, es menor de un 4%.

Los pacientes que tengan su estado de salud muy deteriorado y que no puedan someterse a quimioterapia, su tratamiento se reducirá a fármacos para aliviar el dolor.

Seguimiento

Cuando el cáncer de pulmón se ha controlado mediante el tratamiento, se inicia un proceso de revisiones periódicas que tiene como finalidad principal poder detectar a tiempo una posible recaída. Además, con esta vigilancia también se valoran las posibles secuelas del tratamiento, y se aporta al enfermo el apoyo psicológico necesario.

En cada revisión se interroga al paciente acerca de sus síntomas, se realiza una exploración física detallada y se solicitan análisis y exploraciones con radiografías, ecografías etc. en función de las posibilidades diagnósticas de recaída o progresión del cáncer. A medida que pasa el tiempo las recaídas son menos probables y las revisiones se espaciarán, aunque siempre es conveniente hacer una al año para controlar la aparición de otros nuevos cánceres, bien en el pulmón o bien en otros órganos del cuerpo.


DE VEJIGA

¿QUÉ ES?

El cáncer de vejiga se produce cuando se desarrollan células malignas en el revestimiento de este órgano.

La orina pasa de los riñones a la vejiga a través de los uréteres que tienen forma de tubo.

La vejiga es una estructura circular musculosa que se abre para dejar paso a la orina. Va adaptando su tamaño a medida que se incrementa el volumen de orina y cuando se llena, envía señales nerviosas al cerebro que transmite la necesidad de orinar.

El cáncer de vejiga es más frecuente en el hombre que en la mujer, como tres veces más. Lo que refleja su estrecha relación con el tabaquismo.

En los últimos años, se ha visto un aumento del número de casos en las mujeres españolas, un fenómeno que se debe principalmente al incremento de las mujeres fumadoras y la incorporación de ésta al mundo laboral e industrial.

Es el segundo en frecuencia entre los cánceres urogenitales, siendo el primero el cáncer de próstata en varones. En la mujer ocupa el primer lugar.

El cáncer de vejiga representa el 2% de todos los cánceres. Es más frecuente en los países industrializados.

CAUSAS

Entre los factores de riesgo implicados en la aparición del cáncer de vejiga destacan los siguientes:

- El consumo de tabaco que es el factor de riesgo individual más fuerte y la causa subyacente de al menos la mitad de todos los casos. Los carcinógenos del humo del tabaco se absorben desde los pulmones a la sangre. Los riñones filtran muchas de estas sustancias, incorporándolas a la orina para excretarlas. Los carcinógenos, concentrados en la orina, permanecen largo tiempo en contacto con la membrana mucosa que reviste la vejiga. Entre un cigarrillo y otro, un fumador realiza muchas inhalaciones de aire limpio que lava sus bronquios, por lo que el tabaco afecta al interior del pulmón sólo mientras dura el consumo del cigarrillo. En cambio, entre dos visitas al cuarto de baño para orinar, es posible que ese mismo fumador haya consumido dos o tres pitillos, al menos. Cuando vacía la vejiga de orina repleta de cancerígenos, no se llena con orina limpia, sino igualmente contaminada. Se calcula que la vejiga de un fumador de medio paquete de cigarrillos está en contacto con orina contaminada por carcinógenos el cien por cien del tiempo.

- La exposición a determinadas sustancias industriales como disolventes y colorantes.

- Algunos trabajos que requieren la exposición o el contacto con determinadas sustancias o materiales como son los tintes y aceites industriales, la industria textil, cuero, caucho, pintores, industrias químicas y trabajadores del aluminio. Todos estos productos entran en el organismo por inhalación, al igual que el tabaco. El cumplimiento de las normas de seguridad en el trabajo en cuanto a ventilación, filtros y mascarillas elimina la mayor parte del riesgo.

- La esquistosomiasis, una infección (rarísima en Europa) producida por parásitos, produce una irritación crónica en la vejiga que puede originar un cáncer.

- Las infecciones urinarias repetidas producen una irritación de la pared de la vejiga que parece que puede ocasionar predisponer al cáncer, aunque esto no está completamente comprobado.

SÍNTOMAS Y DIAGNÓSTICO

No existe una sintomatología específica en el cáncer de vejiga aunque la mayor parte de las veces se detecta por la presencia de sangre en la orina.

A veces la sangre no se ve en la orina pero se puede confirmar su presencia con un examen microscópico rutinario de orina.

Otras manifestaciones que pueden aparecer son:

Escozor o dolor durante la micción y la necesidad urgente y frecuente de orinar. Estos síntomas son muy parecidos a los de una simple infección de orina. Incluso pueden surgir juntas estas dos alteraciones, la infección y el cáncer. Se sospechará de cáncer de vejiga cuando no mejoren los síntomas de la infección de orina tras someterse a un tratamiento antibiótico.

También se pueden dar síntomas obstructivos que pueden llegar a la incapacidad de orinar o retención urinaria.

Para el diagnóstico se precisa de las siguientes pruebas:

La citología o examen microscópico de la orina puede detectar la presencia en ella de sangre y células anormales.

La ecografía abdominal permite valorar la presencia de un tumor en la vejiga, localizarlo, comprobar su tamaño y si existe obstrucción en la vejiga.

Una cistoscopia consiste en introducir un endoscopio (tubo con una lámpara eléctrica y un sistema óptico) en el interior de la vejiga, a través de la uretra, para visualizarla. Con esta prueba se visualiza directamente el tumor, su tamaño y situación. Se pueden tomar muestras del tejido de la vejiga distante al tumor, del tumor y de la orina para ver si contiene células cancerosas. Una vez, que se confirma el diagnóstico, tras la biopsia realizada por el patólogo, se puede extirpar el tumor a través del propio endoscopio, si no está demasiado desarrollado.

La tomografía computerizada (TAC o escáner) consiste en una emisión de rayos X desde distintas perspectivas y con la que se puede observar todo el cuerpo. Esta prueba es útil para comprobar la extensión del cáncer a otras zonas.

ETAPAS DEL CÁNCER

Establecer las etapas en las que se encuentra la enfermedad es muy importante pues según sea ésta, así establecerá el médico un tratamiento u otro.

Etapa 0 o carcinoma in situ
El cáncer se encuentra en su estadio inicial. Sólo está presente en el revestimiento interno de la vejiga, es muy superficial.

Etapa I
El tumor se ha diseminado por el tejido interno de la vejiga pero no ha afectado a la pared muscular.

Etapa II
Los músculos de la vejiga están afectados por el cáncer.

Etapa III
El cáncer se ha extendido a la pared muscular de la vejiga, al tejido que la rodea e incluso a los órganos reproductores cercanos. El médico puede palpar una inflamación después de la extracción del tumor.

Etapa IV
Las células cancerosas se han diseminado a la pared del abdomen o a los ganglios linfáticos del área. También se han podido diseminar a otras zonas del cuerpo más lejanas, como los pulmones, el esqueleto o el hígado.

Recurrente
Esta etapa se produce cuando la enfermedad vuelve a aparecer cuando ya ha sido tratada. Puede aparecer en el mismo sitio o en otra parte del cuerpo.

TRATAMIENTO Y PRONÓSTICO

Existen cuatro tipos de tratamientos para el cáncer de vejiga que son:

Cirugía: consiste en extraer, a partir de una intervención quirúrgica, el cáncer de la vejiga. Se pueden utilizar varios métodos:

- Resección transuretral: se emplea un citoscopio insertado en la vejiga a través de la uretra. En el extremo irá incorporado un sistema que permita cortar el tumor y retirarlo. También puede llevar un sistema con electricidad de alta energía que queme el cáncer. Sólo se puede aplicar a tumores que no son demasiado grandes o profundos y que no están dispersos en varios focos por el interior de la vejiga. Su gran ventaja es que se mantiene la vejiga y se puede seguir orinando de la manera natural.

- Cistectomía segmentada: se extrae la parte de la vejiga donde se encuentra el cáncer. Se utiliza cuando el cáncer se encuentra limitado a una zona de la vejiga, aunque no es un tipo de cirugía muy común.

- Cistectomía radical: se extrae la vejiga y el tejido que la rodea. En mujeres se extirpa el útero, los ovarios, las trompas de Falopio, parte de la vagina y la uretra. En los hombres, la próstata y las glándulas que producen los fluidos que componen el semen y, a veces, se extirpa también la uretra. Los ganglios linfáticos pélvicos también pueden extirparse. Cuando se extirpa la vejiga hay que reconstruir el flujo de la orina de algún modo. La forma más simple y común de hacerlo es derivar los uréteres (los conductos que conducen de los riñones a la vejiga) a un orificio o urostomía practicado en la pared del abdomen. Algunas urostomías manan orina de forma continua, por lo que es necesario llevar una bolsa especial para recogerla. En otros casos, la urostomía es continente, lo que quiere decir que retiene la orina y el paciente ha de aprender a sondar el orificio varias veces al día para extraerla. En otras ocasiones, el urólogo trata de fabricar una vejiga nueva o neovejiga empleando parte del intestino. Así, se evita la urostomía y se sigue orinando por la vía natural. De todos modos, el funcionamiento de la neovejiga jamás es tan perfecto como el de la vejiga original.


Radioterapia: emplea radiaciones X de alta energía para destruir las células cancerosas. Se utiliza un aparato llamado acelerador lineal que envía los rayos sólo a la zona afectada. Se pueden emplear materiales que producen radiación a través de tubos plásticos delgados aplicados al área donde se encuentran las células cancerosas. En algunas ocasiones se usa como sustituto de la cirugía, para curar el cáncer sin extirpar la víscera; en otras, es un complemento a la operación para disminuir la posibilidad de recaer; por último, la radioterapia puede emplearse como tratamiento paliativo que mejore los síntomas de los casos incurables

Quimioterapia: consiste en el empleo de medicamentos para destruir las células cancerosas. Estos fármacos se administran por vía intravenosa en forma de goteros. La quimioterapia puede utilizarse después de la intervención quirúrgica para intentar eliminar los residuos microscópicos que pudieran haber quedado y, así, disminuir la probabilidad de recaídas.

Terapia intravesical: Se emplean dosis pequeñas de quimioterapia o de otros productos biológicos que se introducen en el interior de la vejiga mediante una sonda. Estas instilaciones se repiten varias veces después de las resecciones transuretrales para evitar las recaídas.



PRONÓSTICOS
Más de un 70% de los tumores superficiales suelen dar recidivas locales en los cinco primeros años. Tan sólo hay un 20% de éstos que derivan a un cáncer invasor.

El pronóstico depende del estadio siendo peor en aquellos tumores en los que hay afectación ganglionar o metástasis a distancia. El índice de supervivencia a cinco años, en estos casos, oscila entre el 10-20%.


DE PIEL

¿QUÉ ES?

El cáncer de piel es una enfermedad producida por el desarrollo de células cancerosas en cualquiera de las capas de la piel.

Existen dos tipos: el tipo no melanoma y el melanoma.

El cáncer de tipo no melanoma es el más frecuente y se denomina no melanoma porque se forma a partir de otras células de la piel que no son las que acumulan el pigmento (los melanocitos). Dentro de este tipo se encuentran todos los cánceres de piel menos el melanoma maligno que es menos frecuente y más maligno y que se explica más adelante.

El cáncer de piel se da más en las personas de piel blanca y que han pasado mucho tiempo expuestas a los rayos solares, sobre todo cuando la exposición solar tuvo lugar durante la infancia y se produjeron numerosas quemaduras solares. Aunque puede aparecer en cualquier parte de la piel, es más frecuente que se presente en la cara, cuello, manos y brazos.

Este cáncer es uno de los más frecuentes de todos los tipos de cáncer, y se calcula que se diagnostican dos millones de casos nuevos al año en el mundo.

En los últimos años, la incidencia del melanoma maligno ha aumentado espectacularmente, se ha multiplicado por 3,3 en varones y por 2,5 en mujeres, en los últimos veinte años en España. A pesar de esto, representa menos del 3% de todos los tumores y las campañas de diagnóstico precoz han permitido que la mortalidad se reduzca un 30% desde los años setenta.

Se puede reconocer por un cambio en el aspecto de la piel, como una herida que no sana o una pequeña protuberancia. También puede aparecer una mancha roja, áspera o escamosa con tendencia a crecer.

Ante cualquier cambio o anormalidad de la piel, hay que acudir al médico. Éste puede extraer una muestra y analizarla (biopsia) para comprobar si es un tumor maligno o no.

TIPOS Y DESCRIPCIÓN

Cáncer de piel no melanoma

El carcinoma de células escamosas (o carcinoma epidermoide) se desarrolla en las capas intermedias de la epidermis y supone el 20% de todos los casos de cáncer de piel.

Aparece normalmente en áreas que han estado expuestas al sol, como la parte superior de la nariz, orejas, frente, labio inferior y dorso de las manos.

Puede darse también en aquellas zonas de la piel que hayan estado en contacto con productos químicos, que hayan sido sometidas a radioterapia, o que se hayan quemado. En el área genital, aparece con menor frecuencia.

Generalmente suele presentarse un abultamiento rojo y duro. A veces, puede tener un aspecto, escamoso, o sangrar y desarrollar una costra que nunca cura. A medida que aumenta de tamaño va teniendo forma nodular y, en ocasiones, presenta una superficie verrugosa. Al final, se convierte en una úlcera abierta y crece dentro del tejido subyacente.

A través del sistema linfático, puede extenderse a cualquier parte del cuerpo, aunque esto sucede muy pocas veces. Es un tumor con tendencia a crecer y a recaer en el mismo sitio, una vez extirpado. Pero no tiende a esparcirse.

El carcinoma de células basales es el tipo más común de cáncer de piel no melanoma. Alrededor del 75% de todos los tumores cancerosos de la piel son carcinomas de células basales.

Afecta a la capa inferior de la epidermis, formada por células basales. Y suele darse en aquellas zonas que han estado expuestas al sol, como la cabeza y el cuello.

Su crecimiento es lento y rara vez se extiende a otras partes del cuerpo por lo que es menos agresivo que el carcinoma de células escamosas. Aunque no por esto hay que dejar de tratarlo, ya que si no se hace, con el tiempo, se extenderá a los tejidos circundantes.

El aspecto que presenta es un pequeño abultamiento con una apariencia suave y brillante. Pero también puede tener forma de cicatriz, siendo firme al tacto. Generalmente se desarrolla de forma lenta aunque la velocidad varía de uno a otro.

No es infrecuente que vuelva a aparecer una vez que la persona ha sido tratada. Del 35% al 50% de las personas diagnosticadas, desarrollarán un nuevo cáncer de piel en un plazo de cinco años a partir del primer diagnóstico.

Otros tipos menos frecuentes:

+ Sarcoma de Kaposi: se origina en la dermis aunque también puede darse en los órganos internos.

El sarcoma de kaposis adopta dos formas:
Aquella que se suele desarrollar en las persona enfermas con el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) y en niños y jóvenes del África ecuatorial. Esta forma crece muy deprisa y suele afectar a los órganos internos.

Antes de la aparición de esta enfermedad, sólo la solían presentar ancianos de origen europeo mediterráneo. En estas personas crece de forma muy lenta sobre la piel y rara vez se propaga.

En los primeros el aspecto característico es una peca rosada, roja o púrpura de forma redondeada u ovalada, en cualquier parte del cuerpo aunque es más frecuente en la cara.

En los segundos, suele aparecer como una mancha de color violáceo o pardo oscuro en las piernas o en los dedos de los pies. Suele aumentar su profundidad ocasionando una úlcera sangrante. También puede diseminarse por la pierna.

+ Linfoma cutáneo, se produce cuando los linfocitos de la piel (células del sistema inmunológico o de defensa) se vuelven malignos. La dermis contiene un número considerable de linfocitos. El tipo más común de éstos, es el linfoma cutáneo de células T o micosis fungoide. Se desarrolla durante varios años, de forma muy lenta. En los estadios iniciales, se puede notar picor en la piel y presentar zonas oscuras y secas. Cuando la enfermedad se ha desarrollado se la denomina micosis fungoide.

Esta enfermedad puede extenderse a través de los vasos linfáticos a otros órganos como el pulmón, hígado, etc.

Cuanto más pronto se realice el diagnóstico, más posibilidades hay de curación.

+ Cáncer de piel melanoma
Esta enfermedad se desarrolla en los melanocitos, células de la piel que producen la melanina que le da color. Los melanocitos se encuentran en la epidermis, capa de la piel más externa.

El melanoma es el tipo de cáncer de piel menos común y más grave. Puede extenderse fácilmente a otras partes del cuerpo a través de la sangre o del sistema linfático. Si se diagnostica pronto, su pronóstico es mejor.

Se puede presentar a partir de lunares ya existentes, o como una formación nueva, pequeña y pigmentada, que aparece en una zona de la piel normal.
Habrá que consultar con el médico siempre que se note un cambio en el tamaño, forma o color de un lunar. O un lunar que está hinchado o que duele al tocarlo o que exuda o sangra.

Por lo general, en los hombres suele aparecer en el tronco y en las mujeres, es más frecuente en la parte inferior de las piernas. Estas personas suelen tener la piel clara. Puede aparecer en personas de piel más oscura, en zonas de las manos, planta de los pies, y debajo de las uñas. En algunos casos muy poco frecuentes, el melanoma puede aparecer en otros tejidos distintos de la piel, como el intestino o el interior del ojo.

El melanoma representa un 4% de todos los tipos de cáncer de piel. Pero, debido a su malignidad, es responsable de, aproximadamente, un 79% de las muertes por cáncer de piel.

El número de personas afectadas por este tipo de cáncer ha aumentado en los últimos años. En España se ha multiplicado por más de tres en varones y por algo más de dos en mujeres, en los últimos veinte años. En Estados Unidos, el número de casos se ha multiplicado por dos, desde 1973, y mueren aproximadamente unas 6.000 personas al año.

FACTORES DE RIESGO

La causa que provoca este tipo de cáncer no es del todo conocida. Sí que se han estudiado determinados factores que influyen en su aparición.

Factores ambientales
La exposición excesiva al sol influye en la producción de estos cánceres. Personas que trabajan en el exterior, como agricultores y marineros, presentan una mayor incidencia. Se suelen producir en la piel expuesta, frecuentemente en cabeza y cuello.

Aunque la luz solar ayuda a sintetizar las vitaminas A y D, la exposición excesiva, produzca o no quemaduras, aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de piel, incluyendo el melanoma maligno.

Existe una correlación entre el riesgo de melanoma y la latitud. También influye el período de tiempo durante el que ha vivido una persona en países de latitudes ecuatorianas, lo que significa una exposición excesiva al sol mantenida durante un período de la vida.

No sólo influye la exposición prolongada sino que una exposición intensa al sol, puntual, durante unas vacaciones por ejemplo, constituye un factor de riesgo de melanoma.

Los melanomas difieren de los tumores malignos de la piel de tipo no melanoma con respecto al sexo, edad y localización corporal. La mayor parte de los melanomas malignos cutáneos no ocurren en zonas que reciben la dosis ultravioleta acumulada mayor.

Aunque no se conoce exactamente cuál es el esquema más peligroso de exposición al sol, algunos estudios apoyan la hipótesis de que la exposición intensa e intermitente a la radiación ultravioleta de la piel que se encuentra normalmente protegida es la responsable de la formación del melanoma.

La edad también parece influir y las quemaduras producidas por el sol antes de los 15 años aumentan el riesgo de melanoma al doble.

* ENCUENTRO DIGITAL: Broncearse sin riesgo

Características físicas
Las personas de raza blanca de origen escocés, inglés o irlandés con el pelo rubio o rojizo, los ojos claros y abundantes pecas son especialmente susceptibles.

El melanoma es muy raro en la población negra u oriental siendo predominante, cuando se da, en zonas poco pigmentadas como las palmas y plantas y su pronóstico es peor.

La sensibilidad de la piel al sol y la dificultad para broncearse, aumenta el riesgo de melanoma.

La reacción cutánea a la luz solar se relaciona con factores como la pigmentación de la piel, el número de pecas en la infancia o edad adulta y el número de nevi (formaciones parecidas a lunares y que son tumores melanocíticos benignos), constituyendo todos ellos factores de riesgo para el melanoma maligno cutáneo.

La mayor incidencia de nevus en individuos de raza blanca conduce a la idea de que la radiación ultravioleta desarrolla un papel importante en el desarrollo de nevus. Se ha comprobado la existencia de mayor número de nevus en zonas de la piel expuestas al sol que en zonas protegidas, asociándose su aumento con una mayor propensión a quemarse que a broncearse, el número de quemaduras solares, la tendencia a las pecas y el estilo de vida relacionado con una mayor exposición solar. Una persona con piel sensible al sol, más de 150 nevus melanocíticos y algún nevus displásico (con aspecto microscópico similar a las células malignas del melanoma), podría presentar 50 veces más riesgo de melanoma que otra persona sin estas características.

Factores genéticos
El síndrome del epitelioma basocelular nevoide es un trastorno hereditario en el que los pacientes desarrollan un gran número de epiteliomas basocelulares desde la segunda década de la vida y que, finalmente, afectan a cualquier zona de la piel.

El xeroderma pigmentoso es un trastorno hereditario que se produce por una alteración en la reparación del ADN, se asocia también con la aparición de carcinomas cutáneos múltiples.

En el melanoma maligno cutáneo se ha descrito una predisposición familiar. El riesgo estimado de presentarlo es del 70% en pacientes con melanosis neurocutánea y distintos tipos de xeroderma pigmentosum, del 1% en hijos de pacientes con melanoma solitario no familiar y del 6% en familias con síndrome del nevus displásico e historia de dos o más melanomas malignos.
Inmunosupresión

Aquellas personas que han sido tratadas con medicinas que les deprimen su sistema inmunológico, tienen mayor predisposición a desarrollar un melanoma.

Sobreexposición a lámparas y cabinas bronceadoras
Las lámparas y cabinas bronceadoras son una fuente de radiación ultravioleta. Una exposición excesiva aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de piel.

Edad
Aproximadamente la mitad del número de casos de melanomas se presenta en personas mayores de 50 años.

Otros factores
La exposición a carcinógenos, los traumatismos o cicatrices, las lesiones por radiación crónica y las infecciones virales, son algunos de los factores predisponentes al cáncer de piel.

PREVENCIÓN

El principal factor de riesgo en este cáncer es una exposición excesiva a la radiación ultravioleta.

Evitar una intensa o prolongada exposición al sol, intentando no exponerse en horas en las que la radiación solar es mayor es la mejor medida de prevención que se puede utilizar.

Otras formas son la utilización de materiales que protejan aquellas zonas más delicadas como es el uso de sombreros, de gafas que absorban los rayos ultravioleta de un 99% a un 100%, o utilizar telas adecuadas para cubrir la piel. La mayoría de tejidos baratos con los que se confeccionan las prendas veraniegas de color claro no cuentas con filtros ultravioleta y dejan pasar gran parte de esta clase de radiación. Es conveniente ponerse crema con filtro solar en el tronco si se va a permanecer mucho tiempo al sol, aun con la camiseta puesta.

El uso de cremas protectoras solares reduce el peligro de la exposición. Deben utilizarse correctamente, hay distintos grados según sea el tipo de piel. Además, deben de emplearse con un tiempo de antelación a la exposición solar y reponerse después del baño en el mar o en la piscina.

Como se ha visto, las cabinas y las lámparas bronceadoras resultan peligrosas, por lo que deben usarse con precaución, evitando un bronceado excesivo.

Cuando se observe un lunar que ha cambiado de aspecto, o que sangra, se debe acudir al médico. Éste lo puede extirpar y realizar una biopsia para comprobar si es maligno o no.

Este tipo de cáncer puede prevenirse más que muchos otros. Siguiendo las anteriores instrucciones pueden disminuirse o anularse gran parte de los factores de riesgo, con lo que las posibilidades de padecer un cáncer de piel también disminuyen.

Principales medidas antes y durante la exposición solar
- Evitar el uso de productos cosméticos que contengan alcohol y perfumes.
- Elegir el protector solar adecuado, en función del tipo de piel, del lugar de aplicación y de las condiciones ambientales.
- Aplicar una buena cantidad del producto solar 30 minutos antes de tomar el sol, sobre la piel seca.
- Evitar tomar el sol sin protección entre las doce de la mañana y las cuatro de la tarde, en zonas de gran altitud, y en lugares próximos al ecuador.
- El agua, la nieve y la arena actúan reflejando los rayos solares y aumentando su intensidad. Es por este motivo, por lo que pueden producirse quemaduras incluso en la sombra.
- Las primeras veces que se tome el sol, se deberá emplear un factor de protección más elevado.
- Aún en los días nublados, hay que utilizar el protector solar.
- Hay que ingerir muchos líquidos para compensar la pérdida de líquidos debido a la exposición solar.
- Después de un baño, cuando se haya sudado mucho, o tras pasar dos horas de la anterior aplicación, habrá que volver a aplicar la crema protectora.
- Tras la exposición al sol, hay que ingerir muchos líquidos debido a la pérdida de éstos.

SÍNTOMAS

El cáncer de piel no melanoma puede tener el aspecto de diversas marcas en la piel. En general, hay que consultar por cualquier mancha que crezca, cambie de forma o de color, sobre todo si se oscurece. También si se abulta, pica o sangra.

Los carcinomas de células basales aparecen en forma de áreas de color rojo, planas o escamosas, o de pequeñas áreas cerosas, brillantes y traslúcidas al relieve que pueden sangrar. Puede haber algún vaso sanguíneo irregular visible, o mostrar áreas de color azul, café o negro.

Los carcinomas de células escamosas pueden tener forma de protuberancias crecientes, de superficie áspera, o planos como manchas rojizas de la piel que crecen lentamente.

El melanoma puede aparecer como un cambio en aquellas manchas de la piel. Cualquier llaga, protuberancia, marca, etc. que sea sospechosa pudiera ser un melanoma. La piel puede volverse áspera o escamosa o puede sangrar o exudar.

Se puede dar un melanoma a partir de un lunar, que cambie de aspecto, o textura. Por lo general, un lunar es una mancha de color uniforme, de color café, canela o negro en la piel. Tienen menos de seis milímetros de diámetro y puede estar presente desde el nacimiento o puede aparecer en la infancia o juventud.

La mayoría de las personas tienen lunares que son benignos. Es importante reconocer sus cambios.

La regla del ABCD puede ayudar a reconocer las características de un melanoma:

Asimetría: la mitad del lunar no se corresponde con la otra mitad.

Bordes irregulares: los bordes del lunar son desiguales.

Color: el color del lunar no es uniforme, sus tonalidades varían desde un marrón a un rojo, o azul.

Diámetro: el lunar tiene más de 6 milímetros de ancho.

Aunque esta regla es útil para la mayoría de los melanomas, no todos se ajustan a estas características.

DIAGNÓSTICO

El médico se basará en los síntomas que presente la piel del paciente y la historia clínica.

Cuando se sospeche la existencia de alguna anomalía, se realizará una biopsia. Con la biopsia se analiza el tejido bajo el microscopio para examinar el tipo de células que presenta.

Dependiendo de donde se encuentre la alteración de la piel y del tipo que sea, así se realizará un tipo de biopsia u otro.

Biopsia por raspado: se insensibiliza la zona de piel a biopsiar con anestesia local y se raspan las capas superiores de la piel con una hoja de bisturí.


Biopsias incisionales y escisionales: se extrae una cuña de piel. Se realiza para tumores más profundos. Con la biopsia incisional sólo se extrae una parte del tumor para analizarlo. Con la biopsia excisional se extirpa todo el tumor. Si la extensión de la piel afectada es grande, se realizará una biopsia incisional, en un primer momento, para no deteriorar mucho la imagen de la persona.

Biopsia por aspiración con aguja fina: se utiliza una jeringuilla con una aguja fina para extraer pequeñas partículas del tumor. No se utiliza para el diagnóstico de un lunar sospechoso pero sí para biopsiar los ganglios linfáticos cercanos a un melanoma.

Cuando se sospecha que el estadio del cáncer es alto, se realizarán otras pruebas para el diagnóstico de la extensión como escáneres, análisis o pruebas de medicina nuclear...
ESTADIOS DEL CÁNCER

Cáncer no melanoma

Etapa 0: el carcinoma de células escamosas in situ, o enfermedad de Bowen, es la etapa inicial del carcinoma de células escamosas. Este cáncer sólo afecta a la epidermis.

Etapa I: el cáncer no tiene más de dos centímetros y no hay ganglios linfáticos ni otros órganos afectados.

Etapa II: el cáncer tiene más de dos centímetros pero no se ha extendido a ganglios linfáticos ni a otros órganos.

Etapa III: el cáncer se ha propagado a tejidos profundos adyacentes, como son huesos, músculos o cartílagos, y/o a los ganglios linfáticos regionales. No hay afectación de órganos distantes.

Etapa IV: el cáncer puede tener cualquier tamaño y se ha extendido a órganos como el cerebro o los pulmones.

Cáncer melanoma

Etapa 0: el melanoma es in situ, es decir, se encuentra en la epidermis.

Etapa I: el melanoma todavía es un tumor de bajo riesgo. Tiene menos de un milímetro y medio y se encuentra localizado en la piel sin afectación ganglionar.

Etapa II: su grosor es mayor de un milímetro y medio. Todavía está localizado en la piel, sin afectación ganglionar.

Etapa III: el melanoma se ha extendido a los ganglios linfáticos cercanos a la piel afectada.

Etapa IV: el melanoma se ha propagado a zonas distantes de la piel afectada, a órganos y/o ganglios distantes.

Pronóstico por etapas

Para la etapa I el índice de supervivencia para cinco años es de más del 90%.

Para las etapas II y III, los índices son alrededor del 80% y del 50% respectivamente.

En la etapa IV, el índice de supervivencia a cinco años disminuye entre un 20% y 30%, aunque todos los casos suelen ser mortales a largo plazo.

TRATAMIENTO


Cáncer de piel no melanoma

La mayoría de los carcinomas de células basales y de células escamosas se curan mediante cirugía menor. Existen varios tipos de cirugía que se emplearán según sea la localización y el tipo de tumor.

Escisión simple: el tumor y una porción de tejido circundante se extirpan mediante bisturí. Luego se cosen los bordes.

Criocirugía: se utiliza nitrógeno líquido para congelar y así destruir las células malignas. En la actualidad sólo está indicada en las queratosis actínicas (lesiones precancerosas).

Cirugía de Mohs: este procedimiento quirúrgico utilizado para tratar el cáncer de piel no melanoma (sobre todo el cáncer basocelular de la cara) consiste en extraer capas individuales de tejido canceroso y examinarlas una por una bajo un microscopio para valorar si está suficientemente extirpada, tanto en superficie como en profundidad.

Cirugía por láser: se utilizan los rayos láser para vaporizar las células cancerosas. Esta técnica se emplea en el carcinoma de células basales muy superficiales y en el carcinoma de células escamosas in situ.

Cirugía de ganglios linfáticos: si los ganglios cercanos al cáncer están inflamados habrá que extirparlos mediante cirugía. Hoy día se emplea la técnica del ganglio centinela en muchos casos de melanoma.

Quimioterapia

Existen diversas formas de administración y numerosos tratamientos, cuyas formulaciones avanzan rápidamente a medida que la ciencia progresa.

Cuando se emplean de forma tópica, los fármacos llegan a las células más cercanas de la superficie de la piel por lo que este modo de empleo se utilizará sólo para las condiciones premalignas. Este tipo de medicamento enrojece la zona donde se aplica, y la hace más sensible al sol, por lo que habrá que protegerla durante unas semanas del sol.

Si el cáncer se encuentra en una etapa avanzada se empleará la quimioterapia sistémica, es decir, aquella que llega a todas las partes del organismo. Este último tipo (administrada sola o junto con la radioterapia) no puede curar un cáncer de la piel no melanoma que haya hecho metástasis.

Interferón
Mejora un tanto el pronóstico de los pacientes operados de melanoma, disminuyendo el riego de aparición de metástasis. Es un tratamiento inyectable. de duración en torno a un año y con un cierto número de efectos adversos, por lo que se suele reservar para los casos de melanoma de mayor riesgo, como aquellos más profundos o con afectación de los ganglios linfáticos.

Radioterapia

Consiste en el empleo de rayos de alta energía, como rayos X, para destruir o disminuir el número de células cancerosas. Es un tratamiento local. Se desarrolla a lo largo de unos días, y la paciente va de forma ambulatoria a la clínica o sala donde se realice la radioterapia; no tiene que estar ingresada para ello.

En sí, el tratamiento dura unos minutos. No es doloroso sino que es algo parecido a una radiografía sólo que la radiación es mayor y está concentrada en la zona afectada.

La radioterapia se utiliza en este tipo de cáncer en aquellos pacientes que no pueden someterse a cirugía por su estado general. En principio, las personas de edad muy avanzada pueden tener problemas para ser intervenidos quirúrgicamente. Así el segundo tratamiento de elección sería la radioterapia.
Este tratamiento puede curar aquellos tipos de cáncer que se encuentre en estadios bajos. También puede retrasar el crecimiento de aquellos tumores más avanzados.

La radioterapia también puede utilizarse como ayuda al tratamiento de cirugía. Tras ésta, y para asegurar que no se quede ninguna célula cancerosa, se somete al paciente a un tratamiento con radioterapia. También se puede utilizar para radiar las metástasis en otros órganos.

Carcinoma de células basales

Hoy día el tratamiento de elección de carcinoma de células basales es la terapia fotodinámica. Se trata de aplicar un producto tópico que actúa como fotosensibilizador (el ácido aminolevulínico). Este producto es captado de modo específico por las células tumorales en unas dos o tres horas. Tras este tiempo se somete al paciente a una luz láser especial. Las células tumorales sensibilizadas por el ácido son destruidas cuando se someten a ocho minutos de láser. Este procedimiento se debe repetir aproximadamente al mes.

Tras este tratamiento el carcinoma de células basales (carcinoma basocelular) se cura en más del 95% de los casos sin dejar cicatriz.

La técnica que mayor índice de curación presenta para estos tumores es la cirugía de Mohs que resulta beneficiosa para los que se presentan en orejas, ojos, nariz, frente, cuero cabelludo, dedos y área genital. Esta cirugía se emplea para el tratamiento de tumores de gran tamaño, tumores localizados en determinadas áreas críticas y tumores que han reaparecido después de otros tratamientos.


Carcinoma de células escamosas

La escisión es la técnica que se suele emplear en este tipo de tumores; no obstante, cuando son muy superficiales, también se ha demostrado la efectividad de la terapia fotodinámica.

Para los tumores que se han extendido a otras zonas, tanto en los carcinomas basales como en los carcinomas de células escamosas, se empleará los tratamientos mencionados anteriormente a modo general.

Cáncer de piel melanoma

Los estadios localizados del melanoma tienen unas posibilidades elevadas de ser curados con cirugía. El empleo de ésta para los diseminados se utilizará con intención paliativa, es decir, para disminuir los síntomas.
Cirugía

La lesión primaria debe ser extirpada, incluyendo piel, tejido celular subcutáneo y aponeurosis. Como para realizar el diagnóstico se habrá realizado una biopsia escisional, deberá cortarse por la cicatriz con un margen amplio, entre dos y tres centímetros.

Para los melanomas menores de 0,76 mm., será suficiente extirpar un margen de 1 cm.

Cuando hay ganglios afectados, deberán ser extirpados. Esto se realizará cuando se evidencie una inflamación de los ganglios.

Biopsia de ganglios centinelas: esta técnica se encuentra en estudio y puede realizarse o no según el criterio médico. Consiste en averiguar qué ganglio es el que se drena fluido linfático a la zona del melanoma y analizarlo. Para ello lo que se hace es inyectar una sustancia, coloreada o con un componente radioactivo, en la zona del melanoma. Al cabo de un tiempo, se podrá observar coloreado o con el compuesto radioactivo aquel ganglio que haya absorbido la sustancia y que será el que pueda contener mayor número de células cancerosas, si el cáncer se ha extendido. Cuando se ha localizado el ganglio, se toma una muestra y se analiza al microscopio. Si presenta células cancerosas, se extirpará. También se extirparán los ganglios linfáticos restantes de esa zona.

Si se ha evidenciado la existencia de metástasis en otros órganos, puede realizarse una cirugía aunque no tenga como objetivo la curación. A veces la extirpación de metástasis en otros órganos, aumenta el tiempo de vida del paciente o, por lo menos, mejora los síntomas que éste presenta.
Quimioterapia


La quimioterapia sistémica se emplea como tratamiento paliativo de los síntomas.

Se utiliza después del tratamiento de cirugía en algunas metástasis dérmicas, cerebrales, intestinales u óseas.

El tratamiento con un solo fármaco o con combinación de ellos es poco eficaz y las tasas de respuesta no superan el 30%. El tiempo de curación es poco. Aún así se siguen realizando investigaciones combinando varios fármacos.

Los medicamentos que se utilizan con más frecuencia son la dacarbacina (DTIC), la carmustina (BCNU), el taxol, el platino, la vinblastina y la vincristina.

Se pueden emplear distintas combinaciones de medicamentos, recientemente se han descrito resultados alentadores con la asociación de DTIC, platino, BCNU y tamoxifeno.

Algunas combinaciones de quimioterápicos se pueden asociar a medicamentos de inmunoterapia como son el interferón, la interleukina-2 y los anticuerpos monoclonales.


DE PRÓSTATA

¿QUÉ ES?


Se trata de un tumor maligno que se desarrolla en la glándula prostática. Consiste en un crecimiento descontrolado de las células prostáticas. Esto hace, entre otras cosas, que la próstata, por su situación, presione sobre la vejiga y la uretra impidiendo la salida normal de la orina.

La mayoría de los tumores cancerosos prostáticos crecen muy lentamente, aunque algunos lo hacen de forma rápida, incluso pueden propagarse.

La próstata es un órgano glandular, del tamaño de una nuez, presente en los hombres y situada alrededor del cuello vesical y parte de la uretra, por delante del recto. Secreta un líquido, blanquecino y viscoso, que se mezcla con el esperma en el momento de la eyaculación.

Existen vasos linfáticos que rodean la próstata y que desembocan en los ganglios linfáticos pélvicos.


Cuando aparece un cáncer en la próstata, existe la posibilidad de que las células cancerosas se diseminen a través de los vasos linfáticos y que afecten a los ganglios y de ahí a cualquier zona del cuerpo.

* GRÁFICO: Todo sobre el cáncer de próstata

ESTADÍSTICAS


El cáncer de próstata es el segundo tumor más frecuente hombres, por detrás del cáncer de pulmón. En todo el mundo se diagnostican unos 700.000 nuevos casos al año; lo que representa el 11,7% de todos los tumores masculinos.

En España se detectan unos 13.300 casos anuales, lo que supone casi el 14% de todos los tumores en hombres. Anualmente se producen en nuestro país alrededor de 6.000 muertes por este diagnóstico (el 10% de todos los fallecimientos por cáncer entre varones)

En comparación con otros países desarrollados, la tasa española es baja (36 nuevos casos por cada 100.000 habitantes), pero la enfermedad muestra una tendencia al alza desde la década de los 90.

Mientras en estos los países en vías de desarrollo es el sexto tumor más habitual (por detrás del cáncer de pulmón, estómago, hígado, esófago y colon),
en los países desarrollados su frecuencia ha aumentado muy rápidamente en la última década, probablemente por el diagnóstico precoz, y en muchos países es el primero en frecuencia entre los hombres, muy por delante del cáncer de pulmón (Norteamérica, Australia y Europa del Norte principalmente).

Las tasas de supervivencia indican que, en el mundo occidental, el 92% de los varones diagnosticados sobrevive al menos cinco años después de su diagnóstico; y el 67% supera los 10 años. El pronóstico de la enfermedad mejora cuando se detecta a tiempo, y se calcula que un 58% de los tumores se diagnostica en esta fase aún localizada.

PREVENCIÓN Y FACTORES DE RIESGO

Se desconocen las causas del cáncer de próstata, aunque sí se han identificado factores de riesgo que aumentan la probabilidad de padecer la enfermedad. Los más interesantes son aquellos que, como la dieta, se pueden modificar.


Edad: la probabilidad de tener cáncer de próstata es muy rara antes de los 40 años, pero aumenta considerablemente a partir de los 50. Más del 80% se diagnostica en hombres mayores de 65 años.

Raza: es más frecuente en hombres de raza negra.

Nacionalidad: es más común en América del Norte y en Europa Noroccidental y menos frecuente en Asia, África, América Central y América del Sur.

Dieta: las grasas parecen tener un papel en el cáncer de próstata, favoreciéndolo. Algunos estudios han puesto énfasis en que los hombres que comen más grasas, comen menos cantidad de frutas y verduras y que puede ser esto lo que aumente el riesgo de cáncer y no el hecho de comer grasas. Parece ser que los licopenos, que se encuentran en niveles altos en algunas frutas y vegetales, disminuyen el riesgo de enfermar de esta clase de cáncer. El consumo continuado de fitoestrógenos, como los contenidos en la soja, podrían disminuir la incidencia del cáncer de próstata. Aunque no existen pruebas concluyentes, puede que la menor incidencia del cáncer de próstata en los países asiáticos esté relacionada, al menos en parte, con este factor dietético.

Actividad física: realizar una actividad física regular y mantener un peso adecuado ayudan a disminuir el riesgo de cáncer de próstata.

Alteraciones genéticas: hasta el momento se han relacionado varios genes en el desarrollo del cáncer de próstata, pero todavía no se ha determinado cuáles son los verdaderamente importantes. Aunque no se trata de una clase de cáncer en la que la herencia juegue un papel esencial, los familiares de primer grado de un enfermo, como hijos o hermanos, tienen el doble de riesgo que la población general. Los genes BRCA pueden heredarse con mutaciones, lo que confiere un riesgo muy elevado de que las mujeres padezcan cáncer de mama u ovario. Los hombres que pertenecen a estas familias y que han heredado una copia errónea del gen, también tienen más probabilidades.

Actividad hormonal: la testosterona es la principal hormona masculina y, en un principio, "dispara" el crecimiento del cáncer de próstata, pero cuando este tumor está en una fase avanzada, la testosterona consigue detener el crecimiento. Las razones de esta actividad no se conocen todavía pero existen estudios que están investigando la función de la testosterona para emplearla en la lucha contra este tipo de cáncer.

Se ha discutido mucho la posible relación entre la vasectomía y la frecuencia eyaculatoria con el cáncer prostático. Algunos estudios antiguos señalaban que la vasectomía aumentaba la probabilidad de padecer la enfermedad, mientras que eyacular con frecuencia la disminuía. Los estudios más modernos han desacreditado estas relaciones de causa-efecto.

La prostatitis crónica, en cambio, sí que parece favorecer la aparición del cáncer de próstata, si bien la cuantía del efecto parece bastante modesta.

La hipertrofia prostática benigna (o HPB) es el agrandamiento de la glándula que experimentan muchos hombres al envejecer. A veces, la hipertrofia ocasiona molestias relacionadas con el flujo de la orina y por eso se decide extirpar la próstata. Sin embargo, la hipertrofia y el cáncer no están relacionados entre sí, de manera que la HPB no se maligniza. Otra cosa distinta es que el cáncer pueda aparecer en un hombre con HPB, exactamente con la misma probabilidad que en otro sin ella. En suma, todos los varones deben seguir las mismas pautas de diagnóstico precoz del cáncer de próstata, independientemente de si el tamaño de su glándula es normal o está elevado.

Muchos de estos factores no pueden cambiarse, pero otros, como la dieta o la actividad física, sí.

La Sociedad Americana del Cáncer recomienda disminuir la ingestión de grasas y elegir muchas comidas de origen vegetal. Se recomienda comer cinco o más raciones de frutas y vegetales, también es aconsejable la ingestión frecuente de pan, cereales, productos de granos, arroz y pasta.

La dieta mediterránea tradicional ayuda a prevenir este tipo de cáncer.

DETECCIÓN Y SÍNTOMAS

En las primeras etapas del cáncer de próstata no suelen darse muchos síntomas.

Los síntomas más frecuentes son:

- Necesidad de orinar frecuentemente y, sobre todo, por la noche.
- Dificultad para comenzar la micción o detenerla.
- Incapacidad para orinar.
- Interrupción del flujo de orina o débil.
- Micción dolorosa o sensación de quemazón.
- Dificultad para tener una erección.
- Eyaculación dolorosa.
- Sangre en orina o semen.
- Dolor frecuente o sensación de tensión en la parte inferior del abdomen, en caderas o en la parte superior de los muslos.

Cualquiera de estos síntomas pueden presentarse cuando existe cáncer pero también con cualquier otro problema menos serio. En realidad, es mucho más frecuente que cualquiera de estas molestias esté relacionada con la hipertrofia prostática benigna que con el cáncer, por lo que no debe cundir el pánico si se presentan, pero es conveniente consultar con su médico.

El cáncer de próstata crece muy lentamente, por esto no varía mucho el índice de supervivencia si se detecta muy pronto y se pone tratamiento o si se hace algo más tarde, siempre que el tumor no se haya propagado más allá de esta glándula.

El diagnóstico precoz del cáncer de próstata se basa en las visitas periódicas al urólogo, el tacto rectal, la determinación de la PSA, la ecografía transrectal y la biopsia. Lo cierto es que la utilidad del diagnóstico precoz del cáncer prostático dista de estar tan bien demostrada como, por ejemplo, la de la mamografía con respecto al cáncer de mama.

Está claro que acudiendo al urólogo el cáncer se diagnostica en una fase algo más temprana. Sin embargo, algunos estudios indican que la probabilidad de curarse del cáncer es la misma si lo diagnostica el urólogo antes de que aparezcan los primeros síntomas o algún tiempo después, cuando el paciente consulta por esas molestias. En cualquier caso y por un principio de prudencia, muchas asociaciones de urología y oncología sí que recomiendan la visita anual al urólogo empezando alrededor de los 50 años.

Las pruebas fundamentales que se realizan en la visita rutinaria son el tacto rectal y la determinación de la PSA en el análisis de sangre. Si se observa alguna anomalía, la primera prueba que se suele hacer a continuación es la ecografía transrectal.

La próstata está situada justo por delante del recto, de modo que la manera más fácil de observarla con detalle consiste en introducir una sonda de ultrasonidos en los primeros centímetros del recto, a través del ano. La ecografía transrectal informa del volumen, forma y contenido de la próstata. Si se aprecia algo con posibilidades de ser un tumor, se practica una biopsia mediante la inserción de una aguja, también a través del ano.

* GRÁFICO: Los últimos avances

ESTADIOS DEL CÁNCER

El sistema de gradación que más se utiliza se llama sistema de Gleason.
Este sistema asigna grados que van del 1 al 5. Cuanto más parecidas son las células analizadas a una célula normal, más bajo es el número. Si las células no tienen las características de las normales y parecen propagarse muy desordenadamente a través de la próstata, estaría en el grado 5.

Los tumores de próstata con una puntuación alta de Gleason tienen más posibilidades de haberse extendido fuera de la glándula.

El sistema de Gleason se emplea, sobre todo, para la clasificación de los cánceres de próstata operables, pues ayuda a decidir la modalidad más adecuada de tratamiento.

Para los tumores avanzados y diseminados se suele emplear otro sistema de clasificación llamado TNM que estratifica a los pacientes según el tamaño del tumor (T), la afectación de los ganglios cercanos (N) y la existencia de metástasis (M).

Para una correcta clasificación TNM es necesario realizar pruebas complementarias como escáneres, resonancias o gammagrafías. Los lugares a los que el cáncer de próstata se disemina con mayor frecuencia son los ganglios de la pelvis, los huesos y los pulmones.

TRATAMIENTO

El tratamiento presenta menos ventajas a los hombres mayores de 70 años que a otros más jóvenes. Esto es debido a que los más mayores tienen más posibilidades de morir por otra causa que no sea el cáncer dada la lentitud de su evolución natural. Además, estos tratamientos pueden producir impotencia e incontinencia con lo que la forma de vida de los afectados puede deteriorarse gravemente.

Algunos enfermos mayores con cáncer de próstata deciden esperar y vigilar el curso de la enfermedad antes de someterse a algún tratamiento. En muchas ocasiones, el tumor permanece espontáneamente estabilizado durante largos periodos de tiempo. Si la vigilancia es correcta y se actúa pronto en caso de progresión, esta actitud de "ver y esperar" no empeora el pronóstico.


Los tratamientos que se suelen emplear son los siguientes:

Prostatectomía radical: con esta operación se extirpa toda la glándula prostática junto con algunas estructuras cercanas, como las glándulas seminales, y se utiliza cuando el cáncer no se ha propagado más allá de la próstata.

Se puede realizar con anestesia general o anestesia epidural.

Existen dos formas de realizar esta intervención, una la prostatectomía retropúbica radical y otra la prostatectomía perineal radical. En la primera la incisión quirúrgica se realiza por el abdomen inferior. En la segunda, la incisión se realiza entre el escroto y el ano. Con esta última, no se pueden extirpar los ganglios linfáticos.

La glándula prostática está rodeada de nervios que hay que revisar durante la intervención para comprobar que no estén afectados. Si lo están, habrá que extirparlos, si no, se conservarán aumentando con ello las probabilidades de no sufrir impotencia tras la operación.

El tiempo de la intervención es de una a cuatro horas. El paciente estará hospitalizado durante cuatro o cinco días y tendrá que estar de tres a cinco semanas sin trabajar.

Por lo general, se llevará una sonda urinaria durante 10 ó12 días después de la intervención, tras este período se retirará la sonda.

Resección transuretral de la próstata: consiste en una extirpación parcial de la próstata, la parte que se encuentra rodeando la uretra.

Este tipo de intervención se realiza en hiperplasias benignas de próstata y también en aquellos pacientes con cáncer prostático que no pueden ser sometidos a resección total. Se utiliza para aliviar los síntomas que presentan estos pacientes pero no para curarlos.

La intervención se realiza mediante un instrumento que se introduce por uretra. Éste lleva insertado un pequeño metal que al calentarse corta la parte de tejido maligno. Se emplea anestesia general o epidural. La operación dura aproximadamente una hora.

Tras la intervención, la orina es conducida, a través de un catéter, desde la vejiga al exterior. Se mantendrá la sonda durante dos o tres días y luego se retirará.

El paciente podrá incorporarse a sus hábitos normales de vida tras una o dos semanas.

Criocirugía: consiste en congelar las células cancerosas para mantener localizado el cáncer. Se realiza colocando una sonda, a través de una incisión en la piel, entre el ano y el escroto.

Para localizar el lugar donde tiene que insertarse, se utiliza una ecografía transrectal.

Al mismo tiempo se introduce otra sonda por uretra, por la que se pasa suero salino tibio para que la uretra no se congele.

Esta técnica tiene que realizarse con anestesia epidural.

En la intervención se colocará un catéter en vejiga, a través de una incisión en la piel para que la orina salga sin problemas pues, tras la intervención, la próstata se inflama. Esta sonda se mantendrá durante una o dos semanas, tras las cuales se retirará y el hombre podrá orinar normalmente.

Esta técnica se suele emplear en aquellos pacientes que, por sus condiciones físicas, no pueden soportar una cirugía o un tratamiento con radioterapia.

Radioterapia: La radioterapia consiste en el empleo de rayos de alta energía, como rayos X, para destruir o disminuir el número de células cancerosas. Es un tratamiento local.

Se desarrolla a lo largo de unos días (los que el oncólogo y el radiólogo hayan creído convenientes), y el paciente va de forma ambulatoria a la clínica o sala donde se realice la radioterapia; no tiene que estar ingresado para ello.

En sí, el tratamiento dura unos minutos cada día. No es doloroso sino que es algo parecido a una radiografía sólo que la radiación es mayor y está concentrada en la zona afectada.

Los efectos secundarios de este tratamiento son inflamación, enrojecimiento y sequedad como después de una quemadura solar, que suelen desaparecer tras seis o 12 meses.

Braquiterapia: consiste en un tipo de radioterapia interna. Se utilizan unas pequeñas partículas, del tamaño de un grano de arroz, que son insertadas en la próstata. Estas partículas son radiactivas y emiten radiación durante semanas o meses. No producen dolor, su tamaño es muy pequeño, su presencia ocasiona poca incomodidad. Puede que durante una semana después de su colocación, la persona presente dolor en el área perineal y un color de orina rojo-pardo.

Hoy día la radioterapia, ya sea externa o braquiterápica se ha convertido en una alternativa a la cirugía. No es aplicable a todos los casos, pero es capaz de curar a muchos pacientes sin necesidad de cirugía y con una probabilidad menor de sufrir secuelas permanentes, como impotencia o incontinencia. Si sucede una recaída tras la irradiación, se puede curar mediante la cirugía.

Tratamiento hormonal: consiste en disminuir los niveles de andrógenos, hormonas masculinas porque éstas provocan un crecimiento de las células cancerosas. Al disminuir los niveles de estas hormonas, se pueden reducir o hacer que crezca más lentamente el cáncer pero no se cura.

Este tratamiento se utiliza con aquellos pacientes que tienen un cáncer de próstata extendido a otras partes del cuerpo. Otra aplicación de las hormonas es el determinado tratamiento adyuvante, en el que se aplican después de una cirugía curativa con la intención de disminuir la probabilidad de una recaída.

La terapia hormonal se puede hacer mediante la extirpación de los testículos o mediante la administración de medicamentos. La primera técnica es muy agresiva y generalmente se suele preferir la segunda.

Los análogos de la hormona liberadora de hormona luteinizante (LHRH) son medicamentos que disminuyen la cantidad de testosterona producida en los testículos. Se inyectan mensualmente o cada tres meses en la consulta de un médico o en un centro de oncología. Los medicamentos que se emplean son el leuprolide y el zoladex.

Después de estos dos tratamientos, se pueden utilizar los bloqueadores de los andrógenos. También se emplean como un tratamiento combinado con los anteriores, siendo más eficaz que cada uno por separado. La combinación de análogos LHRH con antiandrógenos es el tratamiento hormonal más habitual para el tratamiento del cáncer de próstata. Se lo suele denominar con las siglas BAC, que corresponden a Bloqueo Androgénico Completo.

Los antiandrógenos se administran en forma de píldoras, una o tres veces al día.

Quimioterapia: se utiliza cuando el cáncer de próstata se ha extendido fuera de la glándula prostática y cuando la terapia hormonal ha fallado. Con ella no se persigue destruir todas las células cancerosas pero sí reducir los síntomas y retrasar la evolución del cáncer. No se recomienda su uso para las primeras etapas del cáncer de próstata. Hasta hace poco no existían tratamientos de quimioterapia verdaderamente eficaces para tratar el cáncer de próstata resistente a las hormonas. Hoy día existe un medicamento llamado docetaxel. Es un producto que se administra en forma de goteros intravenosos, aplicados cada tres semanas sin necesidad de ingreso


Efectos secundarios de estos tratamientos

Los efectos secundarios más importantes son la incontinencia o incapacidad para controlar la emisión de orina. Los tratamientos para el cáncer de próstata pueden dañar los músculos y los nervios de la vejiga y de la uretra. Esto puede provocar que se escape la orina al toser, reír, o al realizar ejercicios.

La retención urinaria es el efecto opuesto a la incontinencia, aparece al acumularse mucha cantidad de orina en la vejiga. Esto ocurre porque la próstata aumentada de tamaño presiona sobre el conducto uretral impidiendo la salida de orina. También puede ocurrir como consecuencia de la formación de tejido en la cicatriz tras la operación; este tejido bloquea el flujo de orina.

La impotencia o incapacidad para obtener una erección, puede ser otro efecto secundario. Ésta se produce debido a que los nervios, responsables de las erecciones, hayan sido dañados o extirpados por la prostatectomía radical.

La radioterapia y la criocirugía también pueden dañar los nervios, pero la incidencia de la impotencia es mucho menor que con la cirugía.

La radioterapia puede producir diarrea transitoria con o sin sangre e inflamación del intestino grueso (colitis).

La quimioterapia aplicada al cáncer de próstata ocasiona la caída del cabello en casi todos los casos. Esta alopecia es reversible y el pelo se recupera al suspender el tratamiento. El cansancio y la pérdida de apetito son comunes. En cambio, las náuseas y vómitos aparecen pocas veces y suelen durar pocos días. Durante el periodo de quimioterapia hay que realizar análisis de sangre con frecuencia, ya que podrían disminuir los glóbulos blancos, lo que propicia las infecciones.


DE COLON

¿QUÉ ES?

El cáncer colo-rectal consiste en el crecimiento descontrolado de células anormales en esa parte del intestino. Estas células pueden invadir y destruir el tejido que se encuentra a su alrededor. Si penetran en el torrente sanguíneo o linfático, pueden extenderse a cualquier parte del organismo y producir daños en otros órganos. A este proceso de expansión se le denomina metástasis.

El colon y el recto forman parte del sistema digestivo. El colon es la primera sección de intestino grueso. En él se siguen absorbiendo nutrientes y agua de los alimentos que han sido ingeridos, como ocurre en el intestino delgado, y sirve de contenedor para el material de desecho. Este material va avanzando hasta el recto, última parte del intestino grueso, hasta que es expulsado al exterior a través del ano.

El colon se divide en cuatro segmentos: ascendente, transverso, descendente y sigmoide. El recto se une al colon sigmoide.

Tanto el colon como el recto están formados por varias capas de tejido. Según estén afectadas una u otra capa, así será el pronóstico del cáncer.

El cáncer que comienza en el colon, se denomina cáncer de colon y el que comienza en el recto, cáncer de recto.

Según esté afectada una parte u otra, los síntomas serán distintos y las pruebas diagnósticas serán distintas y más eficaces para detectar el cáncer según la zona donde aparezca.

Se piensa que el cáncer de colon evoluciona lentamente antes de ser diagnosticado como tal. Antes de que se desarrolle un cáncer suelen aparecer lesiones en el intestino que se denominan displasias o pólipos adenomatosos.

Algunos tipos de pólipos no son cancerosos, pero el hecho de haber tenido aumenta la probabilidad de tener, en un futuro, cáncer en esa zona del intestino.

El cáncer de colon es la segunda causa de muerte por cáncer, después del cáncer de pulmón en el hombre y de el de mama, en la mujer. Entre un 22% y un 36% de los casos, se presenta la enfermedad avanzada y, en estos casos, el índice de supervivencia ronda a cero.

En nuestro país se producen 11.000 nuevos casos por año. La mortalidad inducida por este cáncer es de 10 muertes por cada 100.000 habitantes y año, con tendencia al aumento.

El cáncer de colon ha ido aumentando su frecuencia en los países desarrollados. Representa en conjunto el 15% de los tumores diagnosticados en el hombre.

La tasa de supervivencia a cinco años es del 90% en aquellas personas que han tenido una detección temprana del cáncer. Pero sólo son detectados un 37% de estos cánceres en un estadio temprano.

Si el cáncer se ha diseminado a órganos o ganglios linfáticos cercanos, la tasa de supervivencia disminuye a un 65%. Y si se ha extendido a órganos distantes, la tasa a cinco años es de un 8%.

FACTORES DE RIESGO

Las causas exactas del cáncer colo-rectal no son conocidas, aunque muchos estudios han mostrado que existen una serie de factores que incrementan el riesgo de padecer esta enfermedad:

Edad: este tipo de cáncer suele ser más frecuente entre aquellas personas que rondan los cincuenta años o con más edad. Aunque esto no significa que no pueda darse en personas jóvenes.

Predisposición genética: historial personal o familiar de pólipos o de cáncer de colon. Los pólipos son tumores benignos en las paredes internas del colon y del recto. Existe una condición llamada poliposis familiar que consiste en la formación de cientos de pólipos en el colon y recto. Si no son tratados, pueden conducir a un cáncer. Alrededor del 10% de los casos de cáncer colo-rectal se deben a mutaciones genéticas hereditarias.

Enfermedades inflamatorias intestinales previas: los enfermos con colitis ulcerosa con una evolución de 7-10 años presentan un riesgo aumentado de cáncer colo-rectal. También los pacientes con enfermedad de Crohn tienen un riesgo 20 veces mayor de generar un cáncer colo-rectal.

Historia personal de otro tipo de cánceres: en aquellas mujeres que hayan padecido un cáncer de útero, ovario o mama, están aumentadas las posibilidades de sufrir cáncer de colon.

Hábito de vida sedentaria: llevar una vida sedentaria se ha comprobado en numerosos estudios que favorece la aparición del cáncer.

Dietas con poca fibra, frutas y verduras y demasiadas grasas son perjudiciales. Los carotenoides, sustancias que se encuentran principalmente en frutas, verduras y hortalizas, tienen muchas funciones beneficiosas como la lucha contra la formación de estos tumores y el refuerzo del sistema inmune.

Consumo de tabaco: las personas que fuman 20 cigarrillos al día tienen en doble de posibilidades de desarrollar el cáncer de colon.

¿Puede prevenirse este cáncer?

Al no conocerse realmente la causa específica de este cáncer, no puede prevenirse aunque sí se puede actuar eficazmente con un diagnóstico temprano.

Se pueden detectar pólipos en sus primeras etapas y extirparlos para evitar la posible formación de células cancerosas.

Las personas pueden disminuir o variar aquellos factores de riesgo que puedan cambiar como los siguientes:

- Mantener una actividad diaria moderada ayuda a disminuir la probabilidad de tener cáncer.

- Tomar una dieta con bajo contenido en grasas, rica en verduras y frutas previene la formación y crecimiento de este cáncer.

- Dejar de fumar. El tabaco influye en la formación de muchos tipos de cáncer. En el de colon, los hombres fumadores tienen un 34% más posibilidades de padecerlo, y las mujeres fumadoras un 43%.

-Beber alcohol moderadamente.

En cuanto a los factores genéticos predisponentes, lo que pueden hacer las personas que los tengan es acudir frecuentemente a revisiones. Su médico les podrá dar toda la información que necesiten y las posibles vías de diagnóstico que pueden elegir.

Se han realizado varios estudios epidemiológicos en donde se ha observado que aquellas personas que toman regularmente aspirina y otros medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINES), tienen un riesgo entre un 40% y un 50% menor de desarrollar cáncer colo-rectal y pólipos adenomatosos. Estos estudios no han demostrado completamente la relación de estos medicamentos con el cáncer, tampoco se ha determinado la dosis eficaz mínima, el mecanismo de acción o las poblaciones en las que proporcionaría un mayor beneficio.

Otros estudios epidemiológicos indican que hay una asociación entre la terapia de reemplazo de estrógenos, para aquellas mujeres que han pasado la menopausia, con una reducción del riesgo de desarrollar un cáncer colo-rectal. Tampoco se han evaluado si este efecto compensa el riesgo que produce esta terapia de aumentar las posibilidades de sufrir cáncer uterino y de mama.

Tanto los medicamentos antiinflamatorios como el calcio, se están estudiando para valorar su relación con este cáncer.

 

ESTADIOS DEL CÁNCER

Tipos de cáncer colo-rectal

Aproximadamente más del 90% de los tumores malignos colo-rectales son adenocarcinomas. Estos son tumores que se producen en las células glandulares que recubren el interior del colon y del recto.

Otro tipo de tumores que pueden presentarse, aunque son mucho menos frecuentes, son los tumores carcinoides y los estromáticos gastrointestinales. Los primeros se desarrollan a partir de células productoras de hormonas del intestino y los segundos, en el tejido conectivo y en las capas musculares de la pared del colon y del recto.

Los adenocarcinomas pueden presentar distintas formas, destacan las vegetantes, con crecimiento hacia el interior de la luz, las formas infiltrantes, que al ocupar la pared a la que infiltran producen estrecheces y retracciones, y las formas ulcerantes.

Diseminación

Este tipo de cáncer puede diseminarse a través de la vía linfática, la vía sanguínea y la implantación.

La diseminación local se realiza principalmente de forma circular alrededor de la pared intestinal infiltrando a todas las capas, produciendo un estrechamiento de la luz del intestino. Una vez que están todas las capas afectadas, se produce la invasión de la vía linfática y la venosa.

Si esa diseminación se realiza de forma longitudinal, en lugar de forma circular, la extensión se produce de manera más lenta, encontrándose más limitado el cáncer al inicio.

En un 80% de los pacientes, se produce una infiltración perineural, en los nervios de la zona, que produce dolor.

El tumor puede extenderse localmente, invadiendo estructuras y órganos vecinos o adyacentes.

Las metástasis se producen debido a que las células cancerosas llegan a la sangre o a la linfa y éstas las distribuyen a otras zonas del cuerpo. Generalmente si se distribuyen a través de la sangre, suelen ser frecuentes las metástasis en hígado, pulmón y columna. Si ocurre a través de los ganglios linfáticos, darán probablemente metástasis en vejiga o en próstata.

Clasificación por estadios

Existen varios sistemas de clasificación del cáncer colo-rectal, que son los sistemas Dukes, Astler-Coller y AJCC/TNM. Éste último designa las etapas con números romanos del 0 al IV. El sistema de Dukes utiliza letras, de la A a la C. Y el sistema Astler, de la A a la D.

Estas etapas describen la extensión del cáncer en relación a la pared del colon o del recto, los órganos anexos a ellos y a otros órganos distantes.

El sistema AJCC/TNM describe la extensión del tumor primario (T), la ausencia o presencia de metástasis en los ganglios linfáticos cercanos (N) y la ausencia o presencia de metástasis distantes (M).

Gráfico interactivo

Etapas T
Describen la afectación de las distintas capas que componen la pared del recto y del colon. Estas capas son las siguientes:
- Mucosa o revestimiento.
- Muscularis mucosa: una capa delgada de tejido muscular situada debajo de la mucosa.
- Submucosa: tejido conectivo situado debajo de esta capa muscular delgada.
- Muscularis propia: capa gruesa de tejido muscular que se contrae para desplazar el contenido del intestino.
- Subserosa: capa delgada de tejido conectivo.
- Serosa: capa delgada que cubre la superficie externa de algunas partes del intestino grueso.

T x: no es posible conocer la extensión del tumor porque no está completamente formado.
T is: el cáncer está en su inicio y no se ha extendido más allá de la capa más interna, la mucosa, del colon o del recto.
T I: el cáncer ha atravesado la mucosa y la siguiente capa, la muscularis mucosa, y se extiende hacia la submucosa.
T II: las capas de la mucosa, la muscularis mucosa y la submucosa están afectadas y el cáncer se extiende hacia la muscularis propia.
T III: la muscularis propia está completamente afectada y comienza a estarlo la subserosa.
T IV: el cáncer ya ha invadido los órganos o tejidos conjuntivos.

Etapas N
N x: no se conoce si los ganglios linfáticos están afectados o no porque no se tienen suficientes datos.
N 0: no hay ningún ganglio afectado.
N 1: el número de ganglios invadidos oscila entre 1 y 3.
N 2: hay células cancerosas en 4 o más ganglios linfáticos regionales.

Etapas M
M x: no se conoce la extensión del cáncer.
M 0: no hay extensión a otros órganos distantes.
M 1: hay afectación a órganos distantes.

Este sistema, aunque más correcto que otros, es menos utilizado debido a su complejidad. El que se suele emplear es la clasificación original de Dukes, ligeramente modificada. Así tenemos los siguientes estadios:

A: el tumor está limitado a la mucosa y submucosa.
B 1: hay invasión de la muscularis propia.
B 2: hay afectación de la serosa.
C: existen metástasis ganglionares.
C1: están afectados los ganglios pero no la serosa.
C 2: hay afectación de la serosa y de los ganglios.
D: hay metástasis a distancia.

La supervivencia a cinco años se relaciona directamente con estas etapas. Así si el paciente está en el estadio A tiene una probabilidad de supervivencia del 70%, en la B, del 45%, en la C, el 20% y en la D, es nula.

Otro factor pronóstico es la sintomatología. Los enfermos que no presentan sintomatología cuando se ha diagnosticado el cáncer, tienen un 88% de posibilidades de estar vivos a los cinco años. Si la sintomatología se ha presentado tres meses antes del diagnóstico, las posibilidades descienden a un 40% y si lleva siete meses, es sólo del 25%.

SÍNTOMAS

Cuando se produce sintomatología, el cáncer colo-rectal suele estar avanzado y las posibilidades de supervivencia son muy escasas. Por este motivo, es fundamental un diagnóstico precoz basado principalmente en la pérdida de sangre en heces.

Los pacientes pueden presentar alguno de estos síntomas:

- Cambio en los hábitos intestinales: diarrea, estreñimiento o estrechamiento de los excrementos. Se considera como norma que las diarreas son características de los casos de cáncer de ciego y colon ascendente. Mientras que el estreñimiento lo es de los localizados en descendente y sigma. La diarrea se produce por el proceso de irritación y el estreñimiento debido a que el tumor está estrechando la luz del intestino y no permite el paso de la materia fecal.

- Sensación de tener que evacuar que no se alivia al hacerlo.

- Sangrado rectal o en los excrementos.

- Debilidad, cansancio y disminución del apetito: estos síntomas se dan cuando el cáncer está muy avanzado.

- Masa tumoral: cuando el tumor está muy desarrollado puede detectarse la masa en una palpación.

- Dolor cólico: sensación de plenitud o molestia indefinida, a veces difusa y otras veces localizada. Cuando se produce un cuadro de obstrucción puede darse dolor debido al estrechamiento que se produce en el intestino. También el dolor se ocasiona debido a las infiltraciones peri-rectales de las estructuras nerviosas.

- Ictericia: coloración amarillenta de la piel y los ojos debido a una afectación hepática.

 

DIAGNÓSTICO

1) Hemoccult o sangre oculta en heces

Esta técnica puede dar lugar a falsos positivos si no se realiza correctamente.

La persona tendrá que seguir fielmente una dieta durante unos días antes de la recogida de una muestra.

En su dieta deberá evitar la ingesta de carnes o embutidos crudos durante dos días, así como vitamina C. Son aconsejables las verduras, frutas y cereales.

Se deberán recoger dos muestras de diferentes lugares de las heces, realizándose el test en tres días consecutivos.

Con esta prueba pueden detectarse un gran número de casos en estadios A y B, más del 84%. Esta prueba no se emplea como único método para el diagnóstico pues se requiere de la colonoscopia para realizar un diagnóstico final.

2) Tacto rectal

Exploración física que realiza el médico introduciendo un dedo en el ano para detectar anomalías.

Esta técnica se utiliza de manera complementaria pues como método de diagnóstico no es muy útil ya que la mayoría de los tumores están más allá de los 11cm.

3) Fibrocolonoscopia

Consiste en la introducción de un tubo hueco iluminado, delgado y flexible, de un dedo de grosor aproximadamente. Se utiliza para examinar el colon y también puede tomarse una muestra para realizar una biopsia o realizar una extirpación de los pólipos. Esta prueba se suele llevar a cabo con sedación del paciente, para disminuir las molestias.

El diagnóstico implica la confirmación del tumor y el estudio de la extensión de éste a otros órganos del cuerpo.

Las pruebas diagnósticas que se emplean son el enema opaco, la colonoscopia, la ecografía y la tomografía computerizada.

El enema opaco consiste en introducir una sustancia por el ano, generalmente sulfato de bario, hasta llenar la mitad del colon. El paciente se moverá para distribuir el bario por todo el colon. Después se introduce aire para expandir el colon. Con esto se consigue visualizar bien el colon al hacer una radiografía. Se verán defectos en los pliegues o contornos irregulares.

La fibrocolonoscopia permite ver de modo directo el interior del colon o recto y la lesión que hay en ellos. El colonoscopio se conecta a una cámara de video y a un monitor para que el médico pueda examinar el tubo digestivo. También se puede extirpar los pólipos o recoger material para una biopsia. Esta técnica es, hoy por hoy, el mejor método diagnóstico.

La ecografía utiliza ondas sonoras para crear una imagen. Es útil para descartar metástasis hepáticas o pélvicas. También para saber si hay invasión local o regional en el tumor de recto.

La tomografía computerizada consiste en una técnica de rayos X, que utiliza un haz giratorio, con la que se visualiza distintas áreas del cuerpo desde diferentes ángulos. Se utiliza para descartar metástasis en otros órganos.

Los datos de laboratorio que se estudiarán son los resultados de la técnica de sangre oculta en heces, la cifra de hematíes en sangre, la velocidad de sedimentación y las pruebas de función hepática. Estas cifras estarán alteradas de haber cáncer. Estos enfermos suelen presentar anemia debido a la pérdida continua de sangre por heces.

 

TRATAMIENTO

El tratamiento se basa principalmente en tres técnicas que son la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia.

La cirugía

La cirugía es el único tratamiento con capacidad curativa en este cáncer. Con ella se consigue un 50% de supervivencia libre de enfermedad.

La técnica quirúrgica que se emplee dependerá de donde se encuentre localizado el tumor.

Cuando el tumor está localizado en el colon, la operación que se realiza generalmente es la resección segmentaria que consiste en la extirpación del tumor y un segmento de tejido normal a cada lado del cáncer.

Se suele extirpar un tercio del colon, y la cantidad de tejido variará en función del tamaño y la situación. Las secciones que quedan se vuelven a unir. Puede que, temporalmente, se tenga que realizar una colostomía.

La colostomía consiste en unir el colon a una salida artificial en la pared del abdomen. Se coloca una bolsa adhesiva en la piel que recogerá los excrementos.

Si el estadio del cáncer es muy bajo, puede extirparse a través de un colonoscopio. Con esta técnica se evita la incisión quirúrgica.

A través de una laparoscopia se pueden extraer segmentos de colon y ganglios linfáticos. Consiste en introducir un tubo largo e iluminado, con el que se observa el interior del abdomen, a través de una pequeña incisión. Este tubo tiene en su extremo final unos artilugios que sirven para cortar los tejidos.

Los tumores que son grandes suelen bloquear la salida de las heces, a esto se le denomina obstrucción intestinal. Cuando no se pueden extirpar estos tumores se tiene que realizar una colostomía para dar salida a los excrementos. En este caso la colostomía será permanente.

En cuanto al cáncer de recto, según sea el tramo afectado así se realizará una técnica u otra.

Cuando el tumor se encuentra por encima de los 7-8 cm desde el canal anal, cerca de la unión del recto y colon, se realizará una resección anterior baja. Con ella se extirpará la parte donde está el cáncer y se unirá el recto con el colon.
Si el tumor se encuentra localizado más cerca del ano, es necesario una resección abdominoperineal. Tras ésta, será necesaria una colostomía pues no se puede conseguir la unión del recto con el colon.


Cuando están afectados el recto y órganos cercanos, como la vejiga, próstata o útero, se realiza una exenteración pélvica que consiste en la extirpación de estos órganos. También es necesaria aquí la colostomía y, si se extirpa la vejiga, será preciso realizar una urostomía, que consiste en crear una salida en el abdomen para la orina.

Si existen metástasis, según sea el número y la localización de éstas, se podrá realizar una intervención para extirpar el tumor. La cirugía se realizará en aquellos pacientes que vayan a prolongar su tiempo de vida o aumentar su calidad.

Existen otros métodos para eliminar esos tumores que no requieren de una intervención quirúrgica. Entre otros están la congelación del tumor o la inyección de alcohol concentrado que los destruyen.

La quimioterapia

La quimioterapia consiste en la administración de medicamentos que destruyen o dañan las células cancerosas. Se utiliza en tumores de recto de alto riesgo de diseminación, en el estadio C de Dukes en adelante.

Existen varias vías de administración, pero las más frecuentes son la vía oral y la vía intravenosa.

No es necesaria la hospitalización para recibir este tratamiento, se puede hacer de forma ambulatoria. Esto dependerá del estado de la paciente y del tiempo de duración del tratamiento.

El tratamiento quimioterápico en el cáncer de colon se realiza como terapia adyuvante, es decir, sumada a la cirugía.

Gracias a los avances realizados en el tratamiento con quimioterapia llevados a cabo en las últimas décadas, el pronóstico y la supervivencia del cáncer de colon y recto ha aumentado considerablemente.

Estos avances consisten en el empleo de varios medicamentos combinados y no cada uno por separado.


La radioterapia

Consiste en el empleo de rayos de alta energía, como rayos X, para destruir o disminuir el número de células cancerosas. Es un tratamiento local.

Se desarrolla a lo largo de cinco días a la semana durante varias semanas (las que el oncólogo y el radiólogo hayan creído convenientes), y el paciente va de forma ambulatoria a la clínica o sala donde se realice la radioterapia; no tiene que estar ingresado para ello.

En sí, el tratamiento dura unos minutos. No es doloroso sino que es algo parecido a una radiografía sólo que la radiación es mayor y está concentrada en la zona afectada.

Los efectos secundarios de este tratamiento son ligera irritación de la piel, náuseas, diarrea, irritación rectal, irritación de vejiga o cansancio.

La radioterapia se utiliza principalmente en este tipo de cáncer cuando el tumor está unido a otro órgano o tejido de forma que impide su extirpación mediante cirugía.

 

TUMORES GINECOLÓGICOS

¿QUÉ SON LOS TUMORES GINECOLÓGICOS?


Los ovarios son dos y están en la pelvis, uno a cada lado del útero. Tienen la forma y tamaño de una almendra, y producen tanto óvulos como hormonas femeninas (estrógenos y progesterona) que se encargan de dar forma y rasgos femeninos al cuerpo y de regular la menstruación y el embarazo entre otras cosas. El cáncer de ovario representa el 4% de los tumores que afectan a la mujer.


Los quistes en el ovario son tumores benignos que suelen desaparecer de manera espontánea. En el caso de que persistan o crezcan, el médico puede extirparlos. Hay tres tipos fundamentales de tumores malignos; los que se forman en la superficie del ovario se denominan carcinoma epitelial y son los más comunes. También, pero de manera mucho menos frecuente, se pueden dar casos de cáncer en las células que producen los óvulos y en los tejidos que rodean al ovario.


Las metástasis más comunes en el cáncer de ovario se dan en el peritoneo, que es la bolsa que recubre a los intestinos. En estos casos se produce ascitis (acumulación de líquidos en el abdomen), mientras que si llegan al sistema sanguíneo o al linfático, las células cancerígenas pueden viajar por todo el cuerpo, lo que aumentan las posibilidades de metástasis en otras partes del cuerpo.


El cuello del útero, también llamado cervix, une la vagina con la cavidad del útero que está recubierto por el endometrio. El cáncer de cérvix también es conocido como carcinoma escamoso ya que las células que recubren su superficie son planas y muy delgadas, como si fuesen escamas.


Los científicos creen que no todas las células anormales que aparecen en el cérvix son cancerígenas, aunque sí es recomendable llevar a cabo chequeos regulares, porque éste puede ser el primer paso hacia el cáncer. A veces se trata de lesiones intraepiteliales formadas por tejido anormal que aparece sólo en la superficie del cervix. Suelen aparecer sobre todo en mujeres de 25 a 35 años y a veces desaparecen de forma espontánea. Los casos más graves se desarrollan en mujeres de 30 a 40 años y puede tardar meses, e incluso años en provocar el cáncer. Si van más allá de la superficie y crecen hacia la profundidad del cervix se llaman lesiones invasivas y suelen aparecer a partir de los 40.


El útero es la cavidad en la que se desarrolla el feto. Está compuesto por dos capas de tejidos diferentes: la interior, muy fina, que se llama endometrio y otra más externa, formada por músculo y llamada miometrio. La mayoría de los tumores del útero surgen tras la menopausia.


Se pueden dar principalmente tres casos de alteraciones benignas que, en caso de que no desaparezcan de forma natural, se pueden solucionar con cirugía. Los fibroides son grupos de células que crecen en el músculo del útero y nunca derivan en cáncer. Otro tipo de patología de este tipo es la endometriosis. Se da sobre todo en mujeres de 30 a 40 años que nunca han estado embarazadas y consiste en el crecimiento de tejido endometrial fuera del útero o cerca de otros órganos. Por último, la hiperplasia es un incremento del número de células en la superficie del útero que se suele tratar con hormonas o mediante cirugía.


Las metástasis más comunes del cáncer de útero se producen en los gánglios linfáticos y en otros órganos como los pulmones, el hígado y los huesos.

TIPOS: OVARIO, ÚTERO Y CÉRVIX


Es un sistema para clasificar la gravedad del cáncer que incluye datos sobre su tamaño, su extensión a otros órganos o el tipo de células que lo forman. Se usan como criterios de extensión los de la FIGO (Federación Internacional de Ginecólogos y Obstetras). Para este procedimiento es necesario realizar un exámen físico, exploraciones radiológicas y estudios de biopsias.


Ovario

Los diferentes estadios en los que se puede encontrar un cáncer de ovario son:

  • Estadio I: el tumor sólo afecta a uno o los dos ovarios.
  • Estadio II: el cáncer no se limita a los ovarios, pero sigue estando dentro de una zona limitada por la pelvis (útero, vejiga o recto).
  • Estadio III: el cáncer se ha extendido al peritoneo (revestimiento del abdomen) y/o a los gánglios linfáticos.
  • Estadio IV: metástasis a distancia, es decir, en otros órganos del cuerpo.


Útero

En el cáncer de útero se pueden distinguir las siguientes fases:

  • Estadio I: Cáncer de útero que permanece sólo en el cuerpo central de este, es decir, que no se ha extendido al cuello.
  • Estadio II: el tumor invade el cérvix.
  • Estadio III: El cáncer se localiza en zonas fuera del útero, pero dentro de la zona de la pelvis (aunque no en la vegija o el recto). Por ejemplo en los gánglios linfáticos.
  • Estadio IV: La vejiga y el recto se ven afectados. Este estadio también abarca las metástasis en otras zonas del cuerpo.


Cuello del útero (cérvix)

  • Estadio I A: tumor microscópico limitado al útero.
  • Estadio I B: El tumor se puede ver a simple vista y se limita al útero.
  • Estadio II: El cáncer se extiende más allá del útero pero no llega a la pared pélvica. Este estadio también abarca aquellos tumores que ocupan menos de un tercio de la vagina.
  • Estadio III: Aquí se encuentran los tumores que han invadido la pared pélvica y/o menos de un tercio de la vagina y aquellos que han causado un fallo en el riñón.
  • Estadio IV A: El cáncer llega a la vejiga o el recto o se extiende más allá de la pelvis.
  • Estadio IV B: Metástasis a distancia, en otros lugares del cuerpo.

PREVENCIÓN Y FACTORES DE RIESGO


Un estudio realizado por investigadores británicos y franceses ha llegado a la conclusión de que el uso de la píldora como anticonceptivo puede favorecer la aparición de cáncer de cuello del útero. Y es que este fármaco no impide el contagio, durante las relaciones sexuales, de virus como el papiloma humano o bacterias como la clamidia, cuya infección puede degenerar en cáncer.


Este riesgo aumenta en función del tiempo durante el que se ha consumido la píldora. Las féminas que han empleado anticonceptivos orales durante menos de cinco años tienen un 10% más de probabilidades de padecer un tumor de cérvix, mientras que en aquellas que los han usado entre cinco y nueve años el porcentaje puede llegar al 60%.


Recibir la vacuna para inmunizarse frente al virus del papiloma humano antes de comenzar una vida sexual activa parece que también podría evitar o, al menos, reducir las posibilidades de contraer el cancer de cérvix, según los últimos estudios al respecto.


Fumar y mantener relaciones sexuales antes de los 18 años así como alternar muchas parejas sexuales distintas favorece tambíen la aparición de estos tumores. Si el hombre ha mantenido relaciones con una mujer que padece cáncer de cervix el riesgo aumenta porque tienen más probabilidades de haber sido contagiados con un virus.


En el caso del cáncer de útero, la edad avanzada, haber sufrido hiperplapsia endometrial (un crecimiento descontrolado de las células del endometrio), la terapia hormonal sustitutiva durante la menopausia o un cáncer colorrectal previo también son factores de riesgo. Además, los resultados de los últimos estudios realizados aseguran que las mujeres obesas corren un mayor peligro y las blancas son más propensas que las de origen africano.


Ciertos aspectos en la vida de una persona nos pueden 'avisar' de la posibilidad de tener cáncer de útero. Estos factores son los siguientes:

  1. - Si se tiene familiares cercanos (hermana, madre, abuela) con el mismo tipo de tumor, aumentan las posibilidades de padecerlo. Cuanto mayor sea el número de parientes con un cáncer de este tipo mayores son los riesgos. Los cánceres de mama o de colon en familiares, o en la propia persona, también están relacionados con la aparición del cáncer de ovario.
  2. - Las mujeres de más edad son las más propensas a desarrollar cáncer de ovario. La mayor tasa de cánceres de este tipo se encuentra en pacientes de más de 50, alcanzando el máximo a partir de los60.
  3. También las mujeres que nunca han tenido hijos tienen más posibilidades de desarrollar un cáncer de ovario; de hecho, es inversa la relación entre el número de hijos y el cáncer de ovario.
  4. - Los medicamentos para la fertilidad y la terapia hormonal sustitutoria que se aplica para controlar los síntomas de la menopausia, también son factores de riesgo, aunque en menor medida que los anteriores. En la actualidad se están llevando a cabo diversos estudios que han confirmado esta hipótesis por lo que cada vez se recurre con más cuidados a este tipo de medicamentos.
  5. - Es fundamental mantener una alimentación sana: hay estudios que hablan del exceso de grasa como factor que aumenta el riesgo de cáncer de útero y se sabe que la vitamina A ayuda a prevenir el cáncer de cérvix.
 
 

DETECCIÓN YSÍNTOMAS


El síntoma más común del cáncer de útero y de cerviz es la hemorragia vaginal anómala. En un principio este sangrado es un fluido muy acuoso en el que la cantidad de sangre va siendo mayor. Hay que tener cuidado para no confundirlo con el inicio de la menopausia, en caso de que coincida con este periodo de la vida. Otros signos son el dolor durante el acto sexual o al orinar, o una molestia general en el área pélvica.

El problema del cáncer de ovario es que estos síntomas aparecen demasiado tarde, por lo que cuando se detecta, la enfermedad ya está en un estado muy avanzado y tiene muy difícil solución.


Entre las técnicas más utilizadas para detectar los cánceres del aparato reproductor femenino destacan las siguientes:

  • El exámen de pelvis: lo realiza manualmente el médico y abarca el útero, la vagina, ovarios, trompas de falopio, vejiga y recto. En el caso de que fuera detectada una anomalía en la forma o tamaño de estos órganos se pasaría a utilizar técnicas de imagen como la ecografía.

  • Según un estudio publicado por la revista de la Asociación Americana de Medicina, es recomendable combinar la citología vaginal con un test de papilomavirus, ya que un 93% de las mujeres con cáncer en el cuello del útero están infectadas por este virus. También hay una vacuna que ha dado resultados positivos a la hora de proteger a las mujeres de contraerlo. Los médicos recomiendan vacunarse antes de comenzar una vida sexual activa.

  • En el cáncer de cervix y de útero se utiliza un método especial llamado el test de papanicolau o citología. Esta prueba, que no causa dolor, se lleva a cabo para detectar posibles cambios en el cervix. No se trata de una prueba diagnóstica, como es una biopsia, ya que en ningún caso permite excluir por sí sola el diagnóstico de cáncer. La primera citología con test de papanicolau debe hacerse a los 3 años de iniciar las relaciones sexuales vaginales, y en caso de duda, nunca más tarde de los 21 años. La periodicidad de la prueba debe ser anual, excepto en el caso de que se empleen las últimas generaciones de 'tests', mucho más exactas y que permiten una única evaluación cada dos años. El momento ideal para realizarse la prueba es de 10 a 20 días tras el primer día de regla.

  • En caso de que el test resulte positivo, se repetirá y se llevará a cabo otro tipo de pruebas como la biopsia, para la cual se utiliza anestesia. Esta consiste en extraer tejido de la zona en la que se sospecha que se encuentre el cáncer para que un patólogo lo analice. Esta técnica de detección se utiliza para los tres tipos de cáncer.

  • Otras pruebas son el enema de bario, escaners, rayos X y un largo etcétera que vendrá dado por el tipo y el estadio del cáncer.

TRATAMIENTOS Y EFECTOS SECUNDARIOS


Según el tipo de tumor y el estadio en el que éste se encuentre, se aplica un de tratamiento diferente. La salud y la edad del paciente también son decisivas a la hora de escoger la estrategia de tratamiento. Las técnicas son muy diversas y se pueden utilizar de manera aislada o combinadas.


La cirugía es el tratamiento más común, permite eliminar las células cancerosas y, en caso de ser necesario, retirar los ovarios, trompas de falopio u otros órganos que se hayan visto afectados por el cáncer o una metástasis. En caso de que lo extraído sea el útero la técnica se denomina histerectomía. También los ganglios linfáticos pueden ser retirados mediante cirugía.


Tras la operación, la paciente sentirá inicalmente dolores abdominales que pueden atenuarse con fármacos. También experimentará dificultades o molestias al orinar. Cuando los ovarios o el útero han sido retirados además de los dolores físicos la mujer suele tener una etapa emocionalmente difícil; no va a poder tener hijos, y en este momento otra pareja que haya pasado por la misma situación o alguien con quien hablar se convierte en una necesidad fundamental. Además, se produce una menopausia brusca que provoca muchos síntomas y molestias, más intensas que las de la menopausia natural que es más lenta y progresiva. Para esto existen tratamientos como las terapias hormonales sustitutorias. Pero los últimos experimentos han puesto en entredicho estos tratamientos, ya que pueden fomentar la aparición de otros cánceres.


La radioterapia suele complementar a la cirugía; esta técnica emplea radiaciones de alta energía para matar a las células cancerígenas. Para el tratamiento con radioterapia externa la paciente ha de acudir durante un periodo de 4 a 6 semanas, de lunes a viernes, al hospital. Otro posible modo de aplicar la radioterapia es la implantación de una cápsula con sustancias radioactivas en la zona del tumor. En algunos casos se recurre a otro método denominado terapia de radiación intraperitonal en el que se inyecta un líquido radioactivo directamente en el abdomen a través de un catéter.


Los efectos secundarios de la radioterapia dependen del tipo y la cantidad de ésta que haya recibido la paciente. Los más comunes son sequedad y picores en la piel de la zona tratada, pérdida de apetito y una enorme sensación de cansancio. En el caso del cáncer de cérvix o de útero la mujer sentirá sequedad y picor en la vagina, por lo que puede sentir dolor durante el acto sexual. Además muchos médicos recomiendan no mantener relaciones mientras dura el tratamiento.


La quimioterapia se utiliza en menor medida. La paciente recibe medicamentos por vía oral o intravenosa que destruyen las células cancerosas que hayan podido quedar tras la radioterapia o la cirugía. Al igual que la radioterapia se puede aplicar también a través de un catéter. Los avances en la investigación están consiguiendo que surjan medicamentos cada vez menos agresivos para el paciente y más tóxicos para el tumor que reducen los efectos secundarios negativos.

El principal problema de la quimioterapia es que destruye tanto las células malignas como las sanas. Por lo tanto, la paciente está más baja de defensas con lo que corre el riesgo de padecer enfermedades infecciosas y sentirá que tiene menos energía. Además puede provocar daños en el riñón y otros órganos importantes.


Otro complemento es la hormonoterapia ya que estos tumores aumentan o disminuyen en función de los niveles de hormonas. El aumento de peso o los cambios en la menstruación son algunos de los efectos secundarios.

INMUNOLOGÍA
Primera vacuna contra el cáncer
ALEJANDRA RODRÍGUEZ
Ilustración: Ajubel

El 75% de las mujeres contrae al menos alguna vez en su vida una infección por el Virus del Papiloma Humano (VPH), una de las enfermedades de transmisión sexual más frecuentes y, por el contrario, menos conocidas. Afortunadamente, la patología suele permanecer en estado latente, asintomática y desaparecer en pocos meses de forma espontánea sin dar problemas serios. Algunos subtipos ocasionan verrugas genitales (condilomas) que tienen un tratamiento relativamente sencillo. No obstante, la capacidad oncogénica de los tipos 16 y 18 de este patógeno (se han catalogado unos 100 VPH diferentes) puede dar lugar a un tumor en el cuello del útero.

Cada año, se diagnostican entre 400.000 y 500.000 nuevos casos en todo el mundo, de los que más de un tercio acaba con el fallecimiento de la paciente. Dos laboratorios están ultimando una vacuna que impida la infección y, de manera indirecta, también el cáncer cervical. Los resultados obtenidos hasta el momento -esta alternativa ya se ha probado en miles de mujeres e, incluso, en niñas sin efectos adversos- son excelentes y suponen una gran esperanza, especialmente para la población de los países en vías de desarrollo, donde la incidencia de esta enfermedad es mucho más alta que en los lugares industrializados. Si los ensayos clínicos siguen su curso (ya se encuentran muy avanzados) satisfactoriamente, nos hallaríamos ante la primera vacuna preventiva contra un tipo de cáncer.

Si el Virus del Papiloma Humano (VPH) no produjera cáncer, no existiría la necesidad de buscar una vacuna, ya que casi todas las infecciones por este patógeno cursan de manera benigna e, incluso, desaparecen espontáneamente. En realidad, de los 100 tipos de VPH que se han clasificado, sólo una treintena afectan a la zona genital y, entre ellos, unos pocos tienen capacidad oncogénica.

Concretamente, las variantes que tienen la relación más directa con el cáncer de cuello de útero, una patología de la que aparecen algo más de 400.000 nuevas pacientes al año en todo el mundo y causa alrededor de 250.000 muertes, son el 16 (responsable del 50% de los casos, aproximadamente) y el 18 (origen del 20%).

El resto de los tumores de cérvix están provocados por otras cepas. Concretamente, un estudio publicado en 'The New England Journal of Medicine' en febrero de 2003, y dirigido por un equipo de investigadores españoles, localizó hasta 13 subtipos del VPH que podían catalogarse como «claramente oncogénicos» (aunque su incidencia fuera menor que la de los anteriores) y otros tres que «probablemente», según los autores, estaban relacionados con la enfermedad.

En cualquier caso, «la vacunación contra los VPH oncogénicos más comunes (VPH-16 y VPH-18) podría prevenir el desarrollo de más del 70% de los tumores de cuello de útero en todo el mundo», rezan las conclusiones de un novedoso estudio que se ha publicado hoy mismo en la revista 'The' 'Lancet'.

INMUNIZACIÓN.

Alentados por esta premisa, diversos equipos de investigación buscan, desde hace algunos años, la que podría convertirse en la primera profilaxis efectiva contra un tipo de cáncer. Así, mediante técnicas de ingeniería genética, se ha logrado una molécula prácticamente idéntica al tipo de VPH contra el que se quiere inmunizar al paciente. Es lo que los especialistas denominan una 'virus-like particle' (literalmente, «partícula igual que el virus», en inglés).

El 'secreto' para que este microorganismo de laboratorio no perjudique al receptor es que está 'hueco'. Es decir, no contiene ADN viral en el núcleo y, por tanto, su capacidad dañina queda anulada. No obstante, cuando penetra en el organismo humano, el sistema inmunológico reconoce la cubierta del invasor y pone en marcha los mecanismos de defensa para combatirlo.

Para potenciar el 'escudo', se ha añadido un elemento adyuvante que hace que la reacción del organismo sea hasta 100 veces más intensa que la que se produciría con una infección natural, lo que multiplica la eficacia del producto.

Pues bien, los resultados obtenidos con este ingenioso procedimiento han sido espectaculares, tanto con la vacuna que se ha utilizado en el trabajo publicado en 'The Lancet', desarrollada por la compañía farmacéutica GlaxoSmithKline (GSK), como con la que tiene en cartera Merck & Co (en España, MSD).

Los primeros datos en favor de esta última vieron la luz hace dos años en 'The New England Journal of Medicine' y acaban de ser refrendados en la última reunión de la Sociedad Americana de Microbiología, celebrada recientemente en Washington (EEUU). Ambas vacunas podrían estar a la venta en 2005 con tan sólo unos meses de diferencia, según la prensa estadounidense.

La metodología empleada por ambas compañías es prácticamente paralela. Por un lado, se escogió una amplia muestra de mujeres jóvenes sanas con una media de edad de unos 20 años. En este tramo se suelen producir la mayoría de los contagios. De hecho, se calcula que el 50% de las pacientes que contrae el VPH no ha cumplido los 26.

EFICACIA.

De manera aleatoria, se dividió el grupo en dos. Uno recibió tres dosis inyectadas de la vacuna, con un intervalo de seis meses, y el otro un placebo (sustancia inactiva). Durante los dos años posteriores, las pacientes fueron sometidas a diversas pruebas para comprobar la eficacia de la inmunización. Por un lado, se practicaron análisis de sangre para evaluar la presencia de anticuerpos contra el VPH y, por otro, se realizaron citologías para determinar la presencia de lesiones premalignas susceptibles de haber sido provocadas por este patógeno.

Ambas vacunas consiguieron una respuesta de casi el 100% contra las infecciones por los tipos más letales del VPH. De hecho, ninguna de las pacientes inmunizadas desarrolló alteraciones celulares sospechosas, mientras que este hecho sí se produjo entre algunas integrantes del grupo placebo. También en dichas investigaciones, los autores concluyen afirmando que la vacunación frente a esta infección repercutiría en un descenso notable del número de casos de cáncer de cuello de útero.

Pero, ¿qué diferencia a ambos productos? Básicamente la amplitud del espectro que abarcan. El medicamento de GSK se dirige contra los tipos 16 y 18 del VPH (los más oncogénicos), mientras que el de MSD combate estas dos cepas y, además, a otras dos: la 6 y la 11. Éstas son responsables de la aparición de las verrugas genitales (condilomas) que, a pesar de que suelen tener una evolución favorable, no dejan de ser un problema muy molesto cuyo tratamiento es siempre doloroso.

OPTIMISMO.

El editorial que acompaña al trabajo publicado hoy en 'The' 'Lancet' ensalza las cualidades de esta profilaxis y también apunta la utilidad que ésta podría tener para evitar lesiones premalignas de la mucosa cervical, incluso aunque su evolución no acabe en un tumor. Además, también destaca su potencial preventivo frente a otros tipos de cáncer relacionados con el VPH (vulva, vagina, pene, ano y orofaringe), aunque éstos no tengan la misma relevancia estadística que el de cuello de útero.

Por otra parte, vaticina su inminente aprobación, a pesar de que aún quedan cuestiones por determinar, por ejemplo, cómo hay que articular la red vacunal para asegurar una cobertura amplia, si hay que tratar tanto a mujeres como a hombres, a qué edad es conveniente comenzar la inmunización, si sería conveniente incluir en la inyección más variantes del VPH y si son necesarias dosis de recuerdo.

CANDIDATOS.

Algunas de las respuestas a estas preguntas ya se están empezando a vislumbrar. El doctor José García Sicilia, pediatra delHospital La Paz (Madrid), está dirigiendo un ensayo clínico con esta vacuna en más de un centenar de niñas de entre 10 y 14 años.

A pesar de que los trabajos referidos anteriormente se han llevado a cabo con mujeres veinteañeras, lo cierto es que lo ideal sería comenzar el protocolo vacunal mucho antes, cuando todavía no se han iniciado las relaciones sexuales y las posibilidades de protección son totales.

Este especialista sitúa la edad media en España en torno a los 12 años. «Aunque para otros países, sobre todo los que están en vías de desarrollo, el baremo podría ser más pequeño, ya que sus costumbres sexuales son diferentes [muchas culturas contemplan la tenencia de varias parejas simultáneamente, otras no perciben la promiscuidad como algo malo...] y suelen iniciarse en las relaciones íntimas mucho antes», matiza el experto español.

En cuanto a las dosis de recuerdo, los especialistas destacan que, a pesar de que la respuesta que origina la inmunización es potentísima, la mujer está expuesta al VPH durante muchos años durante su vida sexual, por lo que estas revacunaciones podrían tener cabida, aunque aún se ignore el intervalo.

En lo que sí coinciden es en la seguridad del producto. «El riesgo de complicaciones y efectos adversos es prácticamente cero, sólo hemos detectado las reacciones típicas de cualquier vacuna [hinchazón y dolor local, irritación...]», destaca el doctor García Sicilia.

PAÍSES POBRES.

Si hay una población para la que esta inmunización supondría un gran avance ésta es la de los países en vías de desarrollo. De hecho, el 80% de los fallecimientos por cáncer de cérvix se localizan en los lugares menos favorecidos económicamente. No obstante, en los últimos años se han presentado ciertos escollos que habrá que solventar antes de 'lanzar las campanas al vuelo' en estas zonas.

Por ejemplo, un seguimiento publicado en 'The' 'Lancet' a finales de 2001, alerta de que estas vacunas podrían no ser eficaces en África porque el subtipo de VPH más común entre las féminas allí no coincide con el que combaten estos tratamientos.

Según observaron los científicos del Centro de Investigación y Salud de Manhiça (Mozambique), una institución dirigida por la Universidad de Barcelona y el Hospital Clínic (también barcelonés), el tipo de VPH más prevalente entre las lugareñas era el número 35. Así, habría que determinar si esta tendencia es uniforme en todo el continente y si en el resto de las naciones pobres ocurre algo similar para asegurarse de la utilidad real de las dos vacunas que hay 'en' 'cartera'.

Por otro lado, habría que procurar la implantación de una red vacunal eficiente para poder administrar el remedio a toda la población o, cuando menos, a la más susceptible de contraer la infección.

«Lo idóneo es la vacunación universal y, si no es posible, es prioritario vacunar a las mujeres», explica el pediatra español. Y es que, aunque el VPH tiene unas consecuencias especialmente nefastas para las féminas, no hay que olvidar que los varones también pueden contraer la infección y, además, transmitirla.

¿Es necesario espaciar la citología?

Según un trabajo publicado la semana pasada en 'The Lancet', las adolescentes de entre 16 y 20 años, aproximadamente, podrían espaciar los molestos exámenes ginecológicos de rutina. Estas pruebas (colposcopia y citología) son, según esgrimen los autores, poco útiles en este tramo de edad porque la gran mayoría de las féminas infectadas por el VPH no llega nunca a desarrollar cáncer y porque casi todas las lesiones premalignas (displasias) que detecta una citología revierten por sí mismas en unos tres años.

No obstante, los expertos consultados por SALUD se muestran cautos a la hora de interpretar estos hallazgos. Al fin y al cabo, ya es muy frecuente que citología y colposcopia se realicen en una misma exploración (con lo que las molestias se reducen bastante). Por otro lado, si éstas se hicieran cada más tiempo, se puede correr el riesgo de pasar por alto otras alteraciones ginecológicas que, aunque no revistan gravedad, sí pueden ser difíciles de tratar, como las infecciones por hongos, por ejemplo. De esta forma, las féminas que tengan una vida sexual activa y, en cualquier caso, las mayores de 20 años, por el momento no se pueden saltar la cita anual con su ginecólogo.

ESTADÍSTICAS


El cáncer de cuello de útero es la segunda causa de muerte por cáncer en mujeres con 450.000 nuevos diagnósticos cada año en el mundo. El 93% de las mujeres que lo padece están también infectadas por un virus de transmisión sexual, el papilomavirus. La bacteria clamidia multiplica por seis las posibilidades de padecer esta enfermedad. En España se producen cada año unos 600 fallecimientos por cáncer de cervix, lo que lo convierte en uno de los países con una tasa de incidencia más baja.


El cáncer de ovario es la causa más importante de mortalidad por cáncer ginecológico, representa el 4% de los tumores que afectan a la mujer, y es la causa de más de la mitad de los fallecimientos registrados. Los expertos estiman que una de cada 55 mujeres desarrollará cáncer de ovario a lo largo de su vida. La frecuencia del cáncer de ovario es mayor en mujeres por encima de los 40 años hasta alcanzar una incidencia máxima entre las mujeres de entre 50 y 70 años.


DE BOCA Y ESÓFAGO

UNA LECCIÓN DE ANATOMÍA


Labios, dientes, encías, mucosa bucal (revestimiento interior de labios y mejillas), el piso de la boca, el paladar y también la pequeña región situada detrás de las muelas del juicio. Todas estas zonas son las que componen la cavidad oral que, junto a la faringe (tercio posterior de la lengua y la garganta, y amígdalas) son las regiones que resultan afectadas por las células malignas. Por otro lado, entre la garganta y el estómago, el conducto por el que transitan, entre otras sustancias, la bebida y el alimento, es el esófago. Éste está localizado justo inmediatamente detrás de la tráquea y en un adulto tiene una longitud que ronda los 25 centímetros.


Los tumores que se localizan en esta zona suelen ser de dos tipos, en función del carácter de las células malignas: carcinomas y adenocarcinomas. Los primeros, carcinomas de células escamosas –por su forma planas y parecida a una escama–, se originan en la capa de células que revisten las paredes internas de la boca y el esófago. En las etapas más tempranas, estos tumores están localizados, y sólo cuando la enfermedad progresa y las células malignas se extienden puede hablarse de cáncer invasivo. Los adenocarcinomas, por su parte, son aquellos tumores que se localizan en las células glandulares (aquellas que segregan líquidos mucosos para el recubrimiento interno de las paredes de los órganos).


Cuando la enfermedad se extiende, las células malignas llegan al sistema linfático, una compleja red de vasos, válvulas, conductos, ganglios y órganos distribuidos por todo el cuerpo que ayudan a proteger el ambiente líquido del organismo mediante la producción, filtración y transporte de linfa, el fluido que contiene las células encargadas de luchar contra enfermedades e infecciones. Las células cancerosas, para su traslado, emplean precisamente los ganglios linfáticos, pequeñas acumulaciones de células defensivas. En el caso del cáncer oral, estos ganglios suelen viajar hasta el cuello, aunque también es posible que alcancen otras partes del cuerpo (hígado, pulmones, cerebro e incluso huesos), igual que ocurre con los tumores originados en el esófago.

 

ALGUNAS CIFRAS


El cáncer oral representa aproximadamente el 8% de los tumores malignos y se estima que los hombres se ven afectados dos veces más que las mujeres, especialmente aquellos mayores de 40 años (en el caso de los tumores de garganta esta probabilidad puede multiplicarse incluso por diez). Si el tumor se detecta a tiempo, el 50% de estos pacientes puede difrutar de unas expectativas de vida de más de cinco años, una cifra que asciende hasta el 75% si las células malignas aún no se han diseminado a otros tejidos. Sin embargo, la realidad es algo más negativa, y muchos de estos tumores se diagnostican tarde,cuando el cáncer está en una etapa avanzada y se ha extendido a la garganta o al cuello. Se calcula que el 25% de las muertes por esta enfermedad se debe a una demora en el diagnóstico y tratamiento.


En el caso de los tumores de garganta, la tasa de curación es prácticamente del 90%. Si no se diagnostica a tiempo y la enfermedad se ha diseminado, el porcentaje de pacientes que sobrevive desciende al 50-60%, o incluso puede resultar incurable si los órganos afectados por las células malignas son vitales. En España, la incidencia del cáncer de laringe es ligeramente descendente en la última década según las cifras de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC).


Los tumores esofágicos afectan aproximadamente a cinco de cada 100.000 personas. Se trata de un tipo de cáncer tres veces más frecuente entre los hombres que entre las mujeres, y casi en la misma proporción más habitual entre las personas de raza negra que de raza blanca. La mayoría de las personas que lo padecen suelen fallecer a consecuencia de la propia enfermedad, porque es frecuente que ésta se diagnostique en etapas demasiado tardías para poder tratarla.

 

FACTORES DE RIESGO


Por el momento se desconoce la causa exacta que provoca el cáncer bucal, aunque los expertos ya han identificado varios factores de riesgo que podrían influir decisivamente en su desarrollo. El tabaco es el principal de ellos. Se sabe que los cigarrillos tienen relación con casi un 70-80% de los casos de cáncer oral. El humo procedente del tabaco, pero también de puros y pipas, irrita las membranas mucosas de la boca, mientras que el tabaco de mascar puede causar irritación debido al contacto directo con estos tejidos. Dejar de fumar es la mejor manera de reducir el peligro, pero éste no desaparece por completo entre quienes han sido fumadores durante muchos años.


El consumo de alcohol o una higiene dental deficiente también son circunstancias que se han relacionado directamente con esta enfermedad. Los expertos consideran que en el caso de las personas que fuman y además beben alcohol, se suman los efectos dañinos. Otro factor que puede aumentar el riesgo es una patología denominada esófago de Barret. Se trata de una afección de las células que recubren la parte interior de este conducto, que son reemplazadas por células anormales que fácilmente degeneran a cáncer. Uno de los problemas que favorece la aparición de esta patología es el reflujo esofágico frecuente y duradero, una condición también conocida como acidez. Algunas sencillas recomendaciones son el control del peso, evitar las comidas pesadas e irritantes antes de acostarse, oagentes cancerígenos como el alcohol, el tabaco, la cafeína...

 

SÍNTOMAS


El cáncer de esófago no suele presentar síntomas muy claros durante las primeras fases de la enfermedad, de ahí que frecuentemente se diagnostique en fases demasiado avanzadas de la enfermedad como para tener cura. La mejor herramienta para detectar lesiones precancerosas son los chequeos regulares, pero además, a medida que la enfermedad avanza, ésta puede reconocerse por algunos signos que van desde dificultades y dolor al tragar hasta tos persistente, pasando por vómitos, esputos sanguinolentos, ronquera, tos crónica o pérdida repentina de peso. Este tipo de cáncer suele aparecer alrededor de los 45 años, aunque puede desarrollarse en cualquier momento.


En cuanto al cáncer oral, aunque cada paciente puede experimentarlos de forma diferente, algunos de los signos que pueden indicarnos que estamos ante una situación maligna son:

  • Una llaga que no acaba de curar
  • Un bulto que aparece de repente en los labios o en el interior de la boca
  • Una mancha roja que aparece repentinamente en la lengua
  • Hinchazón en las mandíbulas
  • Dolor de oído
  • Cambios en la voz
  • Dolor en la zona
  • Problemas para masticar y tragar
 

DIAGNÓSTICO


Para descubrir el origen de los síntomas, el médico evaluará el historial del paciente y llevará a cabo además un examen físico para palpar los nódulos del cuello y tratar de descubrir hinchazón o cualquier otro tipo de anomalía. Generalmente ordenará una radiografía de tórax y otras pruebas, entre ellas la biopsia de la zona sospechosa. Uno de los 'puntos fuertes' del proceso de diagnóstico es la clasificación en estadios, es decir, la determinación de si el cáncer se ha diseminado ya a otras áreas del cuerpo. Esta información permite determinar la fase de la enfermedad y esulta fundamental a la hora de planear el tratamiento. Para ese estadiaje, pueden utilizarse numerosas pruebas y procedimientos.


En los tumores de la boca, la biopsia es la única forma de saber si la lesión es o no cancerosa. Un cirujano será el encargado de extraer una pequeña muestra del bulto o de la zona afectada (generalmente se trata de una biopsia de lengua y otra de la encia) que será examinada al microscopio por un patólogo para comprobar la existencia de células cancerosas. Si esta prueba resulta positiva se llevan a cabo nuevos exámenes para concretar su naturaleza y descubrir si las células cancerosas se han extendido por el organismo o todavía no (estadiaje).


Entre estos, es común la inclusión de una radiografía de los dientes, así como de la cabeza y el tórax. Además, los oncólogos suelen incluir una tomografía computerizada, más conocida como TAC, una serie de varias 'fotografías' seriadas de la zona elegida (cerebro,cuello...) que ofrecen imágenes como los cortes de una pieza de embutido.


Otro de los test que suele encargarse es una ultrasonografía o ecografía, mediante ondas sonoras de alta frecuencia, inaudibles para el ser humano, que 'producen' una imagen de los órganos y tejidos de la zona. Para ello se emplea un gel soluble en agua, como el utilizado durante las ecografías, que sirve para que el médico pueda pasar el transductor, la parte del equipo que lanza las ondas y recoge las imágenes. Se trata de un procedimiento que no causa ningún tipo de molestia.


Si el tumor está localizado en la laringe, se realiza un examen por medio de una sonda (laringoscopio) con una pequeña cámara que permite al médico observar el tumor en la boca y la garganta.


En el caso de los tumores esofágicos es necesario llevar a cabo una observación del interior del conducto mediante una sonda delgada, iluminada. Esta prueba, denominada esofagoscopia, consiste en pasar el esofagoscopio a través de la boca, por la garganta hasta el esófago. Antes de ello se suele aplicar un anestésico local para evitar que el paciente sienta dolor. Además, aunque menos frecuente, se emplea el llamado 'tránsito de Bario' o esofagograma, que permite obtener varias radiografías del esófago después de que el paciente haya tomado una solución que contiene bario, una sustancia que recubre este tubo y permite visualizar cualquier posible cambio en su contorno en la radiografía.

 

EL TRATAMIENTO Y SUS CONSECUENCIAS


Cáncer oral.-
Si el tumor es lo suficientemente pequeño, se recomienda la extirpación quirúrgica. La radioterapia y la quimioterapia se emplean cuando el tumor es grande o se ha diseminado a los ganglios linfáticos en el cuello, aunque no es descartable que sea necesario también acudir a la cirugía cuando se trata de tumores grandes que impiden tragar o dificultan la respiración. Es la denominada cirugía paliativa, capaz de mejorar los síntomas pero no de curar la enfermedad. Es difícil definir con exactitud las reacciones que va a provocar cada tratamiento en cada paciente, porque estos varían considerablemente según cada persona y dependen mucho de la etapa en la que se encuentre el tumor y el área específica que va a ser tratada. Cuando el nódulo tiene un tamaño considerable, el cirujano se ve obligado a extirpar también parte del paladar, la lengua e incluso la mandíbula y las cuerdas vocales (total o parcialmente), algo que además de tener consecuencias prácticas en su vida diaria, puede modificar su aspecto físico. Algunos pacientes suelen necesitar una prótesis artificial o algún tipo de dispositivo para recuperar el habla; otros, requieren terapias de rehabilitación para el lenguaje, para aprender otros modos de comunicarse o bien para mejorar el movimiento, la masticación, la deglución y el habla. En ocasiones es necesario recurrir a la cirugía plástica para reconstruir la zona.

La pérdida de peso es una de las consecuencias más visibles de este tipo de tratamientos ya que la ingesta de alimentos se convierte en una acción extremadamente difícil y dolorosa para el paciente. En este caso, el médico debe sugerir algún tipo de dieta ligera que le ayude a mantener una alimentación sana y variada. Lo más fácil es tomar alimentos blandos, sopas, purés, batidos proteínicos y cualquier cosa que resulte fácil de tragar. Un truco consiste en tomar pocas cantidades de comida, con mayor frecuencia, en lugar de tres comidas más abundantes.

Otro curioso efecto secundario tiene que ver con las dentaduras de estos pacientes. Mientras dura el tratamiento muchos de ellos no podrán seguir usándolas, e incluso después, algunos de ellos se ven obligados a cambiarlas debido precisamente a las transformaciones que han sufrido los tejidos de su cavidad bucal, una alteración que inutiliza los viejos 'dientes'.


Cáncer esofágico.-
Éste depende de varios factores como el tamaño y localización del tumor, el estado de salud del paciente etc. Generalmente en esta fase suelen intervenir varios especialistas diferentes, desde cirujanos hasta médicos del aparato digestivo, pasando por oncólogos médicos, radioncólogos, y dentistas, quienes practican al paciente una exhaustiva revisión antes de que comience el tratamiento.

Si la tumoración está localizada y las células enfermas no se han extendido a ninguna otra zona del organismo, la opción elegida es la cirugía. En esta operación, además de extraer el área afectada, los cirujanos conectan el fragmento sano que ha quedado del esófago con el estómago para restablecer así la función de tragar. Una sonda de plástico o un fragmento del intestino pueden servir para realizar ese empalme.

En ocasiones, se utilizan quimio y radioterapia, o bien una combinación ambas, como primera opción y con el fin de facilitar la realización de la cirugía, especialmente cuando el tumor está localizado en un área de difícil 'acceso' para los cirujanos. En los pacientes que no toleran la cirugía o cuando ya existe metástasis, se pueden usar la quimioterapia o la radioterapia para aliviar los síntomas (terapia paliativa); aunque en tales circunstancias, la enfermedad generalmente no es curable.

Otras opciones disponibles son la terapia con láser –que utiliza un potente haz de luz para matar células cancerosas– y la electrocoagulación –que emplea para el mismo fin una corriente eléctrica–.


DE HÍGADO

EL HÍGADO

El hígado, órgano de mayor tamaño del cuerpo humano sin contar la piel, se localiza debajo de las costillas, en lado derecho del abdomen.

Entre sus principales funciones destacan la filtración de la sangre y la eliminación de los desechos tóxicos, así como la fabricación de enzimas que ayudan a digerir los alimentos, convirtiéndolos en sustancias necesarias para el buen funcionamiento del organismo. Algunos nutrientes tienen que modificarse químicamente (metabolizarse) en el hígado antes de que el resto del cuerpo los pueda usar como fuente de energía. El hígado produce algunos de los factores de coagulación que evitan que la sangre esté demasiado líquida y segrega además bilis al intestino para ayudar a absorber los nutrientes.

El hígado se divide en tres lóbulos, el derecho, el izquierdo y uno más pequeño denominado cuadrado, que a su vez se subdividen en segmentos. Al contrario que la mayoría de los demás órganos del cuerpo, recibe sangre de dos fuentes. La arteria hepática suple al hígado con sangre rica en oxígeno mientras que la vena porta transporta sangre rica en nutrientes desde los intestinos. Toda la sangre procedente del tubo digestivo atraviesa el hígado antes de llegar al resto del organismo, lo que lo convierte en una especie de 'aduana' frente al mundo exterior.

 

FACTORES DE RIESGO

- Hepatitis: Uno de los mayores factores de riesgo para desarrollar este tipo de cáncer es la hepatitis. Los virus causantes de esta enfermedad, el de la hepatitis B ó C, pueden llegar al organismo por medio de sangre contaminada o bien mediante contacto sexual con otra persona. Los expertos piensan que entre un 10% y un 20 por ciento de las personas infectadas con el virus de la hepatitis B desarrollarán cáncer de hígado, de hecho, se calcula que hay evidencia de infección en casi una cuarta parte de los estadounidenses que tienen este tipo de tumor.

Sin embargo, la relación exacta entre el virus de la hepatitis C y el cáncer de hígado está aún siendo estudiada. En la actualidad se estudian métodos para prevenir o tratar las infecciones por hepatitis antes de que lleguen a causar cáncer, y se han logrado importantes avances en este campo. Según la American Cancer Society, algunas vacunas y tratamientos mejorados contra esta infección pueden prevenir alrededor de la mitad de los casos de cáncer de hígado en todo el mundo.

El cáncer de hígado se desarrolla muchos años después de adquirir la infección viral. Aunque estas infecciones pueden transcurrir sin dar síntomas, los análisis de sangre pueden detectar la presencia del virus en la sangre. En ese caso, el médico recomendará el tratamiento a seguir así como los mejores métodos para evitar que se contagie la infección a terceros.

- Cirrosis: Esta patología se desarrolla cuando muchas de las células del hígado están dañadas y son sustituidas por tejido cicatricial, que no es capaz de desarrollar las funciones hepáticas. Puede deberse al abuso de alcohol o ciertos virus, como los de la hepatitis. Sólo un 5% de los pacientes con cirrosis desarrolla cáncer de hígado. Una buena parte de las cirrosis se llaman criptogenéticas porque se desconoce su causa, aparecen en personas no bebedoras sin infección por hepatitis.

- Aflatoxinas: Estas sustancias estan originadas por ciertos tipos de mohos, y pueden formarse en cachuetes, palomitas y otros granos o cereales. Aunque la venta de productos con elevados niveles de aflatoxinas está prohibida en los países occidentales, la contaminación por esta sustancia sigue siendo un importante problema de salud pública en Asia y África.

- Otros: Ser hombre multiplica por dos las probabilidades de desarrollar tumores hepáticos. Y también se incrementan los riesgos con la edad, así como entre personas con antecedentes familiares de la enfermedad.

Tipos de tumores

* BENIGNOS:

uno de los más frecuentes es el hemangioma, una especie de madeja de vasos sanguíneos, igual que las manchas del mismo nombre que aparecen en la piel. La mayoría de los hemangiomas hepáticos no produce síntomas, por lo que no requieren tratamiento, sólo en algunos casos pueden ocasionar hemorragias y requerir una extirpación quirúrgica. Los adenomas hepáticos son otro tipo de tumor benigno que surgen en las principales células del hígado. Tampoco ocasionan síntomas, aunque pueden llegar a producir dolor abdominal o hemorragias.

* MALIGNOS:

- Carcinoma hepatocelular o hepatocarcinoma: Se trata del tipo más común de cáncer del hígado en adultos, de hecho se calcula que aproximadamente el 75% de los cánceres de hígado son de este tipo. Puede comenzar como un tumor pequeño que va creciendo y luego se extiende a otras partes del hígado o bien puede surgir en forma de nódulos en varias partes de este órgano.

- Angiosarcomas o hemangiosarcomas: Se trata de un raro tipo de tumor que comienza en los vasos sanguíneos del hígado. Los angiosarcomas crecen rápidamente de manera que para cuando son detectados generalmente suelen estar muy extendidos, lo que imposibilita la cirugía. Pese al tratamiento con quimioterapia y radioterapia la esperanza de vida de estos pacientes es menor de seis meses.

- Colangiocarcinoma: Este tipo de tumores comienza en los conductos biliares del hígado y suponen alrededor del 13% de todos los cánceres hepáticos. Los cálculos biliares, la inflamación de la vesícula o la colitis ulcerosa incrementan el riesgo de desarrollar esta enfermedad. Debido a que a menudo son demasiado grandes o se encuentran en una parte del hígado a la que no se puede acceder con la cirugía, la mayoría de los colangiocarcinomas no se pueden extirpar completamente mediante cirugía. El tratamiento de estos tumores se completa con sesiones de quimioterapia y radioterapia.

- Hepatoblastoma: Se trata de un tipo de cáncer infantil que puede afectar a niños menores de cuatro años. El desarrollo de la oncología permite asegurar unas tasas de curación de cerca del 70% con una tasa de supervivencia mayor del 90% para los hepatoblastomas que se detectan a tiempo.

- Metástasis: los tumores más frecuentes del hígado son las metástasis. Muchos de los tumores de otros órganos se extienden al hígado y en ocasiones se detectan por primera vez en esta zona. Los cánceres de colon, páncreas, melanoma, sarcomas etc. pueden metastatizar a distancia, es decir, abandonar su localización inicial y comenzar a extenderse, siendo el hígado el órgano en el que con más frecuencia se encuentran.

Síntomas

A menudo se habla de la 'enfermedad silenciosa' porque es frecuente que en los estadíos iniciales no dé ningún síntoma de alerta, salvo que comience a crecer cerca de la cápsulua, en cuyo caso comenzará a doler, o bien que obstruya la vía biliar yocasione ictericia. Sólo a medida que el tumor crece de tamaño y la enfermedad se extiende, pueden empezar a aparecer los síntomas. Entre estos destaca el dolor en la zona superior del abdomen y que, en ocasiones, se extienden hasta la espalda .

También puede aparecer pérdida de peso , falta de apetito, debilidad, cansancio, náusea y vómitos, fiebre... Además, si la piel y los ojos adquieren una tonalidad amarillenta y la orina se vuelve oscura, las heces blancas, significa que se está produciendo ictericia. Muchos de estos signos son inespecíficos, y pueden estar causados por otras enfermedades que no son cancerosas.

Algunos tumores del hígado producen hormonas que actúan en otros órganos del organismo. Esto puede condicionar que se eleven los niveles de calcio en la sangre, lo que puede provocar cansancio, o reducir los niveles de azúcar, llegando incluso a causar desmayos. Todo ello puede confundir a los médicos haciéndoles pensar que la persona padece algún problema relacionado con el sistema nervioso o con las glándulas endocrinas (encargadas de la producción de hormonas).

Diagnóstico

Como la mayoría de los síntomas son inespecíficos, en general es imposible hacer un diagnóstico basándose sólo en ellos. Ante la presencia de alguno de los síntomas mencionados será necesario realizar pruebas para ver si hay una enfermedad responsable de los mismos. Éstas son algunas de ellas:

- examen físico: el médico palpa el abdomen para examinar el estado del hígado, el bazo y otros órganos en busca de cualquier posible cambio que haga pensar en la presencia de un tumor. Además, comprobará si hay ascitis (una acumulación de líquido), o signos de ictericia, con su característico color amarillo, propio de las afecciones hepáticas, y que se origina por la acumulación de pigmentos biliares en la sangre. Los tumores pequeños son difíciles de detectar mediante un examen físico porque las costillas derechas cubren la mayor parte del hígado.

- análisis de sangre: estas pruebas se realizan en busca de alfafetoproteína (AFP), cuyos niveles elevados pueden ser indicativos de la presencia de un tumor en el hígado. Entre el 50% y el 70% de las personascon un cáncer primario de hígado tiene altos niveles de AFP. Sin embargo, otros tumores como los de células germinales y, en algunos casos, los de estómago o páncreas también elevan esta sustancia. Por ello suelen emplearse además otros marcadores para determinar si el funcionamiento de este órgano es normal.

- escáner: mediante rayos X se realizan varis fotografías de la zona, hígado, vasos sanguíneos y otros órganos cercanos. A menudo se emplea previamente un tinte que deja ver claramente el hígado en las imágenes en busca de anomalías.

- ultrasonidos: esta técnica utiliza los ecos producidos por las ondas sonoras para emitir una imagen de los órganos internos (sonograma) que permite apreciar si hay alguna lesión en las paredes del hígado. Los tumores producen una reverberación distinta a los tejidos sanos que tiene su reflejo en la imagen. El paciente debe tumbarse en una camilla mientras el técnico mueve el transductor (el instrumento que emite las ondas sonoras) sobre el abdomen, previamente lubricado con un aceite o gel para ultrasonidos.

- resonancia magnética: Un ordenador traduce el patrón de ondas emitido por los tejidos del organismo en una imagen muy detallada de las partes del cuerpo que se quieran analizar. El detalle de esta técnica permite distinguir un tumor benigno de uno maligno. Para obtener la 'fotografía' el paciente es introducido en una estructura en forma de tubo que emite un sonido retumbante, que corresponde a la emisión de las ondas.

- angiograma: esta prueba requiere que el paciente ingrese en el hospital y reciba anestesia general, aunque muchas veces se practica sólo con sedación. El médico le administrará un tinte que permite ver los vasos sanguíneos del hígado en una imagen de rayos X. De esta manera se puede comprobar si existe algún nódulo en el órgano.

- biopsia: en ocasiones es necesario analizar una muestra de tejido bajo el microscopio para determinar la naturaleza de la lesión. Para ello el médico puede insertar una aguja directamente en el hígado (aguja de aspiración fina), mientras sigue el procedimiento desde el exterior mediante otras técnicas de imagen como el escáner computerizado (CT) o los ultrasonidos. Otras veces se elije una aguja más gruesa o bien se recurre a una laparoscopia, que consiste en la inserción de un pequeño tubo mediante una incisión practicada en el abdomen. Otra opción es la colangiopancreatografía (CPRE), que consiste en introducir un endoscopio por la boca hasta que llega al duodeno, donde desembocan las vías biliares.

 

Tratamiento

Hoy por hoy estos tumores sólo tienen cura si se detectan en fases muy tempranas de su evolución, antes de que las células enfermas hayan comenzado a expandirse por el organismo. Sin embargo, incluso en esta situación existe la posibilidad de controlar la enfermedad y mejorar la calidad de vida de los pacientes. Es lo que se conoce como un tratamiento paliativo.

Generalmente las opciones dependen del tipo de tumor y su estadío en el momento de comenzar la terapia. El estadiaje de un cáncer consiste en establecer su naturaleza basándose en el tamaño, estado general del hígado así como en la posible presencia de metástasis.

Éstas son algunas de las posibilidades:

CÁNCER LOCALIZADO OPERABLE

Como su propio nombre indica, se trata de tumores que pueden ser extirpados mediante cirugía. No hay evidencias de que la enfermedad se haya extendido a los ganglios linfáticos cercanos ni a otros órganos sanos. La intervención para extirpar el tumor se denomina hepatectomía (extirpación de una parte del hígado que debe incluir el tumor y bordes libres de enfermedad) y su extensión dependerá fundamentalmente del tamaño, localización y número de tumores.

Puede que sea necesario extirpar una porción del hígado, o incluso que haya que pensar en el trasplante. En algunos casos el cirujano extirpa completamente el órgano del paciente y lo sustituye por otro sano procedente de un donante. Esta opción sólo es válida si el cáncer no ha comenzado a extenderse y si se encuentra un donante compatible. Mientras eso ocurre, el equipo médico controlará la evolución del paciente oncológico administrándole otros tratamientos si fuese necesario. Si el tumor es inextirpable no hay evidencia de que el trasplante pueda ser curativo, pues casi siempre hay una recaída precoz en el órgano nuevo. Hoy por hoy, esta opción es experimental.

La recuperación después de una operación de este tipo es diferente para cada paciente. Algunos pueden sentirse incómodos durante los primeros días, aunque existen analgésicos muy eficaces contra el dolor. Tambén es frecuente sentir cansancio, fatiga física o diarrea. En el caso de los trasplantes de hígado, el posoperatorio suele durar varias semanas y el equipo médico vigila especialmente que no se produzca rechazo. Los fármacos que se emplean para evitar que el organismo reaccione en contra del nuevo órgano pueden provocar un exceso de vello corporal o un aumento de la tensión arterial.

La supervivencia a tres años en este tipo de cáncer es de cerca del 50%.

 

CÁNCER LOCALIZADO INOPERABLE

Incluso aunque las células cancerosas no hayan abandonado todavía el tumor original, éste no puede ser extirpado por diversas razones: porque el paciente tenga cirrosis, por su localización (cerca de estructuras vitales o poco accesible para los cirujanos), o bien por otros problemas de salud que impiden llevar al paciente al quirófano. Las opciones para ellos son:

- ablación por radiofrecuencia. Se emplea una sonda especial que contiene pequeños electrodos capaces de eliminar las células enfermas mediante calor de fricción. Puede hacerse directamente a través de la piel, con anestesia local, o bien mediante una pequeña incisión que se parctica en el abdomen, generalmente con anestesia general. Mediante una tomografía computerizada (CT) se sigue desde el exterior la colocación de la sonda en el tumor.

- inyección percutánea de etanol. El paciente recibirá una inyección de alcohol directamente en el hígado destinada a eliminar las células cancerosas. Aunque suele ser suficiente con anestesia local, algunos pacientes pueden requerir general. Es posible que el paciente desarrolle fiebre y dolor después del procedimiento, aunque no son efectos secundarios graves. En algunas ocasiones es preciso volver a repetirlo si el tumor crece de nuevo.

- criocirugía. El médico hace una incisión en el abdomen a través de la cuál inserta una sonda de metal que congela y elimina las células cancerosas. Para guiar el instrumento puede ayudarse de una técnica de ultrasonidos. La recuperación y las posibilidades de infección son menores que con otras cirugías más invasivas.

- infusión arerial hepática. Se inserta un catéter en la arteria hepática, la principal vía de entrada de flujo sanguíneo al hígado. A través de este conducto se inyectan fármacos antineoplásicos directamente en el órgano enfermo. Existe otra variante de esta técnica que consiste en la implantación de una pequeña bomba que continuamente segrega estos fármacos hacia el hígado. Este tipo de quimoterapia suele producir menos efectos secundarios que la que se administra de forma sistémica, precisamente porque no llega a todo el organismo.

- quimioembolización. Se coloca un pequeño catéter en una arteria de la pierna. Empleando rayos X como guía, el médico mueve el catéter hasta la arteria hepática e inyecta entonces los fármacos anticancerosos. Empleando pequeñas partículas bloquea el flujo sanguíneo a través de esta arteria, lo que permite que los fármacos permanezcan en el hígado durante mucho más tiempo. Este procedimiento requiere ingreso hospitalario y suele producir menos efectos secundarios que la que se administra de forma sisteémica, precisamente porque ésta no llega a todo el organismo, aunque sí puede producir náuseas, vómitos, fiebre y dolor abdominal. Debido a que reduce el suministro de sangre al tejido sano del hígado, puede ser peligroso para pacientes con enfermedades como la hepatitis o la cirrosis.

- hepatectomía total con trasplante de hígado. Si la extirpación del tumor es imposible por culpa del mal funcionamiento del hígado, algunos pacientes pueden beneficiarse de un trasplante. Mientras aparece un donante adecuado, el equipo médico continuará monitorizando el estado del paciente y, si fuese necesario, administrándole tratamiento. El trasplante de hígado es también una opción para pacientes con tumores pequeños pero que no pueden operarse porque tienen cirrosis.

 

CÁNCER AVANZADO

Por cáncer avanzado se entiende aquel que afecta a ambos lóbulos del hígado o bien que se ha extendido ya a otras partes del organismo. Aunque esta enfermedad no tiene curación, algunos pacientes reciben tratamientos paliativos que pueden prolongar su supervivencia y mejorar su calidad de vida. No hay un tratamiento estándar para estas situaciones, en las que las posibilidades de supervivencia a tres años son menores del 15%.

- quimioterapia: El paciente puede recibir un sólo fármaco o una combinación de varios agentes. Para ello se puede recurrir a la quimioembolización o bien a la infusión arterial hepática. En otras ocasiones el oncólogo prescribe una quimioterapia sistémica, que fluye por todo el organismo a través de una inyecicón intravenosa que alcanza a todo el flujo sanguíneo. Generalmente la quimioterapia es un tratamiento ambulatorio, que permite al paciente regresar a su casa después de recibir las sesiones, aunque en algunas situaciones, por la agresividad de la terapia o el estado general del paciente, puede necesitar ingreso hospitalario. Los efectos secundarios de esta terapia dependen en gran medida del tipo de fármaco utilizado, así como de la reacción de cada paciente.

- otras: las nuevas formas de radioterapia, así como de inmunoterapia y terapia génica están siendo estudiadas actualmente en diversos estudios clínicos.

CÁNCER RECURRENTE

Después del tratamiento inicial, la enfermedad puede reaparecer. En ocasiones, incluso aunque el cáncer haya sido extirpado completamente, existe la posibilidad de recaída debido a la existencia aún de células enfermas que no fueron detectadas en su momento. Es lo que se conoce como cáncer recurrente y suele tener lugar al cabo de unos dos años. En estos casos el paciente puede volver a someterse a una intervención o bien recibir una combinación de tratamientos, como la quimioterapia o la radioterapia.

Las radiaciones pueden usarse para reducir el tumor y paliar ciertos síntomas como el dolor, aunque no mejora la supervivencia. Generalmente no pueden usarse dosis muy altas porque la radioterapia destruye también el resto de tejido sano del órgano, aunque las nuevas técnicas tridmensionales permiten cada vez más delinear exactamente el tumor para evitar radiar otros tejidos no enfermos.


CÁNCER DE ESTÓMAGO

EL ESTÓMAGO Y EL APARATO DIGESTIVO

El estómago es un órgano hueco en forma de letra ‘J’ o de gaita que se sitúa en la zona más alta del abdomen y forma parte del aparato digestivo. Recibe el alimento que ingerimos por la boca a través del esófago.

Cuando penetra la comida en su interior, los músculos del estómago comienzan a contraerse rítmicamente y van poco a poco amasando y mezclando la comida para conseguir una pasta fluida. A este movimiento se añade la acción de los ‘jugos gástricos’: sustancias que son producidas por células especiales que tapizan el interior del estómago.

Estos líquidos contribuyen a transformar el alimento hasta conseguir una masa homogénea. Todo este proceso forma parte de la digestión de los alimentos. Cuando el contenido del estómago ha sido procesado y mezclado convenientemente como en una hormigonera, se abre una válvula llamada píloro que permite que la ‘mezcla’ pase al intestino delgado para continuar su tránsito a través del tubo digestivo.

¿QUÉ ES EL CÁNCER DE ESTÓMAGO?

El cáncer es una enfermedad en la que un grupo de células del cuerpo se hacen independientes del resto del organismo. Estas células se descontrolan, cambian su tamaño y su forma y lo que es peor, comienzan a multiplicarse y crecer sin ningún tipo de orden ni freno. El estómago, como la mayoría de los órganos del cuerpo, está formado por distintos tipos de células: un recubrimiento interno de células que producen moco y ácidos para la digestión, una capa intermedia a base de músculo y una más externa llamada serosa.

Los tumores aparecen cuando un tipo determinado de estas células (mucosa, muscular o serosa) comienza a multiplicarse y crecer por su cuenta. Pueden ser:

* Benignos: crecen lentamente y no destruyen los órganos cercanos ni se extienden a otras partes del cuerpo. A veces no necesitan tratamiento o pueden extirparse fácilmente.

* Malignos: las células crecen más agresivamente, invaden y destruyen lo que tienen alrededor y son además capaces de alcanzar zonas distantes del cuerpo (metástasis). Su tratamiento es difícil y puede llegar a matar: es lo que se llama cáncer. Hay distintos tumores de estómago dependiendo del tipo de células que se transformen en malignas.

FRECUENCIA Y CAUSAS

Aunque conocemos algunos factores que pueden influir en la aparición del cáncer gástrico, no sabemos por qué algunos sujetos lo padecen y otros no. Como casi todo en medicina, ocurre más a menudo a una edad determinada, en este caso en torno a los 50 años y algo más frecuentemente en varones. También hay zonas en el mundo donde estos tumores se dan con mayor frecuencia como en Japón, Corea, Suramérica....

El cáncer de estómago es el tercero en causa de fallecimientos: produjo en España 6.111 muertes en el año 2001 con una frecuencia algo mayor en varones (3.762 muertes) que en mujeres. Según estos datos, sólo el cáncer de pulmón y de colon supera al de estómago en fallecimientos por tumores malignos; la mama se situaría a continuación de estos tres protagonistas.

Curiosamente, aunque los científicos no saben explicar la causa, la mortalidad por cáncer gástrico ha disminuido en los últimos 20 años en toda Europa. La reducción en España es nada menos que del 25%, a pesar de lo cual nuestro país sigue con Portugal e Italia a la cabeza de la Europa comunitaria en esta terrible estadística.

Aunque el diagnóstico y el tratamiento de esta enfermedad han mejorado mucho en los últimos tiempos, no justifica del todo el descenso de la mortalidad por esta causa. Para los expertos, los motivos podrían residir también en la mejora de los métodos de conservación de alimentos, el descenso en el consumo de tabaco, una dieta más variada y el mejor control de la infección por Helicobacter pylori, un germen que infecta el estómago y que favorece la aparición del cáncer.

Algunos factores relacionados con la aparición de cáncer de estómago son:
* Una dieta rica en sal y alimentos ahumados al tiempo que pobre en frutas y vegetales.

* La inflamación (gastritis) crónica del estómago, el ser varón y la edad avanzada.
El consumo de tabaco, un tipo de anemia llamada ‘perniciosa’ y algunos trastornos genéticos como la poliposis gástrica.

* El tener algún familiar cercano (padres o hermanos) que hayan padecido cáncer gástrico.

SÍNTOMAS

El cáncer de estómago es una enfermedad traicionera porque avisa demasiado tarde. Puede no producir ninguna molestia durante largo tiempo y suele estar muy avanzado cuando el paciente nota el primer síntoma. Además, los problemas que produce son tan comunes que no suelen alarmar al principio. El sujeto puede notar:


- ‘acidez’ de estómago o sensación de ‘gases’
- molestias vagas en el abdomen
- diarrea o estreñimiento
- pérdida de apetito y de peso
- sensación de cansancio o debilidad
- aparición de sangre en las heces o en un vómito

Ante uno de estos problemas es aconsejable que consulte a su médico. Si él considera el problema alarmante, le enviará al especialista de digestivo (gastroenterólogo) para afinar más el origen de sus molestias. El oncólogo es el especialista en tratar el cáncer y sólo interviene cuando está confirmado que se trata de un tumor.

 

DIAGNÓSTICO

Para el diagnóstico de un cáncer de estómago es necesario investigar el aparato digestivo. Son varios los estudios que pueden hacerse y cada uno de ellos es más o menos molesto, al tiempo que aporta mayor o menor capacidad para descubrir el tumor.

  • La historia clínica y la exploración cuidadosa del médico es el primer paso cuando tenemos cualquier problema. Es un paso indispensable y muy importante en el diagnóstico de cualquier enfermedad: incluso más que las pruebas. El médico debe hacer una valoración cuidadosa de esta información antes de decidir cuáles son los estudios más recomendables para cada caso.
  • Los análisis de sangre en busca de signos de enfermedad grave son también necesarios al comienzo del estudio. Se buscan datos de anemia, enfermedad del hígado o sustancias presentes en la sangre en excesiva cantidad que hagan sospechar la existencia de un tumor maligno (marcadores tumorales).
  • Sangre oculta en heces: un cáncer de estómago puede sangrar en pequeñas cantidades que no son visibles a simple vista. Con una pequeña muestra de las heces del paciente y mediante una reacción química en el laboratorio es posible saber si estamos perdiendo sangre. Sirve sólo como método de sospecha porque también las úlceras y otras enfermedades diferentes al cáncer pueden sangrar.
  • Estudio radiológico gastroduodenal: se obtienen radiografías del esógafo, estómago y duodeno una vez que el paciente se ha bebido una papilla que contiene bario, una sustancia opaca a los rayos X. Es una manera de 'fotografiar' al estómago. Esta prueba se usaba mucho antiguamente pero es menos eficaz que la gastroscopia.
  • Endoscopia: consiste en la introducción de un tubo flexible por la boca hasta el estómago. Este dispositivo va provisto de una luz en su extremo y un sistema óptico que nos permite ver el interior del tubo digestivo. El médico puede así buscar directamente el cáncer y recurrir a la biopsia cuando observa alguna lesión en el interior del estómago. A la hora de hacerse una endoscopia pueden surgir dudas o preocupación sobre el tiempo que dura el procedimiento, si es dolorosa la biopsia o el tiempo que tardaremos en recibir los resultados. No dude en consultar con el médico que le solicite este tipo de estudio para que despeje todas sus incertidumbres. En cualquier caso, no se preocupe demasiado: es un procedimiento muy habitual, en general poco molesto y, aunque posibles, son excepcionales los problemas serios derivados del mismo.
  • Una biopsia gástrica consiste en la obtención de un pequeño trozo de la pared del estómago para analizarlo luego al microscopio. Este análisis es capaz de confirmar que la lesión observada a simple vista es en realidad un cáncer; también nos dirá el tipo y el grado de invasión de la pared del estómago. La biopsia se realiza introduciendo un diminuto bisturí a través del tubo que puede ser accionado desde el exterior mediante un cable.
  • Estadiaje: cuando la biopsia ha confirmado que existe cáncer en el estómago es necesario saber cuánto de extendido está y cuál es su agresividad. Esta evaluación es imprescindible para saber cuál es el tratamiento apropiado de cada paciente: se llama ‘estadiar’ o conocer el estadio de un cáncer. Para ello se recurre a diferentes pruebas:
  1. La tomografía axial computerizada (TAC) permite ver si la enfermedad afecta a órganos cercanos al estómago como el hígado, el páncreas o los ganglios linfáticos y también otras zonas más distantes como el pulmón. Requiere la inyección de contraste por la vena para resaltar las imágenes.
  2. La ecografía abdominal es una prueba más rápida, sencilla e indolora que proporciona buena información sobre el hígado y el páncreas aunque las imágenes son a veces más difíciles de interpretar por el médico.
  3. Laparoscopia o cirugía: a veces es necesaria la inspección directa del interior del abdomen para conocer con exactitud la afectación del estómago y sobre todo de los ganglios linfáticos cercanos. El cirujano extrae todos los ganglios próximos al estómago que son analizados al microscopio por un patólogo. El número de ganglios invadidos por el tumor está directamente relacionado con la gravedad de cada caso y con el tipo de tratamiento que precisa.

Una versión simplificada de los diferentes estadios del cáncer gástrico y su tratamiento podría ser la siguiente:

Estadio 0: el tumor se localiza sólo en la capa más interna del estómago llamada mucosa. Son los que se encuentran por casualidad, cuando el paciente se hace una endoscopia por otro motivo. Se llama también carcinoma ‘in situ’.

Estadio I: el tumor afecta a la totalidad del grosor de la capa mucosa.

Estadio II: afecta a la mucosa y a los ganglios linfáticos cercanos al estómago. También son de este estadio los que afectan a las tres capas del estómago (mucosa, muscular y serosa), aunque no haya ganglios invadidos por el cáncer.

Estadio III: el cáncer afecta a varias capas del estómago y a los ganglios linfáticos o bien no a los ganglios pero sí se ha extendido a órganos cercanos como el hígado.

Estadio IV: el cáncer afecta a más de 15 ganglios o bien se ha extendido a órganos cercanos y lejanos al estómago (huesos, pulmón...).

Cáncer recurrente: es el que tras haber sido tratado vuelve a reproducirse, bien en el propio estómago, ganglios linfáticos u otros órganos.

 

TRATAMIENTO

Las posibilidades de curarse y el tipo de tratamiento necesario dependen de muchos factores. El más importante es el estadio del cáncer gástrico. Como siempre que hablamos de cáncer, cuanto antes se diagnostique mejor. En los que se descubren muy precozmente, la curación es factible. También el estado general del paciente afecta a la posibilidad de utilizar una terapia más o menos agresiva.

Al igual que ocurre en otros tipos de tumores malignos, el cáncer de estómago tiene un tratamiento estándar que es diferente dependiendo del estadio en que se encuentre la neoplasia. Sin embargo, se realizan ‘ensayos clínicos’ en busca de diferentes pautas de tratamiento que superen a las alternativas existentes. Cuando esto se consigue, la nueva modalidad sustituye al estándar.

TIPOS DE TRATAMIENTO

  • Cirugía: es la terapia más frecuentemente usada en el cáncer de estómago, en todos los estadios y generalmente asociada a otras modalidades como la quimio o la radioterapia. Las técnicas quirúrgicas empleadas son.
    • Gastrectomía subtotal: se extirpa la zona del estómago donde está el tumor y se conserva parte del órgano. A veces también se extrae el bazo, una víscera que funciona como una esponja para almacenar células de la sangre.
    • Gastrectomía total: se extirpa el estómago completo al tiempo que se realiza una conexión entre el esófago y el intestino para dar continuidad al tubo digestivo.
    • Cirugía paliativa: se realiza cuando el cáncer no puede extirparse y sirve para mejorar la calidad de vida del paciente.
    • Colocación de un ‘stent’ (un pequeño tubo hueco expandible) dentro de la cavidad del estómago para permitir que el alimento pase y evitar que se obstruya.
    • Cirugía con rayo láser a través del endoscopio: la luz del láser hace de bisturí y elimina fragmentos del tumor para evitar que el estómago se obstruya.
    • Electro-cauterización: también a través del endoscopio se introduce una sonda que es capaz de ‘quemar’ puntos sangrantes del tumor para evitar una hemorragia grave.

     

  • Quimioterapia: es un tipo de tratamiento que emplea fármacos que atacan al cáncer. Puede administrase por vía sistémica (oral o intravenosa) o aplicarse localmente. En esta última modalidad, el fármaco se coloca directamente en la cavidad abdominal o en contacto con zonas invadidas por el tumor (huesos).
    Tanto la combinación de fármacos como las dosis o la vía de administración dependen de la fase o estadio en que se encuentre el cáncer. La quimioterapia se administra generalmente en ciclos: el paciente recibe el tratamiento durante uno o varios días y descansa un período antes de recibir una nueva dosis. Esta pauta se repite varias veces hasta completar el tratamiento.
    Sólo excepcionalmente es necesario ingresar en el hospital para recibir quimioterapia. Lo más habitual es acudir al hospital de día: una zona donde cada sujeto recibe su dosis durante la mañana para luego volver a su domicilio. En otras ocasiones los fármacos se administran por vía oral y no es necesario acudir a ningún centro clínico salvo para los controles periódicos.
  • Radioterapia: consiste en la administración de radiaciones ionizantes de alta energía para matar a las células cancerosas. La utilizada más frecuentemente es la radiación externa en la que una máquina emite rayos sobre el sujeto que penetran a través de la piel hasta alcanzar al tumor. En otras ocasiones se emplea la radioterapia interna: durante la cirugía se colocan en el interior del abdomen unos dispositivos de material radiactivo (agujas, alambres o catéteres) que ataquen directamente al tumor. La radioterapia también suele administrarse en ciclos intercalados con períodos de descanso. El paciente acude al hospital para cada sesión y vuelve a su casa. Sólo excepcionalmente deberá permanecer unos días ingresado. Se llama terapia adyuvante a la quimio o radioterapia que se administra después de la cirugía para aumentar las posibilidades de curación. También puede aplicarse en algunos casos antes de la intervención y entonces se denomina terapia neo-adyuvante.
  • Terapias biológicas: son tratamientos destinados a mejorar el sistema inmune o de defensas del paciente para que le ayude a atacar a las células cancerosas. Se llama también inmunoterapia.

¿CÓMO SE TRATA CADA ESTADIO?

Según lo avanzado de la enfermedad, la terapia es diferente. Para cada caso existe, en general, más de una opción:

  • Estadio 0: cirugía (gastrectomía total o parcial).
  • Estadio I y II: puede incluir lo siguiente: Cirugía
    - Cirugía seguida de quimio y radioterapia.
    - Quimio y radioterapia antes de la cirugía (se trata de un ensayo clínico en curso).
  • Estadio III: puede incluir lo siguiente:
    - Cirugía (total o parcial)
    - Cirugía seguida quimio y radioterapia.
    - Quimio y radioterapia antes de la cirugía (ensayo clínico)
  • Estadio IV que no se ha extendido a otros órganos lejanos al estómago. Puede incluir lo siguiente:
    - Cirugía seguida de quimio y radioterapia.
    - Quimio y radioterapia previas a la cirugía (ensayo clínico).
  • Estadio IV que se ha extendido a otros órganos lejanos al estómago: el tratamiento es diferente. No se trata de curar sino de paliar el problema y puede incluir:
    - Quimioterapia paliativa (no curativa) para mejorar los síntomas y la calidad de vida del paciente.
    - Cirugía endoscópica por láser o colocación de stent para evitar la obstrucción.
    - Radioterapia también paliativa para controlar la hemorragia, disminuir el dolor de la metástasis sobre un hueso o reducir el tamaño del tumor que pueda obstruir el estómago.
    - Cirugía, también paliativa para reducir el tamaño del cáncer.

ENSAYOS CLÍNICOS

Muchos de los pacientes con cáncer gástrico reciben tratamiento formando parte de un ensayo clínico. En estos ensayos, los sujetos con el mismo estadio de cáncer reciben bien el tratamiento estándar o bien una nueva modalidad. Se comparan los resultados de unos pacientes con otros y en los casos en que el nuevo consigue mejores resultados, pasa a convertirse en el estándar.

Los pacientes deciden voluntariamente si quieren formar parte de un ensayo clínico y a cambio obtienen la posibilidad de recibir tratamientos más avanzados que podrían ser superiores. Es una forma de contribuir a que la medicina avance.

También los ensayos clínicos se realizan para buscar nuevas formas de reducir los efectos tóxicos de los fármacos o algunos efectos secundarios desagradables que reducen la calidad de vida.

Los médicos siempre explican cuidadosamente en qué consiste un determinado ensayo clínico para que el paciente pueda, por sí mismo, decidir si quiere o no participar en él.

EFECTOS SECUNDARIOS

Es muy difícil atacar una enfermedad tan grave como el cáncer sin producir efectos indeseables para el paciente. Se trata de matar células cancerosas sin afectar a las sanas, algo que es realmente complicado.
Los efectos secundarios son diferentes para cada persona y pueden incluso variar de una a otra vez. Aunque los médicos están muy pendientes de reducir estos efectos al mínimo, a veces son inevitables. El paciente debe contar con todo detalle cualquier problema que tenga durante la terapia, así ayudará a que el tratamiento se planifique perfectamente y teniendo en cuenta los efectos desagradables que vayan surgiendo.

  • CIRUGÍA: la extirpación de todo o sólo una parte del estómago, afecta a la forma de digerir los alimentos. Un sujeto sin estómago deberá comer muchas veces al día y en pocas cantidades. También deberá recibir suplementos vitamínicos ya que no absorberá bien algunos nutrientes.
    En los días siguientes a la cirugía, el paciente se alimenta únicamente a través de líquidos administrados por vena. Poco a poco se irá introduciendo una dieta a base de líquidos y más tarde alimentos blandos que con el tiempo se van intercalando con comida más normal.
    Muchos sujetos operados necesitarán seguir una dieta especial durante las semanas siguientes a la operación y algunos de ellos deberán seguir así de por vida.
    Es conveniente que un expertO en dietética asesore a estas personas sobre la mejor manera de comer y qué alimentos evitar. Algunos pacientes pueden sufrir náuseas, diarrea o retortijones si comen rápido o determinados alimentos ricos en azúcares.
    También tras una gastrectomía es posible que la bilis suba desde el intestino hacia el esófago con cierta frecuencia produciendo sensación de ardor o indigestión.
  • QUIMIOTERAPIA: los efectos secundarios dependen del tipo de fármaco que se administre y de la dosis empleada en cada caso. Además influye la sensibilidad particular de cada paciente.
    Los agentes quimioterápicos no son más que venenos que matan células, lo que ocurre es que afectan sobre todo a las células que se multiplican más rápidamente, es decir las cancerosas.
    Sin embargo, las células sanas no pueden evitar verse afectadas y el paciente lo nota. Puede caerse el pelo (el cabello se multiplica rápidamente y por eso se ve más afectado que otras partes del cuerpo). También las células sanguíneas se multiplican rápidamente y se ven afectadas por la quimioterapia: puede aparecer anemia o una bajada de nuestras defensas. Esto último es importante porque en estas fases del tratamiento el paciente se encuentra debilitado y es posible que sufra infecciones muy graves que pueden llegar a ser mortales o complicar mucho el tratamiento.
    Otros efectos de la quimioterapia son: pérdida del apetito, debilidad, náuseas, vómitos o la aparición de llagas en la boca.
    En la mayoría de los casos el médico receta medicamentos que eviten o reduzcan estos efectos secundarios. Por otra parte, la mayoría de estos problemas desaparecen paulatinamente al cesar el tratamiento.
  • RADIOTERAPIA: cuando se aplica sobre el abdomen, como es el caso en el cáncer gástrico, puede producir nauseas, vómitos o diarrea que pueden ser controlados con medicación. La piel sobre la que se aplica el rayo puede irritarse y aparecer lesiones similares a quemaduras, enrojecerse, picar o transmitir sensaciones desagradables de irritación.
    Es conveniente evitar la ropa ajustada durante este período así como el empleo de cremas o lociones diferentes a las que recete el médico. La radioterapia produce también un cansancio considerable, incluso semanas después de haber recibido los ciclos. Es importante descansar adecuadamente aunque sin abandonar por completo el ejercicio físico.
  • INMUNOTERAPIA: es en general mejor tolerada. Sin embargo, algunos pacientes pueden notar síntomas gripales, fiebre baja o escalofríos, debilidad, nauseas vómitos y diarrea ocasionalmente. También pueden parecer erupciones en la piel o tendencia a desarrollar hematomas con facilidad.

RECOMENDACIONES

Sospechas: en el caso del estómago es muy difícil diagnosticarlo en fases poco avanzadas y con buenas posibilidades de curación. El cáncer de estómago produce pocos síntomas y éstos no suelen ser alarmantes. De todas formas, si está usted en la edad (alrededor de 55 años) debe consultar con su médico en caso de ardor de estómago rebelde al tratamiento, pérdida de apetito o peso no justificada, debilidad o dolor en la parte alta del abdomen... La anemia o la expulsión de algún resto de sangre con el vómito o por las heces es también un signo de alarma.

Detección sistemática: no está demostrado que la exploración sistemática del estómago mediante endoscopia sea eficaz en el ‘screening’ del cáncer de estómago. Es una prueba demasiado molesta y cara como para que merezca la pena hacérsela a sujetos sanos con el fin de detectar el cáncer antes de que dé síntomas. Por el momento sólo se hace en algunos países como Japón en sujetos que tienen un alto riesgo de desarrollar esta enfermedad.

Nutrición: muchos pacientes que han sido tratados de cáncer de estómago tienen problemas para comer bien, no perder peso ni padecer algún déficit de vitaminas. El cáncer produce con mucha frecuencia pérdida de apetito o repugnancia por algunos alimentos como la carne. También las nauseas y los vómitos que aparecen durante la terapia o la diarrea que puede persistir al finalizar el tratamiento, afectan a la capacidad del sujeto para nutrirse bien. El hecho de quedar sin estómago tras la operación o de tenerlo muy reducido hace que los pacientes deban aprender a comer de determinada manera. Sin embargo, mantener un buen estado nutricional es importantísimo para que el tratamiento vaya bien y sea eficaz. Es necesario ingerir las calorías suficientes para no perder peso, recuperarse de la terapia recibida y facilitar la rehabilitación de los tejidos. Existen equipos de médicos y enfermeras especializadas en dietética, un campo que es básico en el tratamiento del cáncer y que forma parte integral del proceso de curación. Todo paciente con cáncer de estómago debe recibir asesoría y tratamiento específico en este sentido.


DE PÁNCREAS

¿QUÉ ES?

En los Estados Unidos cada año se diagnostican 29.000 nuevos casos de cáncer de páncreas cada año, una enfermedad que ocupa el quinto puesto de mortalidad por cáncer en todo el mundo. Se trata de uno de los tipos de tumores más difíciles de diagnosticar, debido a que los síntomas suelen aparecer cuando la enfermedad ya está en una fase demasiado avanzada. Además, la localización de esta glándula impide que los tumores más pequeños sean detectados durante las revisiones rutinarias.

El páncreas es una glándula situada en el abdomen, entre el estómago y la columna vertebral, y cercana a otros órganos como el intestino o el hígado. Con su peculiar forma de pera, el páncreas es el encargado de fabricar insulina y otras hormonas, que llegan al flujo sanguíneo y circulan por todo el organismo con el objetivo de emplear o acumular para más adelante la energía procedente de los alimentos. Además, esta glándula también segrega jugos pancreáticos, que contienen enzimas necesarias para digerir la comida.

Los tumores de páncreas pueden dividirse en dos grandes grupos, según su naturaleza, benignos o malignos. Los primeros no son cancerígenos, y los cirujanos pueden extirparlos sin mayor complicación. De hecho, la mayoría de las veces no vuelven a reaparecer después de la operación, y las células de estas tumoraciones no suelen propagarse más allá de su localización inicial. En el caso de los tumores malignos, la gravedad es mayor, y el riesgo para la vida del paciente aumenta. Las células malignas pueden llegar a invadir y dañar los tejidos colindantes, llegando a 'colarse' en el flujo sanguíneo e incluso en el sistema linfático. Éste, encargado de la defensa del organismo, es el que las células enfermas emplean como medio de trasporte para viajar desde el tumor hasta otras zonas del organismo.

Esta expansión es lo que se conoce como metástasis. Cuando las células enfermas alcanzan los ganglios linfáticos, donde se producen los glóbulos blancos (o células defensivas), es fácil que la enfermedad alcance otros ganglios y tejidos, como el hígado o los pulmones (lo que se conoce como metástasis a distancia). En otras ocasiones, la patología se propaga hasta el peritoneo, el tejido que recubre el abdomen, en estos casos se considera que la extensión es local.

Existe un tipo de cáncer pancreático muy raro, que comienza en las células que producen insulina y otras hormonas, de las que toma su nombre, cáncer de las células de los islotes pancreáticos. En estos casos, el organismo produce demasiada insulina.

 

CAUSAS

Por el momento, se desconoce la causa exacta de este tipo de tumores, y los especialistas no aciertan a explicar su origen. Es cierto que las investigaciones han demostrado que existen algunas personas con un perfil de riesgo más elevado que el resto de la población, lo que incrementa sus probabilidades de desarrollar la enfermedad. Algunos de estos factores de riesgo son:

  • la edad
    El 'peligro' aumenta con los años. La mayoría de los casos se registran en personas mayores de 60.
  • el tabaco.
    Los fumadores tienen entre dos y tres veces más probabilidades de padecer un tumor en el páncreas.
  • la diabetes.
    Estos enfermos tienen un porcentaje un poco mayor que el resto de la población debido a las alteraciones que presentan en las células pancreáticas.
  • ser hombre
    El número de casos es más elevado entre los varones.
    los antecedentes familiares. Si la madre, padre o hermanos han padecido la patología, el riesgo se triplica.
  • pancreatitis crónica
    Se trata de una enfermedad que afecta a esta glándula, y la evidencia sugiere que podría estar relacionada con una propensión mayor.
  • otros
    Además, ciertos estudios sugieren la posibilidad de que esta enfermedad esté relacionada con la exposición a determinados compuestos químicos en el entorno laboral. Una elevada ingesta de carnes rojas y grasas animales son otros de los factores de riesgo apuntados por los científicos. Es importante dejar claro que no todas las personas que responden a este perfil desarrollarán un tumor de este tipo a lo largo de su vida.

SÍNTOMAS

A menudo se habla de este tipo de cáncer como de una 'enfermedad silenciosa', porque, en sus fases más tempranas, no da ningún síntoma de alarma que permita identificarlo. Esta circunstancia es la que impide que se diagnostique a tiempo, ya que el paciente suele acudir al médico demasiado tarde, cuando el cáncer está ya muy avanzado y las terapias son prácticamente inocuas.
A medida que el tumor crece, acaba presionando alguno de los órganos cercanos, lo que ofrece las primeras pistas para sospechar de su existencia. Algunos de estos signos de alarma que pueden permitir identificarlo son:

  • dolor abdominal, que empeora cuando el paciente ingiere alimentos. Se estima que tres cuartos de los pacientes con cáncer pancreático avanzado sufre dolor en la zona a consecuencia de la presión que el tumor ejerce sobre los nervios y órganos más cercanos.
  • debilidad, la piel adquiere un color amarillento debido a la acumulación de bilirrubina en la sangre. Esto se produce porque el conducto que la transporta desde la vesícula biliar al intestino delgado puede estar obstruido por el tumor.
  • pérdida de apetito y de peso, las células enfermas privan a las sanas de los nutrientes necesarios.
  • náuseas y vómitos, no siempre que se presentan estos síntomas tiene porqué tratarse de cáncer de páncreas. Una infección, por ejemplo, puede provocar un estado general muy parecido. Sólo el médico puede diagnosticar de qué se trata y tomar las medidas oportunas, no dude en consultarle.

DIAGNÓSTICO

Ante unos síntomas como los descritos anteriormente, el médico realizará una serie de exámenes para determinar de qué se trata. Algunas de las pruebas diagnósticas empleadas son:

  • Exámen físico. Una de las formas más frecuentes de diagnosticarlo consiste en analizar la piel y los ojos del paciente en busca de cualquier signo de ictericia. Ésta condición aparece cuando el tumor comienza a crecer y obstruye la vía biliar, lo que provoca la aparición del característico color amarillo de estos pacientes. Esta evaluación puede ayudar a encontrar masas en el abdomen, pese a que la mayoría de los tumores pancreáticos no crece lo suficiente como para poder palparse. La exploración también permite encontrar ganglios aumentados de -tamaño en el caso de que haya metástasis tumoral.
  • Análisis. Las pruebas de sangre, orina y heces permiten comprobar los niveles de bilirrubina, una sustancia que, en condiciones normales, pasa del hígado al intestino a través de la vía biliar. Sin embargo, si existe un tumor que está taponando la vía biliar, la bilirrubina no puede 'circular' normalmente, y entonces los niveles se apreciarán excesivamente altos en los análisis. Hay que recordar que existen otros problemas de salud que nada tienen que ver con el cáncer y que también pueden provocar un aumento anormal en esta sustancia. Por otro lado, en la actualidad, los investigadores trabajan también con un marcador tumoral, CA 19-9, que segregan las células tumorales. Aunque no es ni muy sensible ni muy específico para el diagnóstico sí puede emplearse para el seguimiento de los pacientes operados. Es decir, los niveles de CA 19-9 descienden significativamente después de la extirpación del tumor, pero si posteriormente vuelven a incrementarse, esto puede indicar a los médicos que sigue habiendo células enfermas produciendo esta sustancia.
  • Escáner. Los rayos X permiten crear una imagen detallada del páncreas y el resto de los órganos ubicados en el abdomen en busca de cualquier bulto o anomalía sospechosa.
  • Ecografía o ultrasonografía. Mediante ondas ultrasonoras, inaudibles para el oído humano, se puede obtener también una imagen bastante fiel de la glándula. Las ondas sonoras rebotan en el páncreas devolviendo un eco que la máquina convierte en representación visual. El eco difiere cuando se trata de un tejido sano o de un tumor cancerígeno.
  • Colangiopancreatografía endoscópica retrógrada (ERCP). Mediante un pequeño tubo flexible o catéter se introduce una pequeña cámara hasta la desembocadura del conducto pancreático en el intestino delgado. Al visualizar el conducto, se introduce un contraste o sustancia opaca que actúa como tinte, y posteriormente se hace una radiografía en la que puede verse nítidamente la glándula o cualquier otra anomalía. La prueba dura aproximadamente una hora.
  • Colangiografía percutánea transhepática. Es una radiografía de contraste que se emplea para detectar cualquier obstrucción anómala de la vía biliar. Se inserta una aguja larga y delgada en el hígado directamente a través de la piel, de este modo se puede introducir el contraste que permitirá hacer visible la glándula al hacer posteriormente una radiografía.
  • Biopsia y punción. En ocasiones es necesario analizar directamente una muestra de tejido en busca de células malignas. Se puede hacer mediante cirugía abdominal, o incluso durante la colangiopancreatografía o la colangiografía. La punción por aguja fina (PAAF) es uno de los más frecuentes.

Estas pruebas diagnósticas sirven además para conocer la fase en la que se encuentra el tumor. Es lo que en términos médicos se conoce como estadío, que trata de identificar el tamaño de la tumoración, si las células malignas se han extendido a otras partes del cuerpo, y si es así hasta qué punto están afectadas. En ocasiones suelen ser necesarios nuevos tests, más específicos para ello, como la resonancia magnética, una laparoscopia, una angiografía etc.

TRATAMIENTO

Cada vez son más los pacientes que deciden tener un papel activo en su enfermedad, conocer todo lo que concierne a la patología para poder tomar algunas de las decisiones que determinen el tratamiento más adecuado, cuál conlleva menos efectos secundarios etc. Sin embargo, a veces, el shock que supone enfrentarse a una patología como el cáncer impide a los enfermos y a su familias pensar con claridad y hacer todas las preguntas que, de otro modo, se plantearían.

En la actualidad, el de páncreas es uno de los tumores más difíciles de controlar incluso con los tratamientos disponibles. Este es el motivo que puede llevar a muchos médicos a animar a sus pacientes a participar en un ensayo clínico, una opción que puede resultar muy interesante y de gran utilidad para algunas personas. Infórmese sobre si en el hospital donde está siendo tratado se lleva a cabo alguna investigación sobre su patología, tal vez en ese caso pueda participar y tener acceso a medicamentos experimentales o a determinadas terapias en experimentación.

El cáncer de páncreas sólo puede curarse si se detecta en etapas muy tempranas de la enfermedad, antes de que las células enfermas hayan comenzado a propagarse. Sin embargo, cuando no es posible curar al paciente y eliminar completamente el cáncer, porque éste ya está demasiado extendido, existe otro tipo de medicina, paliativa, que puede prolongar la vida del paciente en las mejores condiciones posibles, controlando el dolor y los problemas causados por la patología.

La elección final dependerá de factores tan variados como la edad o el estado de salud general del paciente, la fase en la que se encuentra el tumor etc. Éstas son algunas de las alternativas:

  • Cirugía.
    La intervención quirúrgica puede hacerse sola o combinada con algunas sesiones de radioterapia y quimioterapia. La extensión de la operación dependerá del tamaño del tumor, su localización... En la actualidad, en el momento del diagnóstico, sólo el 20% de los tumores pancreáticos puede extirparse. El procedimiento estándar que se utiliza se llama pancreáticoduodenectomía o procedimiento de Whipple. Según el estado del paciente y del tumor, el cirujano extirpará la cabeza del páncreas y una parte del intestino delgado, la vía biliar y el estómago así como los tejidos circundantes, o bien el páncreas entero y el bazo (en lo que se conoce como pancreatectomía distal). Otra intervención más agresiva es la pancreatectomía total, durante la que los médicos extraen completamente el páncreas, pero también una parte del intestino delgado, la vía biliar, la vesícula, el bazo y los ganglios linfáticos más cercanos.
    Cuando el tumor está bloqueando la vía biliar o el duodeno, los cirujanos pueden practicarle al paciente una especie de 'bypass'. Un 'puente' que permitirá a los fluidos discurrir normalmente a través del sistema digestivo y además aliviará los síntomas de la ictericia y los dolores derivados de ese taponamiento. Similares resultados pueden obtenerse sin necesidad de recurrir al 'bypass'. Basta con insertar un stent biliar en la zona taponada, una pequeña malla que permite mantener abiertos ambos conductos.
    La mayoría de las operaciones requieren que los pacientes permanezcan ingresados en el hospital durante varios días para recuperarse, excepto en los casos de los stents biliares tras cuya colocación la mejoría puede ser muy rápida e inlcuso el paciente puede volver a casa al día siguiente. En el resto de los casos, es normal que el paciente se encuentre cansado y débil en los días inmediatamente posteriores, y la mayoría necesita estar al menos un mes de reposo en su casa después de abandonar el centro hospitalario.
    Además, lo habitual es que los pacientes pasen varios meses a base de líquidos, e incluso con alimentación intravenosa, debido a que la extirpación de una parte del páncreas suele acarrear dificultades a la hora de digerir los alimentos. Poco a poco podrán ir retomando su alimentación normal, a medida que les vayan retirando los tubos del abdomen.
    Uno de los efectos secundarios más frecuentes es el dolor, aunque éste puede controlarse fácilmente gracias a los fármacos analgésicos. En algunas ocasiones, si el organismo no es capaz de volver a producir insulina en niveles adecuados, el operado puede desarrollar diabetes.
    El pronóstico de estos pacientes es significativamente mejor si puede extirparse el páncreas. Cuando la operación es imposible, este cáncer resulta fatalmente mortal (el promedio de supervivencia es de apenas un año). Incluso con la intervención, el porcentaje de curación es inferior al 50%.
  • Radioterapia.
    Ésta es una terapia local, que afecta únicamente a la zona sobre la que se aplican las radiaciones, a diferencia de la quimioterapia, que se considera sistémica, porque llega a todas las zonas del organismo. Las radiaciones pueden aplicarse después de la operación para tratar de eliminar completamente las células enfermas que hayan podido sobrevivir en la zona, o como tratamiento paliativo para aliviar el dolor y otros problemas provocados directamente por el cáncer.
  • Quimioterapia.
    El uso de este tipo de fármacos está dirigido a matar las células cancerígenas, aunque los médicos también pueden recomendarlo para reducir el dolor o hacer disminuir el tamaño de la tumoración antes de entrar en el quirófano. Puede emplearse un solo medicamento o bien en combinación con otros agentes, o incluso añadiendo sesiones de radioterapia. La falta de apetito, náuseas o pérdida de peso provocados por estos agentes terapéuticos son comunes a todos los tipos de cáncer, no sólo al de páncreas. En cualquier caso, las recomendaciones coinciden, llevar una dieta sana y equilibrada, tratar de descansar adecuadamente, y realizar actividades motivadoras.
  • Fármacos.
    Para tratar de suplir el papel de un páncreas completamente sano, los médicos pueden recurrir a la administración de algunos fármacos que reemplazarán las funciones que, en condiciones normales, realizan las hormonas. Es el caso de las tabletas enzimáticas pancreáticas, que mejoran la capacidad del organismo para absorber nutrientes, o las inyecciones de insulina que se aplican con la intención de equilibrar los niveles de esta hormona en el organismo.

ENFERMEDAD DE HODGKIN

¿QUÉ ES?

La enfermedad de Hodgkin es un tipo de cáncer que se origina en el sistema linfático.

El sistema linfático está formado por una serie de vasos que recorren todo el cuerpo y por ganglios que son como unos colectores.

Los ganglios linfáticos son como unas pequeñas bolsitas (o racimo de uvas) que se encuentran, en distintas partes del organismo, en zonas como el cuello, las axilas, las ingles, el tórax, el abdomen y la pelvis.

Estas dos estructuras transportan y contienen la linfa que está compuesta por un tipo de glóbulos blancos llamados linfocitos.

El tejido linfático también se forma en otros órganos de nuestro cuerpo como son el bazo, la médula ósea y el timo.

La función de los linfocitos es la de defensa del organismo.

El bazo, glándula vascular sanguínea, situada en el lado izquierdo del abdomen, debajo de las costillas, produce linfocitos y otras células del sistema linfático. También almacena células sanas de la sangre y filtra células dañadas, bacterias y productos de desecho de las células.

La médula ósea es el tejido esponjoso que se encuentra en el interior de los huesos y que se encarga de la producción de células sanguíneas (glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas).

El timo es una glándula que se encuentra, en la base del cuello, en el tórax y que produce un linfocito especial llamado linfocito T.

Los linfomas, o tumor del tejido linfático, se clasifican en dos tipos: linfomas o enfermedad de Hodgkin, denominados así por el doctor Thomas Hodgkin, quien los descubrió, y los linfomas no Hodgkin.

Las células de los linfomas Hodgkin son diferentes de las células de los no Hodgkin. Se denominan células de Reed-Sternberg, apellidos de los médicos que las descubrieron, y son un tipo de linfocitos B malignos. Los linfocitos B normales son los que se encargan de la defensa de las infecciones.

La enfermedad de Hodgkin produce una inflamación del tejido linfático. Puede ocurrir en cualquier zona donde se encuentre este tejido.

Los linfocitos B malignos pueden diseminarse, a través de los vasos linfáticos, a cualquier zona del cuerpo. También si pasan al torrente sanguíneo pueden afectar a múltiples órganos.

CAUSAS

La enfermedad es más frecuente en hombres que en mujeres. Afecta más a adultos jóvenes (es muy frecuente de los 15 a los 34) y a adultos mayores de 55 años.

La causa es desconocida aunque se piensa que el virus Epstein-Barr, que causa una infección llamada mononucleosis infecciosa, tiene relación con la enfermedad. Aunque en el 50% de los pacientes no está probada la presencia de este virus.

Se ha observado también que este cáncer es más frecuente en personas que tienen el sistema inmunológico deteriorado como son aquellas que padecen el sida, o aquellas que han sido sometidas a un trasplante y que, para evitar un posible rechazo, se ha suprimido su sistema inmunológico.

No se pueden determinar los factores de riesgo ni prevenirlos porque no se conocen las causas.


El índice de supervivencia, después del tratamiento, es de un 93% relativo a un año. Para 5 y 10 años, oscila entre un 82% y un 72%, respectivamente. Durante los primeros 15 años después del tratamiento, la principal causa de muerte para estos pacientes es la recurrencia de la enfermedad.

DETECCIÓN Y SÍNTOMAS


La enfermedad de Hodking produce una inflamación del tejido linfático, siendo lo más llamativo es la inflamación de los ganglios. Generalmente suelen detectarse alterados los del cuello, axilas o ingles, mientras que los más profundos sólo se podrán ver con una radiografía o con una tomografía computerizada (TC).

El que una persona tenga algún ganglio inflamado no significa que ya tenga esta enfermedad; los ganglios se suelen inflamar cuando existe una infección. Tras ser tratada, su tamaño vuelve a ser normal.

Otros síntomas que suelen acompañar a la enfermedad son la pérdida de peso, fiebre, sudores nocturnos, picores intensos en la piel, etc. Los síntomas variarán según el desarrollo de la enfermedad.

El médico primero realizará una exploración física para comprobar si nota inflamados los ganglios linfáticos.

Después podrá pedir otra serie de pruebas como son un análisis de sangre, radiografía de tórax o TC como se ha comentado anteriormente.

La prueba que se precisa para confirmar el diagnóstico es una biopsia de los ganglios. A través de ella se observará al microscopio el tejido del ganglio y se podrá comprobar la existencia de células cancerosas (de Reed-Sternberg) o no.

ESTADIOS

La enfermedad se clasifica en cuatro estadios según el número de regiones afectadas. Según tenga un estadio u otro, así será el pronóstico y el tratamiento del paciente. Por este motivo, es muy importante determinar en qué estadio está la enfermedad.

La posibilidad de recuperación es buena si la enfermedad se encuentra entre los estadios I y III y será superior al 50% para aquellos que se encuentren en el estadio IV.

Los estadios se subdividen en A o B según la ausencia (A) o presencia (B) de los siguientes síntomas: fiebre, sudores nocturnos y pérdida de peso superior al 10% del total. Si la enfermedad de Hodgkin se propaga localmente de un ganglio linfático a un órgano adyacente (E), se añade la letra E a la etapa.

Se utilizan varias pruebas para determinar los estadios de la enfermedad. La radiografía de tórax o de pelvis, ayuda a visualizar los ganglios de estas zonas.

La tomografía computerizada es capaz de detectar los ganglios linfáticos agrandados y la diseminación del linfoma en el hígado y otros órganos. Esta técnica consiste en un haz giratorio de rayos X que permite visualizar el cuerpo desde distintos ángulos. Se puede utilizar un colorante que ayudará a visualizar algunas zonas.

La resonancia magnética utiliza campos magnéticos y ondas de radio en lugar de rayos X. Ésta puede mostrar masas en los ganglios o en otros órganos.

El control de galio es otra prueba que consiste en inyectar en los vasos linfáticos del pie una dosis pequeña de galio, una sustancia radioactiva. El galio es tomado por las células de la enfermedad de Hodgkin y, tras unos días, se puede observar su ubicación a través de una gammagrafía o un sistema que detecta la radioactividad.

Muchos pacientes, sólo precisan los resultados de la clasificación clínica por etapas para planificar su tratamiento. Sin embargo, otros requieren la clasificación patológica por etapas.

Para establecer la clasificación patológica se realizará una laparotomía de abdomen. Ésta consiste en introducir un tubo por el abdomen, a través de una pequeña incisión, para tomar alguna muestra del hígado y bazo para luego analizarla (realizar una biopsia), incluso, en ocasiones, se extrae por completo el bazo.

Etapa I
La enfermedad se encuentra limitada a los ganglios linfáticos de sólo una parte del cuerpo (por ejemplo, el ganglio de una axila) o se propaga localmente para afectar el tejido adyacente (IE).

Etapa II
Pueden producirse las siguientes situaciones:

La enfermedad de Hodgkin se encuentra en dos o más áreas de ganglios linfáticos del mismo lado del diafragma (el músculo que está debajo de los pulmones).

Puede haber una extensión local desde el(los) ganglio(s) linfático(s) hacia el tejido adyacente (IIE).


Etapa III
La enfermedad se encuentra en áreas de ganglios linfáticos a ambos lados del diafragma (por encima y por debajo de éste).

La enfermedad puede haberse propagado a un área u órgano adyacente al ganglio linfático y/o al bazo. (IIIE/IIISE).

Etapa IV
La enfermedad de Hodgkin se ha propagado a uno o más órganos fuera del sistema linfático, tales como la médula ósea o el hígado.

Según el estadio de la enfermedad se dan los siguientes índices de supervivencia:

Para la fase I, la probabilidad de curación es superior al 90%.
Para la fase II, la probabilidad de curación es del 90%.
Para la fase III, es de un 80%.
Para la fase IV, oscila entre un 60 a un 70%.

TRATAMIENTO

El tratamiento dependerá de la extensión de la enfermedad y de las características del paciente: edad, estado general de salud, etc.

De forma general, los dos tratamientos más frecuentes son la quimioterapia y la radioterapia.

La radioterapia consiste en el uso de rayos X de alta energía para eliminar las células cancerosas o disminuir el tumor. Esto se realiza a través de una máquina que emite esos rayos en las zonas que se precise. La radioterapia se aplica sólo en las áreas afectadas.

El paciente tendrá que ir, de forma ambulatoria, a la clínica u hospital donde le administren la radioterapia. La duración de cada sesión son unos veinte minutos. El enfermo estará solo en una sala aislada para que las radiaciones no se propaguen.

La quimioterapia consiste en el empleo de fármacos para destruir las células cancerosas. Estos fármacos pueden administrarse por boca, por inyecciones intramusculares o por inyecciones intravenosas. Independientemente de por dónde se administre, el medicamento irá al torrente sanguíneo y de ahí a todo el cuerpo para llegar a las células cancerosas y destruirlas.

Generalmente se emplean diversas combinaciones de fármacos para el tratamiento de la enfermedad de Hodgkin en función de las características de la enfermedad y el paciente.

El tratamiento variará según los estadios:

Para el estadio I y II, el empleo de radioterapia como único tratamiento da una curación de más del 90%. La radioterapia se administrará en la zona afectada y en los ganglios más cercanos.

Los ganglios linfáticos que están muy inflamados precisan de radioterapia previa o posterior a la quimioterapia.

Si la zona afectada del tórax es muy amplia se puede dar radioterapia de la zona y de los ganglios del abdomen superior y el bazo. Aquí se puede utilizar la quimioterapia combinada con la radioterapia.

En el estadio III, y si está asintomático el paciente, puede utilizarse únicamente la radioterapia. Sin embargo, el pronóstico de curación es del 65 al 75%. Con la quimioterapia, el índice de curación aumentará al 75% u 80%.

En el estadio IV, se utiliza una combinación de varios fármacos quimioterápicos.
Cuando la enfermedad de Hodgkin es recurrente, es decir, que vuelve a aparecer, hay que emplear un tratamiento distinto al que se utilizó. Si previamente se administró quimioterapia, lo indicado será la radioterapia. Si fue al contrario, se empleará ahora la quimioterapia.

En aquellos casos en los que se empleó una combinación de ambas terapias, habrá que intensificar la terapia y si se emplean altas dosis de quimioterapia, habrá que realizar un trasplante de médula ósea.


LINFOMAS NO HODGKIN

¿QUÉ ES?

Los linfomas no Hodgkin (LNH) son un grupo de síndromes del sistema linfático. Puede decirse que es un cáncer que se produce en este sistema.
Es el quinto tipo de cáncer más frecuente. En Estados Unidos, el año pasado, se diagnosticaron unos 55.000 casos y se produjeron 26.000 muertes.

El sistema linfático es un sistema formado por vasos y ganglios que transportan la linfa.

La linfa es un líquido incoloro que contiene glóbulos blancos.

Los tres tipos principales de glóbulos blancos son los monocitos, los granulocitos y los linfocitos.

Estas células se encargan de la defensa del organismo. Las células principales se denominan linfocitos. Éstas reconocen cualquier sustancia extraña al organismo y liberan otras sustancias que destruyen al agente agresor.

Hay dos tipos de linfocitos, los B y los T. Los linfomas de células B son más frecuentes que los linfomas de células T. Estos dos tipos son responsables del 85% y 15%, respectivamente, de todos los casos de linfomas no Hodgkin. Existen varios tipos de células T y B, según sea su desarrollo y morfología.
Existen muchos tipos de linfomas, más de veinte. Los linfomas se suelen diferenciar y parecer a un tipo de linfocito.

Los linfomas no Hodgkin son tumores potencialmente curables. Como existen muchas formas, es importante identificar qué linfoma es el que presenta la persona, para clasificarlo dentro de un grupo concreto y establecer el tratamiento específico a esa enfermedad.

Los ganglios linfáticos están localizados en distintas zonas del organismo, con forma de racimo de uvas, contienen la linfa y son el punto de llegada y de salida de los vasos linfáticos que recorren todo el cuerpo.

Algunos ganglios se encuentran en zonas más superficiales que otros, como son los del cuello o los de las axilas. Los más superficiales pueden palparse, incluso observarse, cuando están inflamados. Pueden inflamarse cuando se produce una infección, pero también cuando existe un linfoma.

El bazo, glándula vascular sanguínea, situada en el lado izquierdo del abdomen, debajo de las costillas, produce linfocitos y otras células del sistema linfático. También almacena células sanas de la sangre y filtra células dañadas, bacterias y productos de deshecho de las células.

El timo es una glándula localizada en la base del cuello y que también produce células inmunológicas.

La adenoides y amígdalas son conglomerados de tejido linfoide localizados en la parte posterior de la garganta. Producen anticuerpos contra los gérmenes inhalados o tragados.

La médula ósea, parte interna de los huesos, se encarga de producir glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas.

TIPOS DE LINFOMAS NO HODGKIN

Existen muchos tipos de linfomas no Hodgkin. Gracias a los avances en biología molecular, en inmunohistoquímica, en técnicas de imagen y medicina nuclear y en estudios farmacológicos se han desarrollado espectacularmente el diagnóstico y el tratamiento en los últimos diez años.

Existen varias clasificaciones para estos linfomas, durante los últimos veinte años se han utilizado sobre todo la clasificación de Kiel y la "Working Formulation".

La clasificación de kiel se fundamenta en el paralelismo en la forma y patología entre el linfoma y su supuesta contrapartida en el desarrollo linfocito normal.

La "Working Formulation" se basa en la clínica y permite una traslación de los distintos grupos morfológicos entre tres categorías de tumores con pronósticos clínicos diferentes: bajo, intermedio y alto grado.

La mayoría de los estudios clínicos (donde se trata cierto grupo de enfermos con determinados fármacos para comprobar su eficacia) se han realizado durante los últimos diez años, utilizando como base una u otra de estas clasificaciones, permitiendo una aproximación en el desarrollo de tratamientos efectivos para estos tumores.

A pesar de lo amplias que son estas clasificaciones, existen algunas enfermedades linfoproliferativas que no han sido incluidas en ningún grupo. Éstas son la tricoleucemia, la leucemia linfática crónica o la micosis fungoide.
Como ejemplo de la complejidad y el número de tipos de linfomas se muestra la clasificación de la "Working Formulation":

Linfomas de bajo grado:

A) Linfoma maligno linfocítico de célula pequeña compatible con leucemia linfática crónica plasmocitoide.

B) Linfoma maligno folicular de células pequeñas hendidas predominantes.

C) Linfoma maligno folicular mixto. Células pequeñas hendidas y células grandes.

Linfomas de grado intermedio:

D) linfoma maligno folicular predominando las células grandes.

E) Linfoma maligno difuso de células pequeñas hendidas.

F) Linfoma maligno difuso mixto de células pequeñas y grandes, con esclerosis y componente epitelioide.

G) Linfoma maligno difuso de células grandes, hendidas y no hendidas.

Linfomas de alto grado:

H) Linfoma maligno de células grandes, inmunoblástico:

- Plasmocitoide.
- De célula clara.
- Polimorfo.
- Con componente célula epitelioide.

I) Linfoma linfoblástico:
- "Convoluted".
- "Non convoluted".

J) Linfoma maligno:
- Células pequeñas no hendidas.
- De Burkitt.

Miscelánea:

- Compuesto.
- Micosis fungoide.
- Histiocítico.
- Plasmocitoma extramedular.
- Inclasificable.

FACTORES DE RIESGO

La diversidad de linfomas así como los distintos tipos de personas que resultan afectados y su relación con cuadros clínicos de inmunodeficiencia, indican su probable diversidad en cuanto a las causas y mecanismos que producen la enfermedad.

Se conocen algunos factores que causan este tipo de cáncer, entre ellos están los siguientes:

Lesiones genéticas: en los linfomas no Hodgkin, la célula anormal presenta alteraciones en la estructura del genoma que dan lugar a una expresión de diversos oncogenes, genes que favorecen la formación del cáncer. Estos oncogenes varían y, según actúe uno u otro, pueden producir un tipo de linfoma u otro.

Los oncogenes favorecen la producción de proteínas que controlan la multiplicación celular y que pueden transformar en autónoma esa célula tumoral.

Las alteraciones en los cromosomas son frecuentes en este tipo de linfomas, de tal forma que, aproximadamente, un 50% de los linfomas B presenta un cambio en el cromosoma 14.

En otros casos, lo que ocurre es que se inactivan determinados genes supresores, éstos actúan destruyendo la formación de tumores. Algunas alteraciones de determinados cromosomas hacen que esos genes supresores de tumores no actúen y que se origine el linfoma.

Las alteraciones del gen supresor p53, frecuentes en otros tipos de cáncer, son muy infrecuentes en los linfomas, estando restringida a los estadios finales de los linfomas foliculares y al linfoma de Burkitt.

Más frecuentes son los cambios en el cromosoma 6, que se asocia a un mal pronóstico, y la alteración del cromosoma 13q14, que se dan en un 50% de los pacientes con linfoma B linfocítico de células pequeñas.

Infecciones: en algunos linfomas, la intervención de determinados virus oncogénicos, que introducen algunos trozos de genes, ocasionan alteraciones en las células dando lugar a estos linfomas.

Actualmente, se encuentran identificados tres virus responsables de originar linfomas:

a) El virus Epstein-Barr, identificado en un primer momento en el linfoma Burkitt endémico africano y más tarde identificado en más de un 50% de las células de Reed-Sternberg de la enfermedad de Hodgkin; en algunos pacientes con la forma esporádica del linfoma de Burkitt y en los linfomas asociados con el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA).

b) El HTLV-I asociado con la leucemia/ linfoma T del adulto.

c) El herpes virus 8 (HHV-8) o herpes virus asociado al sarcoma de Kaposi, implicado entre las causas que dan lugar al comienzo de los linfomas de cavidades, una entidad asociada al complejo SIDA.
Características personales:

Edad: la incidencia aumenta con la edad, especialmente después de los 40 años.

Sexo: el sexo masculino tiene una afectación mayor que el femenino.

Al ser el LNH un conjunto de procesos, estas características varían de unos tipos a otros.

Los LNH foliculares, son muy raros antes de los 20 años y aparecen sobre todo a partir de los 50 años, sin que exista preferencia por ningún sexo.

Los LNH linfoblásticos aparecen en niños y adultos jóvenes, con un claro predominio en el sexo masculino.

El linfoma de Burkitt se presenta como una forma endémica en África, donde los afectados son niños de 10 años, y como una forma esporádica en países occidentales, en donde afecta a enfermos de más de 10 o 12 años de edad.
Los LNH difusos de células grandes representan, en cuanto a sexo y edad, las características medias de incidencia.

Los linfomas en niños cambian de los diagnosticados en los adultos por la rareza de los linfomas foliculares y del LNH linfocítico de célula pequeña. Casi todos los LNH pediátricos tienen un alto grado de malignidad: linfoblástico, indiferenciados, linfoma de Burkitt y LNH de células grandes.

Inmunodeficiencia: la presencia de un déficit inmunitario aumenta considerablemente la incidencia de los LNH. Cuando este déficit es primario, existe la posibilidad de padecer un linfoma 10.000 veces superior a la de la población normal.

Determinadas enfermedades o síndromes como el síndrome de Wiskott-Aldrich o el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), están relacionadas con la aparición de estos linfomas.

La supresión inmune intencional, como la que se realiza en los enfermos trasplantados para evitar el rechazo, conlleva un riesgo en el desarrollo de ciertos tipos de linfomas no Hodgkin.

En otros procesos que tienen una base inmune, como el lupus eritematoso, la poliartritis reumatoide, la sarcoidosis y la enfermedad celíaca, también se ha observado una relación.

Medio ambiente: el medio ambiente, en cuanto a la influencia de radiaciones o materiales tóxicos, no parece tener un papel importante. Aunque sí parece que existe una relación entre algunos factores medioambientales y la transmisión de la enfermedad, sobre todo para algunas formas como el linfoma de Burkitt asociado al EBV, endémica en África y Nueva Guinea, y para la leucemia/ linfoma T en la zona meridional de Japón.

SÍNTOMAS

Los síntomas que producen este tipo de tumores varían según sea su localización y el tipo de linfoma.

Síntomas ganglionares
En los linfomas no Hodgkin que afectan a ganglios linfáticos cercanos a la superficie del cuerpo (cuello, ingle o axilas) se pueden observar o palpar fácilmente un bulto o masa. Suelen ser detectados por el propio paciente, por un miembro de la familia o por un profesional médico.

Los linfomas linfoblásticos, que inciden en niños y jóvenes, se presentan con una masa en el mediastino, espacio de la cavidad torácica, de rápida progresión y que puede producir un síndrome de la cava superior o una obstrucción traqueal.

El síndrome de la cava superior consiste en que el linfoma comprime esta vena y eso produce inflamación de la cabeza y de los brazos. Esto puede afectar al cerebro y poner en peligro la vida, por lo que hay que actuar con urgencia.

El linfoma de Burkitt, en su forma endémica, se da en niños de unos 7 años. Sus síntomas son tumores que afectan a la mandíbula, las vísceras abdominales y, aisladamente a la piel, a las mamas, al testículo o a los huesos largos. Aquellos tumores que se sitúan en la parte posterior al abdomen, pueden causar paraplejía.

La forma esporádica del linfoma de Burkitt se presenta como una masa abdominal importante. Puede producir obstrucción o una perforación intestinal, en ocasiones puede afectar a los ovarios, al riñón, al retroperitoneo o a los ganglios periféricos o infiltrando la médula ósea.

Síntomas extraganglionares
Los linfomas que presentan síntomas en otras zonas del cuerpo representan un 25% del total. La mitad de ellos se sitúa en el tracto gastrointestinal.

El índice de supervivencia a los cinco años es bueno, mejor en las formas localizadas, y oscila entre un 70% para los linfomas del tiroides, y un 25% para los del testículo.

Entre otros, se describen a continuación los síntomas de los linfomas extraganglionares más frecuentes:

El linfoma gástrico: es el más frecuente dentro de los linfomas extraganglionares. Suele presentarse como un tumor localizado. Los síntomas son parecidos a las enfermedades gástricas: pérdida de peso con dolor de estómago, anorexia, náuseas, vómitos y hemorragia gastrointestinal. El índice de supervivencia a cinco años es del 95% en los estadios iniciales. La extensión de la lesión a un tamaño mayor de 5 cm. y la penetración a órganos adyacentes son datos de mal pronóstico.

El linfoma intestinal: produce dolor y una masa abdominal, pérdida de peso u obstrucción intestinal. La supervivencia a los dos años es del 35% al 40%. Las posibilidades de operación son más reducidas que las del linfoma gástrico.
Linfoma del anillo de Waldeyer: es la localización más frecuente después de las formas gastrointestinales y representa un tercio de los casos. Produce una masa amigdalar, con ganglios cervicales que producen dificultad para tragar. En el 10% de los casos existe además una afectación gástrica.

Linfoma del tiroides: estos enfermos presentan una masa en el cuello no dolorosa, que puede provocar dificultad para tragar, ronquera, estridor o un síndrome de la vena cava.

Linfoma óseo: también es frecuente, con una incidencia del 5%. Se presenta dolor local, a veces, edemas, afectación de partes blandas y una masa que es perceptible. Los huesos que suelen estar más afectados son los largos, seguidos de la mandíbula, el maxilar y la pelvis. La supervivencia a los 10 años es del 60%.

Linfomas del sistema nervioso central: se presentan, al igual que los tumores cerebrales, con alteraciones mentales, aumento de la presión intracraneal, cefaleas, parálisis de nervios craneales, ataxia o convulsiones. Son procesos de muy mal pronóstico y sólo de un 15% a un 30% viven a los dos años.

DIAGNÓSTICO

El diagnóstico del tipo concreto de linfoma va a ser fundamental para orientar el tratamiento adecuado. Se deben de realizar una serie de procedimientos:

Historia clínica: debe ser detallada y recoger todos los síntomas que presente el paciente. Éstos pueden sugerir la extensión de la enfermedad, y si indican esto se deberá iniciar un tratamiento agresivo.

Examen físico: con éste se pueden detectar adenopatías, ganglios inflamados. La inspección del anillo de Waldeyer, con biopsia de cualquier lesión sospechosa, descubre su afectación en el 25% de los casos y obliga a estudiar el tracto gastrointestinal. La palpación abdominal puede revelar la existencia de grandes masas.

Análisis de sangre: la analítica de sangre puede detectar algunas alteraciones como una hipogammaglobulinemia en el 18% de los casos y una hipergammaglobulinemia de carácter monoclonal en el 2 al 5% de los casos.
Radiografía de tórax: puede mostrar una afectación del mediastino, una infiltración parenquimatosa o un derrame pleural.

Tomografía computerizada pulmonar: con ella se pueden observar adenopatías mediastínicas de pequeño tamaño que no son visibles en la radiografía.

También se utiliza para evaluar la extensión abdominal. Ésta ha supuesto un avance muy notable, desplazando a la radiografía convencional y la linfografía y reduciendo la indicación de laparotomía.

La tomografía por emisión de positrones: permite obtener imágenes que proporcionan una información funcional y bioquímica. Su principal utilidad es en la valoración de existencia de enfermedad activa postratamiento, diagnóstico precoz de recidiva y control a largo plazo de las masas residuales.

La ecografía y la linfografía: se utilizan para comprobar la afectación abdominal de los ganglios y de otros órganos como son el páncreas, riñón, intestino, etc.
Biopsia medular: se emplea para diagnosticar una invasión medular.

Laparoscopia y biopsia hepática: el análisis de una muestra hepática tomada a través de una laparoscopia, ofrece una gran fiabilidad sobre la afectación hepática.

El tránsito gastrointestinal: consiste en observar la situación del tubo digestivo a través de un estudio radiológico y endoscópico.

Punción lumbar: se realiza para obtener una muestra de líquido cefalorraquídeo para valorar una afectación del sistema nervioso central.

La gammagrafía: se inyectan en la vena sustancias radiactivas con las que se visualizan, a través de un aparato, distintas zonas del organismo. Es muy útil como estudio de referencia y valoración del pronóstico en los estadios I y II supradiafragmáticos con masas mediastínicas.

TRATAMIENTO

Este tipo de linfomas son los más difíciles de curar y los pacientes que más recaídas sufren. Por este motivo todavía se está investigando en fármacos que sean más eficaces.

Cada linfoma, según sea su grado de malignidad, se trata de una manera distinta. Habrá que evaluar el estado general del paciente y aplicarle el tratamiento que pueda mejorar su calidad de vida, en los casos que no pueda pretenderse una curación total.

Linfomas de bajo grado de malignidad- etapas I y II
La mayoría de los linfomas de bajo grado responden bien a la terapia inicial, pero casi todos recaen en un plazo más o menos breve.

La radioterapia externa es el principal tratamiento para los linfomas indolentes en etapas tempranas. Si el cáncer no responde a la radiación o recurre después de una remisión, el tratamiento siguiente dependerá del tipo de recaída.

Si el linfoma, después de haber sido tratado, vuelve a aparecer y sigue siendo indolente, se tratará con quimioterapia o radioterapia más quimioterapia. Para éste existen varios tipos de tratamientos, éstos incluyen un agente alquilante (clorambucil o ciclofosfamida), un agente alquilante más prednisona o análogos de nucleósidos de purina (fludarabina, pentostatina).

De un 15% a un 30% de los pacientes con linfomas indolentes se transforman éstos en linfomas agresivos. Cuando ocurre esto, el cáncer crece muy rápido y produce síntomas que pueden poner en peligro la vida. En este caso, se recomienda la utilización de una combinación de medicamentos.

Si la combinación de medicamentos no resulta eficaz, se puede utilizar quimioterapia a altas dosis seguida por un trasplante de células madre.

Aproximadamente un 70% de los pacientes con este tipo de linfoma, en etapas I y II, están vivos y libres de cáncer 10 años después del diagnóstico.
Linfomas de bajo grado de malignidad- etapas III y IV
Se utilizan diversos tratamientos para estos pacientes porque todavía no se ha encontrado ninguno realmente eficaz.

Estos linfomas tienen un ritmo de crecimiento muy lento y los pacientes pueden vivir mucho tiempo y sin síntomas.

Estos linfomas raramente se curan con la quimioterapia y la radioterapia, que son más eficaces para destruir células de crecimiento rápido.

Los tratamientos son similares a los que se emplean para el linfoma no Hodgkin indolente en las etapas I y II que no ha respondido a la radiación.

Aunque estudios recientes han demostrado que el tratamiento es más eficaz si se inicia inmediatamente después de haberse diagnosticado el linfoma, algunos médicos junto con el paciente, prefieren retrasar el inicio del tratamiento debido a la lenta evolución de este cáncer. Así el tipo de pacientes para los que el tratamiento se retarda son los de edad avanzada y aquellos que tienen otros problemas de salud graves.

En la actualidad, se está investigando la combinación de dosis altas de quimioterapia seguida de trasplante de células madre.

Linfoma no Hodgkin agresivo de grado intermedio- etapas I y II
La quimioterapia en combinación o quimioterapia y radioterapia conjuntas son las mejores opciones de tratamiento.

La radioterapia se empleará como tratamiento único en aquellos pacientes que por su condición física no toleren la quimioterapia.

La quimioterapia estándar, que se emplea actualmente, está basada en la combinación de varios medicamentos. Si el cáncer no responde a esta terapia o recae, se recomienda utilizar otras combinaciones. Una de éstas es la de etopósido, vincristina, ciclofosfamida y doxorrubicina (EPOCH).

Las tasas de supervivencia a cinco años están en el rango de 60% a 70%.
Linfoma no Hodgkin agresivo- etapas III y IV.

El tratamiento habitual para estos pacientes es una combinación de quimioterápicos. Para aquellos que tengan masas voluminosas, se añade además terapia de radiación, para disminuir el tamaño del tumor.

Se emplean los mismos medicamentos que para las etapas I y II pero a dosis más altas.

Debido a que la médula ósea después de la quimioterapia queda deteriorada, se pueden administrar factores de crecimiento. Con esto se pueden evitar infecciones.

En pacientes de alto riesgo con linfoma no Hodgkin agresivo se ha determinado que el uso de dosis altas de quimioterapia y trasplante de médula ósea, o de células madre, aumenta la tasa de supervivencia de cinco años a 53%.
Los pacientes que recaen después del trasplante tienen como tratamiento la quimioterapia experimental y/o otras estrategias nuevas.

La tasa de supervivencia a cinco años para estas etapas varían de 50% a 65%.

Linfoma no Hodgkin altamente agresivo
Un tratamiento intensivo de quimioterapia, similar al que se utiliza para la leucemia linfoblástica aguda, ha mejorado de manera importante el pronóstico para pacientes con linfoma de Burkitt, linfoma parecido al de Burkitt y linfoma linfoblástico.

Debido a que estos linfomas tienden a extenderse al cerebro y a la médula espinal, con frecuencia se realiza tratamiento preventivo del sistema nervioso central con quimioterapia en el líquido cefalorraquídeo.

Las tasas de supervivencia a los cinco años, para estos linfomas y con estos tratamientos, oscilan entre el 70% y el 80%. Aunque hay que tener presente que estas cifras no son válidas para determinados pacientes que tienen ciertos factores pronósticos desfavorables.

El pronóstico para pacientes con leucemia/ linfoma de células T es pobre. Este linfoma está asociado con la infección por HTLV- 1 (un virus) parecido al virus del sida y debido a esto, se ha estudiado el tratamiento de este tipo de cáncer administrando algunos de los medicamentos antivirales que se utilizan en la infección por el VIH, y parece que los resultados son buenos.

Linfoma no Hodgkin extraganglionar
La cirugía se emplea en ocasiones como único tratamiento en aquellos linfomas de órganos internos que permanecen localizados en el sitio donde se originaron, como por ejemplo la glándula tiroides o el estómago.

Cuando el linfoma se ha extendido más allá del órgano donde se inició, la radioterapia y/ o la quimioterapia son opciones efectivas.

Para cada tipo de estos linfomas se empleará un tratamiento específico. Dos ejemplos de estos tratamientos son:

Linfoma gástrico: algunos linfomas del estómago son causados por la infección con Helicobacter pylori. El tratamiento de la infección con antibióticos puede disminuir el tamaño del linfoma e incluso hacer que desaparezca. Si se produce recaída, después del tratamiento antibiótico, se empleará la quimioterapia.

Linfoma del sistema nervioso central: se suele emplear la prednisona o la terapia de radiación, pero la recaída dentro del primer o segundo año es frecuente. En estudio se encuentra el tratamiento con metotrexato o arabinósido de citosina. El pronóstico se ve afectado por la condición general del paciente y por la severidad del problema subyacente del sistema inmunológico que presentan este tipo de pacientes.


LEUCEMIAS AGUDAS

¿QUÉ SON LAS LEUCEMIAS?

La leucemia aguda consiste en el crecimiento descontrolado de células hematopoyéticas o células madre (formadoras de sangre), incapaces de madurar adecuadamente, que llegan a invadir la mayor parte o la totalidad de la médula ósea, tras lo cual alcanzan la sangre periférica y, a veces, se producen focos extrahemáticos, en uno o varios órganos del cuerpo, que se comportan como tumores.


Ser ía como si la luz de los semáforos no llegase a diferenciarse en tres colores, y emitiesen luz blanca. Esto provocaría muchos problemas, atascos, choques, atropellos, etc. Cuando se produce una leucemia, las células madre (luz blanca) no llegan a madurar completamente en glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas (luz roja, naranja y verde) con lo que se producen graves trastornos, incluso puede llevar a la muerte.

TIPOS DE LEUCEMIAS

Si el proceso de crecimiento descontrolado se realiza de forma muy rápida, de tal forma que se desarrollen extraordinariamente el número de células inmaduras, se denominará leucemia aguda. Si el proceso es más lento, dando lugar a la maduración de estas células, aunque no son células normales sino cancerosas, se denominará leucemia crónica.

Hay otras clasificaciones: así tenemos la clasificación tradicional, según sea la naturaleza de la célula afectada, que diferencia la leucemia linfoide y la leucemia mieloide.

En la leucemia linfoide las células, que normalmente se transforman en linfocitos, se hacen cancerosas y rápidamente reemplazan a las células normales que se encuentran en la médula ósea.

En la leucemia mieloide, los granulocitos no se desarrollan sino que, al igual que en la linfoide, se convierten en células cancerosas que invaden la médula ósea.

La clasificación FAB (franco-alemana-británica) las diferencia según la morfología celular. Así hay tres grupos de leucemias linfoides, del L1 al L3, y siete grupos de leucemias mieloides, del M1 al M7.

Las dos clasificaciones son válidas pero se tiene que conocer esta última ya que distingue claramente entidades clínicas diferentes, se facilita la comunicación entre centros de diversas localidades y se aplica el tratamiento que será específico a la leucemia que tenga cada paciente.

 

COMPOSICIÓN DE LA SANGRE

La médula ósea, que está en el interior de los huesos, está compuesta por células hematopoyéticas, por células grasas y por tejidos de sostén.

Las células madre hematopoyéticas se reproducen continuamente para formar nuevas células. Algunas de éstas, serán a su vez nuevas células madre y otras, al madurar, se transformarán en glóbulos rojos, glóbulos blancos y en plaquetas.

Los glóbulos rojos, eritrocitos o hematíes se encargan, a través de un componente llamado hemoglobina, de transportar el oxígeno de los pulmones a los tejidos y el monóxido de carbono en sentido contrario. Los hematíes se producen en la médula ósea a razón de unos dos millones por segundo. Si éstos disminuyen, se producirá una anemia y no llegará la suficiente cantidad de oxígeno a los tejidos.

Las plaquetas son fragmentos de células de la médula ósea que circulan por la sangre y cuya función principal se encuentra en el mecanismo de la coagulación. Si no hay suficiente cantidad de plaquetas, al dañarse o producirse un traumatismo en los vasos sanguíneos, se pueden dar hemorragias debido a que no hay ningún elemento que tapone la herida del vaso.

Los glóbulos blancos o leucocitos participan en la defensa del organismo frente a cualquier microorganismo dañino, también actúan destruyendo las células cancerosas.

Los glóbulos blancos están formados por tres tipos de células denominadas linfocitos, monocitos y granulocitos.

La célula inmadura de los granulocitos se llama mieloblasto (de éste viene el nombre de leucemia mieloide). Una vez madurados, se diferencian en tres tipos de células llamadas neutrófilos, eosinófilos y basófilos, éstos se distinguen por el tamaño y por el color de sus gránulos. Estos gránulos contienen enzimas y otras sustancias que son las que contrarrestan la acción de los elementos químicos que producen los microorganismos invasores.

Los monocitos protegen al organismo de las bacterias. Al igual que los granulocitos, sufren un proceso de maduración, en su inicio se denominan monoblastos. Circulan por la sangre durante 24 horas, tras lo cual pasan a los tejidos donde se convierten en macrófagos, gracias a esto destruyen a los gérmenes.

El tejido linfático se encuentra en distintas zonas del cuerpo como son los ganglios linfáticos, el bazo, el timo, las amígdalas, las adenoides y la médula ósea. Este tejido está formado por diferentes tipos de células, la principal se denomina linfocito y, entre otras funciones, se encargan de la defensa del cuerpo humano. Hay dos tipos de linfocitos, linfocitos B y linfocitos T.

Los linfocitos B reconocen las bacterias y se unen a ellas. Los granulocitos y los monocitos únicamente pueden reconocer y destruir a las bacterias cuando los linfocitos están unidos a éstas.

Los linfocitos T reconocen a las células infectadas por los virus y las destruyen con ayuda de los macrófagos.

ESTADÍSTICAS

La leucemia aguda suele darse en 3-6 pacientes por cada 100.000 habitantes / año.

La leucemia aguda linfoide es más frecuente en niños, siendo el tumor más frecuente en la infancia, constituye aproximadamente el 25 por ciento de todos los cánceres en niños menores de 15 años. La mieloide afecta más a los adultos, con una incidencia creciente.

El pronóstico de supervivencia es peor a medida que aumenta la edad, es pobre a partir de los 60 años y también es desfavorable cuando el diagnóstico de leucemia aguda infantil (especialmente la linfocítica) se da en niños menores de 1 a 2 años y en los mayores de 15 años.

Los niños con niveles de glóbulos blancos superiores a 20.000 por ml al diagnosticarse la leucemia aguda linfocítica, tienen peor respuesta al tratamiento estándar.

Si existe afectación del SNC o del testículo, también se considera un signo de peor pronóstico.

En la leucemia mieloide aguda en niños, un nivel de glóbulos blancos superior a 100.000 por ml da lugar a una peor respuesta en el tratamiento estándar. También se considera peor pronóstico cuando se trata de una LMA secundaria a un síndrome mielodisplásico o cuando tiene factores citogenéticos como monosomía 7, 5 u otros.

El curso de la enfermedad tiene mejor pronóstico en la mujeres que en los hombres.

CAUSAS

Las causas, hasta el momento, son desconocidas para la mayoría de las leucemias. A pesar de esto, se conoce una correlación entre el virus de Epstein Barr y una forma de leucemia aguda linfoide, o entre las radiaciones ionizantes y esta enfermedad.

No se conoce tampoco porqué el mecanismo de producción de las células habituales de la sangre cambia a una producción de células leucémicas. Lo que se sabe es que se produce una alteración celular a nivel del ADN que hace que se produzca ese cambio.

Se sabe que a medida que aumenta el espacio que ocupa el tumor en la médula, el desarrollo de las células madre y su producción disminuyen. Esto hace que se produzca anemia (por falta de glóbulos rojos), escasez de glóbulos blancos y de plaquetas.

Las células leucémicas pueden producir alteraciones en el organismo por su número, por su localización "metastásica" o por sustancias liberadas por secreción o por rotura de las mismas.

Los factores de riesgo por tanto, serían menos evidentes que en otros tipos de cánceres. A pesar de ello, hay que tenerlos en cuenta.

El factor de riesgo más demostrado es el tabaco. Se estima que un 20% de los casos de leucemia mieloide aguda son causados por el hábito de fumar. Las sustancias cancerígenas presentes en el humo del tabaco son absorbidas por los pulmones y pasan luego al torrente sanguíneo y, a través de éste, a muchas otras partes del cuerpo.

Se conoce también que algunos tratamientos para ciertos tipos de cáncer, pueden hacer al paciente más propenso a desarrollar una leucemia mieloide aguda. Estos tratamientos serían altas dosis de quimioterapia combinada con la radioterapia.

Se ha observado que hay una alta frecuencia de leucemia aguda linfoide en niños que presentan determinados trastornos genéticos como el síndrome de Down, la anemia de Fanconi, el síndrome de Bloom y mutaciones en el gen p53. son más propensas a padecer leucemia. También tienen mayor riesgo los hermanos de niños afectados con LLA y sus gemelos monocigóticos.

Están realizándose varios estudios para comprobar la relación entre leucemias y la exposición a campos electromagnéticos. Puede ser que éstos sean un factor de riesgo.

El haber sufrido un síndrome mielodisplásico (condición preleucémica) produce una serie de defectos en la formación de los glóbulos que, pasados los años, puede evolucionar a una leucemia mieloide aguda. Los pacientes que desarrollen esta leucemia tendrán un peor pronóstico.

SÍNTOMAS Y ALTERACIONES ANALÍTICAS

Los síntomas suelen darse en pocas semanas y los más frecuentes son:

- Anemia que produce palidez, cansancio, insuficiencia respiratoria y taquicardia. También puede darse una pérdida de apetito y de peso. Se produce por la invasión tumoral de la médula ósea.

- A veces aparecen hemorragias producidas por la disminución de las plaquetas. Son graves cuando el número de plaquetas es inferior a 10.000 por ml y no se producirán si la disminución no es muy intensa (50.000 por ml). La hemorragia cerebral puede ser una complicación en estos casos. Aunque puede aparecer en cualquier tipo de leucemias, es más frecuente en una forma de leucemia, la LAM(M3).

Puede que no se llegue a producir una gran hemorragia y que la falta de plaquetas únicamente produzca hematomas, sangrado de encías o hemorragias nasales leves.

- En la leucemia linfocítica aguda o en la mieloide aguda los glóbulos blancos estarán aumentados en número, la mayoría de éstos serán blastos, es decir, un tipo de célula que se encuentra normalmente en la médula ósea y no en sangre periférica, y que es inmadura. Estas células inmaduras no funcionan normalmente y no cumplen las funciones de defensa del organismo.

- Infecciones: es un riesgo en estos pacientes. Se manifiesta con fiebre. Se producen debido a la inmunodeficiencia, el no poseer suficientes glóbulos blancos normales (leucopenia) o granulocitos en particular (neutropenia o granulocitopenia). Es decir, por no tener suficiente número de glóbulos blancos maduros.

- En algunas ocasiones, las sustancias liberadas por los blastos (o glóbulos blancos inmaduros), sustancias químicas o enzimas, pueden producir alteraciones metabólicas, como hipopotasemia, hipocalcemia o hipercalcemia. Estas alteraciones deben ser corregidas de forma rápida ya que pueden ser muy peligrosas. Una vez controlada la proliferación leucémica, revierten totalmente.

Manifestaciones clínicas en la propagación

Cuando las células leucémicas se propagan a otros órganos se pueden producir los siguientes síntomas:

Los síntomas de la leucemia del sistema nervioso central incluyen dolor de cabeza, debilidad, vómitos, convulsiones, visión borrosa y pérdida de equilibrio.

Cuando el hígado o el bazo están afectados se suelen inflamar. Esta inflamación la detectará el médico con una exploración física.

Los ganglios linfáticos afectados también suelen inflamarse y esto puede notarlo el propio paciente cuando son los más superficiales, como los de las axilas, cuello, etc. Los que estén más profundos, se visualizarán a través de alguna prueba diagnóstica.

El timo suele verse afectado en la leucemia linfocítica aguda de células T. Cuando ocurre, se inflama y produce tos e insuficiencia respiratoria. Cuando las células leucémicas crecen en esta zona, pueden afectar a la vena cava superior y comprimirla. Esto provocará una inflamación de la cabeza y de los brazos. Este síndrome puede afectar al cerebro y comprometer la vida.

DIAGNÓSTICO

Para el diagnóstico se tienen en cuenta los signos y síntomas que presenta el paciente, pero serán necesarios una serie de análisis que detecten la presencia de las células anormales.

Se determinarán los niveles de glóbulos rojos, blancos y plaquetas en un análisis de sangre. Generalmente los glóbulos blancos pueden estar disminuidos, aunque su número también puede ser normal o elevado. Lo que será determinante será que, al examinarlos al microscopio, se observarán glóbulos blancos muy inmaduros, blastos, que normalmente no están presentes en la sangre circulante. Los glóbulos rojos y las plaquetas habrán disminuido en número.

Para confirmar el diagnóstico se tomará una muestra de médula ósea, a través de una aspiración, y se analizarán las células presentes en ella.

Otra prueba que puede realizarse en caso de haber alguna duda, es la punción lumbar con la que se extrae líquido cefalorraquídeo y se comprueba la presencia en éste de células leucémicas.

Todas estas muestras sirven para analizar al microscopio todas las células, la cantidad y la forma. Para un diagnóstico de leucemia se requiere detectar al menos un 30% de blastos o células inmaduras en la médula o en sangre periférica.

Otro tipo de pruebas como la citogenética y los estudios genéticos moleculares, sirven para diagnosticar algunos tipos de leucemias específicos, que será importante conocer para determinar el pronóstico del paciente.

Algunas leucemias tienen un número anormal de cromosomas, por ejemplo, las células de la leucemia linfocítica aguda con más de 50 cromosomas son más sensibles a la quimioterapia, y aquellas que contienen menos de 46 cromosomas son más resistentes a la quimioterapia.

Las pruebas del ADN pueden encontrar alteraciones en algunas partes de los cromosomas demasiado pequeñas como para verlas con la prueba citogenética en el microscopio. Esta prueba será útil para clasificar la leucemia y predecir también así la respuesta al tratamiento.

Los estudios